¿Qué ha pasado con la aspirina? De su caída como analgésico a prevenir enfermedades

Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez LA VOZ DE LA SALUD

EL BOTIQUÍN

La aspirina tiene un mecanismo de acción muy parecido al de otros antiinflamatorios como el ibuprofeno.
La aspirina tiene un mecanismo de acción muy parecido al de otros antiinflamatorios como el ibuprofeno. La Voz de la Salud

A pesar de ser uno de los fármacos más antiguos y populares, su presencia en nuestro botiquín ha ido disminuyendo con el tiempo, aunque a día de hoy se siguen investigando los efectos que pueda tener su consumo en nuestro organismo

24 ene 2022 . Actualizado a las 17:18 h.

El ácido acetilsalicílico, más conocido popularmente como aspirina, es uno de los fármacos más antiguos de nuestro botiquín. Se patentó en 1899 y fue el primero de los antiinflamatorios no esteroideos (AINE), unos medicamentos que además de tratar inflamaciones, se emplean para calmar el dolor y bajar la fiebre. «A pesar de ser químico, su procedencia es natural. Se llama así porque deriva de la spiraea ulmaria. Posteriormente se modificó su estructura al ácido acetilsalicílico y Bayer empezó a comercializarlo como aspirina», explica Iván Espada, Responsable del Área de Información del Medicamento del Consejo General del Colegio de Farmacéuticos. 

Se trata de un medicamento que actúa impidiendo la formación de prostaglandinas en el organismo, unas sustancias similares a las hormonas que elabora nuestro cuerpo en respuesta a ciertas enfermedades o lesiones, provocando dolor e inflamación: «La aspirina tiene un mecanismo de acción muy parecido al de otros antiinflamatorios como el ibuprofeno, y lo que hace es inhibir las vías de nuestro organismo». De esta forma, el ácido acetilsalicílico tiene propiedades analgésicas, antipiréticas y antiinflamatorias. En realidad, funciona de forma similar a otros AINE, como los fármacos compuestos por naproxeno o ibuprofeno (más conocidos por marcas comerciales como Antalgin o Espidifen, respectivamente). Su principal diferencia con estos últimos es que tiene mayor capacidad para bajar la fiebre y menos como antiinflamatorio. 

Entonces, ¿cuándo podríamos tomar una aspirina? El farmacéutico señala que en el momento que se curse cualquiera de estos síntomas, ya que está indicado para el alivio sintomático de dolores leves o moderados como dentales, menstruales, musculares, de espalda, de cabeza o estados febriles. Se vende sin receta y la dosis recomendada para un adulto son 500 miligramos cada seis u ocho horas, ya sea en comprimido u otro tipo de presentación. No se recomienda, por regla general, una dosis superior a tres gramos diarios. 

Relegada como analgésico 

No obstante, en los últimos años la aspirina ha ido perdiendo protagonismo en el campo de los analgésicos. La razón es simple: «Existen otros tratamientos en el mercado que son más potentes que el ácido acetilsalicílico y suelen tener menos reacciones adversas». Entre los efectos secundarios frecuentes de la aspirina, es decir, aquellos observados entre una y diez de cada cien personas, nos encontramos con trastornos gastrointestinales, respiratorios, erupciones cutáneas y alteraciones de la coagulación cuando se administra en dosis altas. No obstante, el farmacéutico aclara que no es algo exclusivo de este medicamento y que «todos los medicamentos las tienen». 

Hasta hace relativamente poco, su uso en niños era frecuente. Pero en el año 2003 la aspirina fue retirada del mercado español. «Se observó que en determinadas infecciones víricas en niños el empleo de ácido acetilsalicílico se asociaba con una reacción adversa muy rara, pero grave, llamada síndrome de Reye, que provoca inflamaciones en el hígado y en el cerebro», indica Espada. «Es un efecto adverso raro, pero se han dado casos en niños con enfermedades virales, varicela o procesos febriles, que en tratamiento con aspirina desarrollaron esta patología», añade. El especialista recuerda cómo después de utilizarla durante años -de hecho existía una presentación concreta para niños-, el comité de Evaluación de Medicamentos de la EMA (Agencia Europea de Medicamentos) decidió que el balance entre los beneficios y los riesgos era negativo. «Fundamentalmente porque tenemos otros fármacos con una experiencia práctica enorme como es el paracetamol que va muy bien también para la fiebre y que no tiene este problema como el ácido acetilsalicílico», precisa. De esta forma, en los propios prospectos de la aspirina se indica que no se administre a menores de 16 años.  

Según el prospecto disponible en la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios, la aspirina también está contraindicada para personas que padecen asma, sufren trastornos intestinales como úlceras o molestias gástricas de repetición, y para las embarazadas. El consumo de este medicamento durante el primer y segundo trimestre puede ser peligroso para el feto y siempre debe ser vigilado por un médico.Y tampoco se puede ingerir durante el tercer trimestre, porque puede prolongar el parto y contribuir al sangrado de la madre o del bebé.

«Es un medicamento que en muchas ocasiones se ha banalizado su empleo y hay que tomar precauciones con él como con cualquier otro», asegura Espada. Se debe tomar cuando sea necesario y siempre bajo la recomendación de un profesional sanitario: un médico en el caso de medicamentos con receta o un farmacéutico en el caso de que no sea necesaria. 

En auge por su efecto anticoagulante

Pero llegó la reinvención y se descubrió su efecto como antiagregante plaquetario, bastante conocido a día de hoy. ¿En qué consiste? De manera resumida, la aspirina actúa impidiendo la agregación de plaquetas, unas células sanguíneas que actúan en el proceso de coagulación de la sangre, reduciendo la probabilidad de que se formen trombos. 

La claves de este nuevo uso son su baja concentración, junto con su periodicidad, ya que se toma a diario. «Las dosis de ácido acetilsalicílico para este fin son mucho más pequeñas, normalmente 100 miligramos diarios, y se recetan durante un tiempo prolongado, a veces incluso combinándolo con otros medicamentos coagulantes como puede ser el Sintrom», comenta Espada. Añade que en un principio se recetaban cantidades más altas, «ya que hay versiones de 100 y de 300 miligramos», pero que posteriormente se descubrió que «las dosis pequeñas eran más efectivas y creaban menos reacciones adversas». 

Los antiagregantes plaquetarios están indicados para personas que se encuentren en riesgo de padecer trombos, ictus, infartos, anginas de pecho o cirugías coronarias. Ya sea porque padecieron un episodio de estas características con anterioridad o porque existen probabilidades de así sea: «Normalmente se suele utilizar como preventivo tras un problema, no en personas sanas que requieren un tratamiento de este tipo por una problemática concreta como, por ejemplo, la inmovilización por una fractura en una pierna». Aunque conocemos popularmente al ácido acetilsalicílico con su nombre comercial de Asprina, la marca más conocida como antiagregante plaquetario es el Adiro -si bien existen muchas más en el mercado-. 

Resulta importante recalcar que este tipo de tratamiento siempre debe estar recetado por un especialista, y en el caso de que se trate de un medicamento combinado con otros coagulantes, que el paciente sea controlado por su médico. El responsable del Área de Información del Medicamento del Consejo General del Colegio de Farmacéuticos remarca que «no se debe abandonar el ácido acetilsalicílico sin la recomendación de un doctor porque se trata de un tratamiento a largo plazo y no deben modificarse las dosis que se hayan pautado ni interrumpir el tratamiento sin que él lo indique». 

¿Puede ayudarnos una aspirina cuando sufrimos un infarto? Es una pregunta frecuente. «Si tienes síntomas de infarto o de problemas cardíacos, la recomendación inicial es acudir a urgencias hospitalarias y que allí nos pongan lo que sea necesario», afirma Espada. El tiempo es un factor clave de supervivencia en este tipo de patologías. Entre las señales de alarmas más frecuentes están el dolor o presión en la zona del pecho o en los brazos, que puede propagarse por el cuello, la mandíbula o la espalda. Además de la falta de aire, sudores fríos, náuseas y mareos. Lo mismo ocurre si se padece un ictus: «En el momento que una persona tiene cualquier problema de parálisis, parte de la cara se le ha quedado inmovilizada, o tiene problemas para hablar y expresarse, se necesita atención médica urgente». En caso de tomar una aspirina en casa, así como la ingesta habitual de cualquier otro tipo de medicamento, es importante indicárselo a los servicios de urgencias para evitar sobremedicación. 

¿Tiene efecto preventivo contra el cáncer?

A pesar de la antigüedad de este medicamento, se siguen investigando los efectos que pueda tener en nuestro organismo. Un claro ejemplo de cómo funciona la medicina, y lo importante que resulta su continua investigación. Así, existen varias publicaciones que atribuyen efectos preventivos contra el cáncer al ácido acetilsalicílico. Un estudio publicado por JAMA Oncology apunta que tomar aspirina disminuye el riesgo de padecer cáncer colorrectal. Sin embargo, hay que optar por la prudencia. Un posterior ensayo clínico aleatorio en el que participaron alrededor de 19.000 ancianos, llamado ASPREE, sostiene que este tipo de tratamiento de una aspirina al día en bajas dosis (100 miligramos) puede no resultar tan beneficiosa para adultos mayores «sanos». Es decir, aquellos que no padecen una enfermedad cardiovascular, demencia o una discapacidad física significativa. «Se necesita mucha más investigación, ni podemos decir que el ácido acetilsalicílico sea ineficaz contra una enfermedad ni podemos decir lo contrario», expresa Espada. 

El farmacéutico considera que «hasta que no se llegue a una fase tres de un ensayo clínico es muy difícil poder establecer si el ácido acetilsalicílico es útil en la prevención de algunos tipos de cáncer, como se menciona en varios estudios», y añade que «quizás no es el propio ácido acetilsalicílico si no que se tiene que modificar su estructura para sacar un nuevo fármaco con el que se potencie el posible efecto antitumoral que pudiera tener». Relaciona esta nueva vía con el estudio de su función anticoagulante, que se demostró años después, «por lo que no es descartable que dentro de un tiempo también pudiera demostrarse su uso en la prevención de determinados tumores, pero a día de hoy creo que es prematuro». 

Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez Lorenzo

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.