Colocan dos «stents» a Pedro Puy: así funciona el pequeño dispositivo que salva vidas

Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez LA VOZ DE LA SALUD

EL BOTIQUÍN

El stent es dispositivo metálico con forma de malla.
El stent es dispositivo metálico con forma de malla. La Voz de la Salud

Te explicamos en qué consiste, cómo se implanta y qué diferentes tipos existen

14 may 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Cada día en España se ponen alrededor de 270 pequeños dispositivos, con forma de muelle, que consiguen que la sangre de ese paciente siga fluyendo, según datos de la Fundación Española del Corazón. Así podríamos resumir la importancia de los stents. «Es una prótesis que se pone dentro de una arteria coronaria que está muy estrecha en una zona para permitir que la sangre circule y pueda irrigar un trozo del corazón al que no le llega sangre suficiente», explica el doctor José Antonio Baz, cardiólogo y jefe de la Unidad de Hemodinámica del Hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo.

Las razones por las que se implanta este dispositivo pueden ser diversas. La acumulación de lípidos o grasas y de células inflamatorias en las paredes de las arterias produce estrechamientos en las mismas que impiden que la sangre fluya correctamente. Esto puede causar una angina de pecho, que es un tipo de dolor en el mismo causado por la reducción del flujo de sangre al corazón, o un infarto de miocardio, que existe cuando se lleva a cabo una oclusión, una estrechez muy importante, en una arteria coronaria. Este último fue el que sufrió este miércoles el portavoz parlamentario del PPdeG, Pedro Puy, en la sesión de investidura de Alfonso Rueda. Le han puesto dos stents y está ingresado en la uci, pero su pronóstico es bueno. 

¿Cómo se implanta un «stent»?

Se trata de un proceso de máxima precisión. «Se implanta mediante un procedimiento de cardiología intervencionista. Es decir, un cateterismo carótido. Los cardiólogos intervencionistas llegan a las coronarias a través de catéteres, inyectan contrastes y ven la arteria coronaria que tiene una obstrucción. En este sentido, también hay ciertos datos clínicos que nos permiten saber o suponer que arterias están causando el problema, porque a veces puede haber varias obstrucciones. Con este procedimiento  lo que se intenta es arreglar o restaurar el flujo en esa obstrucción», señala Eduardo Barge, cardiólogo del Hospital Universitario da Coruña (CHUAC) y presidente de la Sociedad Gallega de Cardiología. 

«Para conseguirlo, se utilizan técnicas basadas en catéteres, con los que consiguen pasar una guía, que es una estructura metálica muy fina, a través de la obstrucción. Una vez la atraviesan, a nivel de la obstrucción se pueden llevar a cabo diferentes técnicas para dilatar esa obstrucción. El primer paso, que es el más habitual, es inflar un balón de alta presión que va montado sobre la guía metálica. Gracias al balón se puede aplastar la plaza de aterosclerosis contra la pared de la coronaria. Después, el segundo tiempo habitual (aunque hay muchas variantes) es liberar una malla, que es un stent, que lo que hace es asegurar que la obstrucción no vuelva a formarse», precisa Barge. 

Aunque es posible realizar solo esta dilatación de la arteria con balón (angioplastia) sin llegar a colocar un stent, actualmente se lleva a cabo en un reducido número de casos por el elevado número de pacientes en los que, al poco tiempo, vuelve a cerrarse la vía circulatoria. Además, es una intervención rápida, ya que en la mayor parte de los casos, el paciente recibe el alta a las 24 o 48 horas posteriores al procedimiento. 

«Los stents que se ponían al principio eran de metal, pero lo que se vio es que con el tiempo, a los seis, ocho meses se volvía a cerrar la arteria porque el cuerpo hacía una especie de reacción de cicatriz y se cerraba. Ahora prácticamente todos llevan un medicamento para hacer que eso no suceda. Conseguimos que sigan abiertos al año, aproximadamente, el 95 % de los stents. Varía según el tipo de lesión, pero casi la mayoría, siguen abiertos a medio y largo plazo», apunta Baz. 

¿Dura para siempre?

La repuesta a la pregunta varía según el tipo de stent que se utilice. «Los que no llevan fármaco que son los primeros que se desarrollaron, los que llevan fármaco ahora, que son cada vez más finos, permiten llegar más lejos y también anatomías más complicadas, y luego hay un tipo tercero que se desarrolló hace unos años y luego se paró porque empezó a dar problemas que son los bioabsorbibles», apunta Baz.

Por su parte el doctor Barge cuenta que «la base es un dispositivo metálico, que denominamos stent convencional. Con el tiempo, este tipo evolucionó a un stent que es de base metálica pero que además, tiene un polímero que está para liberar el medicamento. Lo que hace es disminuir la proliferación de las células que están en la pared del vaso. Con eso, tienden a disminuir la reestenosis, es decir, que se vuelva a cerrar la arteria con el tiempo. Ahora los que se utilizan son estos, los stents metálicos recubiertos de fármaco, porque han demostrado mejores resultados que los exclusivamente metálicos». 

Los bioabsorbibles son, tal como el propio nombre indica, absorbidos por el propio organismo. «Están hechos de un material que es biodegradable para el cuerpo y lo que se busca es que esté haciendo su trabajo durante seis meses, un año, dos... y luego el organismo lo vaya absorbiendo hasta que desaparezca», señala Baz. Hasta hace unos años, se utilizaban, pero a largo plazo, se vio que daban problemas. Sin embargo, el doctor precisa que a día de hoy existen fabricantes con nuevos compuestos que parecen que están dando mejores resultados. «Eso quizás sea lo más novedoso que va haber en el futuro: poder poner un stent que hace su trabajo durante seis meses o un año, según el tipo de lesión lo que haga falta, y luego el cuerpo lo hará desaparecer y la arteria puede pasar a ser normal sin necesidad de tratarla», asegura.

Tipos de stent

  • Convencional o de metal.
  • Stent farmacoactivo. Recubierto de fármacos o liberadores de fármaco.
  • Stent farmacoactivo bioabsorbible. Son iguales que los anteriores, pero con el tiempo son capaces de reabsorber parte de su estructura o desaparecer completamente (incluido el metal). En la actualidad, no se suelen implantar por la escasez de buenos resultados. 

El proceso después de la intervención 

«El paciente llega normalmente por dos causas: una es que el paciente esté sufriendo un infarto, que viene con una arteria obstruida, y los que cuentan con una clínica de angina de pecho. Empiezan a tener dolores en el mismo cuando hacen esfuerzo, van al médico de cabecera, al cardiólogo, este le hace pruebas y nos lo envían a nosotros. Una vez que arreglamos eso, el problema de la aterosclerosis y estas estrecheces es que es una enfermedad crónica. Nosotros trabajamos en un momento determinado una zona estrecha pero dentro de un año o dos años puede enfermar otra zona del corazón que era sana en ese momento», alerta el doctor Baz.

Por eso, resulta esencial que el paciente siga con controles por parte del cardiólogo. «Esto no se cura como una neumonía que se mata las bacterias y se acabó, no. Son enfermedades crónicas, muchas asociadas a otros problemas como tener el colesterol muy alto, que si no lo consigues bajar, seguirás mal. Otras van asociadas al envejecimiento y con los años, evidentemente, vas a tener más riesgo», añade. Así, una persona a la que se ha implantado un stent seguirá con un tratamiento de por vida, «con diferente periodicidad, unos cada seis meses, otros cada año, otros cada dos... pero con un seguimiento continuo».

Además, el cardiólogo recalca la importancia de tomar la medicación después de poner el stent: «Más que nada porque al final el stent es un trozo de metal que ponemos dentro de la arteria. Y como cualquier cosa ajena al cuerpo que metemos dentro, puede formarse un coágulo, que es la reacción del cuerpo a sustancias extrañas. Por eso siempre se da una medicación: una aspirina y otra pastilla. Hay que tomarlas según lo que le dedica el médico, pero no dejarlas. Porque a veces, hay gente que dice "no quiero tomar más pastillas" o "las dejo», y acaban teniendo otro infarto», concluye. 

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Cinthya Martínez Lorenzo
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De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.