¿Artritis o artrosis? Así puedes distinguirlas

Laura Inés Miyara
Laura Miyara LA VOZ DE LA SALUD

ENFERMEDADES

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La artrosis es la más frecuente, afectando a unos 7 millones de personas en España

12 ene 2022 . Actualizado a las 18:31 h.

La artritis y la artrosis son enfermedades reumáticas que afectan a las articulaciones. Aunque existe un solapamiento entre ambas, se trata, en realidad, de patologías totalmente distintas. Te explicamos las diferencias entre las dos y cómo detectar cada una de ellas.

La clave para distinguir ambas enfermedades está en sus sufijos: si la raíz compartida «artr» viene de «articulación» en griego, la terminación -itis indica inflamación, mientras que -osis hace referencia a una degeneración o un desgaste. Entonces, queda claro que ambas enfermedades afectan a las articulaciones, pero de formas distintas, aunque los síntomas se puedan llegar a parecer mucho.

La artritis

La artritis es una inflamación de la membrana sinovial, un tejido firme y elástico que recubre el interior de las articulaciones y reduce la fricción entre el cartílago y las otras estructuras que la conforman. Con esta membrana inflamada, se produce un dolor continuo y un enrojecimiento en la articulación, además de otros síntomas que acompañan el cuadro, como la rigidez y la deformación que impide o limita el movimiento.

Existen más de 100 tipos diferentes de artritis que pueden afectarnos en distintos momentos de la vida. La inflamación que la caracteriza «es el síntoma de muchas enfermedades reumatológicas, como la artritis reumatoide, la espondiloartritis, la gota, la condrocalcinosis, el lupus, o el síndrome de Sjögren, entre muchas otras. Es la inflamación de una articulación, que aparece roja, hinchada, caliente y dolorosa. Puede aparecer en personas de todas las edades, desde niños hasta ancianos», explica la doctora Cristina Macía, portavoz de la Sociedad Española de Reumatología y reumatóloga del Hospital Universitario Severo Ochoa de Leganés.

En la artritis, el dolor es constante y no mejora con el reposo. Suele presentarse de forma simétrica, es decir, afecta a la misma articulación a izquierda y derecha del cuerpo. «Una persona puede tener solo una articulación inflamada, o varias a la vez (poliartritis)», dice Macía. El dolor y la rigidez suelen ser más intensos tras permanecer mucho tiempo inactivo, por ejemplo, al levantarnos por la mañana. «La artritis típicamente produce un dolor inflamatorio: mejora con el movimiento y se desencadena con el reposo, generando rigidez de más de 30 minutos de duración», señala Macía. Al dolor articular se pueden sumar otros síntomas como cansancio, fiebre y pérdida de peso. El paciente puede combinar épocas más llevaderas, en las que la patología remite, con otras más duras en las que los síntomas son más intensos.

«La artritis es un cuadro en el que lo que se produce es una inflamación de la articulación, entonces, hay diferentes causas que producen o pueden producir esa inflamación y en función de esas causas hay distintos tipos de artritis», explica el doctor Francisco Javier Blanco García, director de investigación del Instituto de Investigación Biomédica de A Coruña (INIBIC).

Osteoartritis (OA)

La osteoartritis es el tipo de artritis más común. Genera un desgaste y una ruptura del cartílago de la articulación, provocando el roce de los huesos entre sí. Esto ocasiona dolor, hinchazón y rigidez, pero también puede producir la formación de espolones óseos, es decir, huesos adicionales alrededor de la articulación. También puede causar rigidez y debilidad de los músculos y ligamentos alrededor de la articulación. Generalmente suele afectar las manos, las rodillas, las caderas o la columna y se relaciona con el envejecimiento o alguna lesión.

Artritis reumatoide (AR)

Es una enfermedad inflamatoria autoinmune. Esto significa que los propios anticuerpos son los que producen la inflamación y destrucción de los tejidos. Además de causar dolor, inflamación, rigidez y pérdida de funcionalidad de las articulaciones, especialmente en codos y muñecas, también pueden verse afectadas otras partes del cuerpo como los ojos, la boca y los pulmones.

Artritis juvenil

Es un tipo de artritis que afecta a las articulaciones de los niños, especialmente las de las manos, rodillas y pies, provocándoles una dolorosa inflamación que conlleva pérdida de movimiento.

Artritis infecciosa

Es provocada por una infección bacteriana, viral o por hongos que causa dolor intenso, enrojecimiento e hinchazón en las articulaciones, imposibilidad de moverlas, escalofríos y fiebre.

Artritis psoriásica

Este es un tipo de artritis que afecta a pacientes con psoriasis, una enfermedad de la piel que causa manchas rojas y picazón. Esta artritis provoca dolor, rigidez e hinchazón en las articulaciones.

Gota

Es un tipo de artritis provocada por la acumulación de ácido úrico en la sangre. Cuando este ácido no se elimina, se puede acumular en forma de cristales en la membrana sinovial de las articulaciones. Causa hinchazón, enrojecimiento, calor y rigidez, además de dolor.

Diagnóstico

El diagnóstico de la artritis se hace de forma clínica, con la ayuda de análisis de sangre o estudios del líquido que se encuentra en la articulación inflamada. No existen pruebas específicas destinadas a detectar esta enfermedad.

Tratamientos

El tratamiento dependerá del tipo de artritis que se tenga, pero generalmente se prescriben medicamentos antiinflamatorios no esteroides (AINE) como el ibuprofeno o el naproxeno sódico, con el fin de disminuir la hinchazón. En la artritis infecciosa se usan antibióticos, mientras que en la artritis reumatoide y la psoriásica se indican fármacos antirreumáticos como el metotrexato, la leflunomida y la hidroxicloroquina.

También existe una nueva generación de medicamentos antirreumáticos que modifican la respuesta biológica a la enfermedad, como abatacept, adalimumab, o anakinra, entre otros. Estos se pueden combinar con medicamentos antirreumáticos tradicionales para potenciar su eficacia. «Se han desarrollado en los últimos años terapias biológicas que controlan muy bien la enfermedad. Es necesario tomar la medicación de forma crónica, pero la enfermedad queda como dormida, estabilizada», explica Blanco.

Para la artritis reumatoide se utilizan corticoesteroides como la prednisona, que reducen el dolor y la inflamación, y retrasan el daño articular. Estos medicamentos tienen, sin embargo, efectos secundarios importantes, como el afinamiento de los huesos, un aumento de peso o hasta el desarrollo de diabetes.

Prevención

Lamentablemente, a veces es poco lo que se puede hacer para evitar la artritis. «Salvo en el caso de la gota, en la que la prevención modificando el estilo de vida es posible y muy beneficiosa, en las enfermedades reumatológicas autoinmunes sistémicas en las que hay artritis no hay posibilidad de prevención (aunque sí es importante evitar el tabaquismo). Lo que sí se puede hacer, y es crucial, es un diagnóstico precoz para un tratamiento temprano, mejorando de esta forma exponencialmente el pronóstico», aconseja Macía.

«El tema de la artritis es que hay muchos tipos. Entonces, en función del tipo hay unos factores de riesgo u otros. Para la gota, el riesgo está en tener el ácido úrico alto en sangre. En la artritis psoriásica, el factor de riesgo es tener psoriasis en la piel. La artritis reumatoide se asocia a gente fumadora, ese es un factor de riesgo, así como la obesidad, y después hay factores genéticos», detalla Blanco.

En este sentido la prevención de la artritis depende del caso. «En algunos tipos de artritis no hay un único elemento que la cause. En la artritis reumatoide, el tabaco es un factor de riesgo, pero tiene que haber más factores sobre todo genéticos para que se acabe desencadenando. Pero una vez que se tiene artritis, si uno deja de fumar, tiene mejor evolución y, sobre todo, tiene mejor respuesta al tratamiento. Igual que si una persona obesa pierde peso», señala Blanco.

«En la artritis psoriásica, el desencadenante es la psoriasis, que tiene componentes genéticos y no la puedes evitar. Si tratas la psoriasis, tratas la artritis, de hecho el tratamiento es muy parecido. La causa tiene un componente fisiopatológico similar. Las lesiones que aparecen en la piel pueden aparecer también dentro de la articulación, y si eso ocurre, producen artritis», explica el investigador.

Artrosis

«La artrosis aparece a partir de los 40 años, y típicamente produce un dolor mecánico: se desencadena con los movimientos y mejora con el reposo», dice Macía. «Es una enfermedad del cartílago articular, de la "almohadilla" que recubre nuestras articulaciones», explica.

«La artrosis es totalmente diferente a la artritis. Es un proceso de destrucción de la articulación. Sobre todo influyen factores biomecánicos, es decir, el exceso y el abuso de la articulación produce esa destrucción. Por ejemplo, en el caso de los deportistas profesionales, siempre acaban con problemas de artrosis en articulaciones de rodilla, de hombro, de cadera. La obesidad es también otro factor de riesgo», señala Blanco. Se trata de una enfermedad degenerativa que va deteriorando las estructuras con el paso del tiempo «y por algunos factores que gastan o machacan esa almohadilla, como el sobrepeso o utilizar en exceso las articulaciones, por ejemplo, las manos si somos pianistas, las rodillas si somos tenistas, los discos vertebrales si somos reponedores», añade Macía.

El problema de la artrosis, explica Blanco, es que se trata de una enfermedad asociada al envejecimiento. «Eso no lo puedes evitar. Forma parte de nuestra evolución. Por eso la artrosis es mucho más prevalente que la artritis. Porque prácticamente todos a lo largo de la vida tenemos probabilidades de sufrir artrosis en alguna articulación. Es una enfermedad que se asocia al desgaste de la articulación», dice Blanco.

«Hoy, en España, calculamos que hay entre 7 y 9 millones de personas con artrosis. Es la enfermedad reumatológica más frecuente y también es una enfermedad en general de las más prevalentes. El último estudio Episer que hemos hecho desde la Sociedad Española de Reumatología mostraba que casi el 30 % de la población española por encima de 40 años tiene artrosis en alguna articulación, frecuentemente en rodillas, manos, cadera o columna», detalla.

Este proceso degenerativo produce rigidez y dolor en la columna cervical y lumbar, en las manos, en las rodillas y en las caderas; en ocasiones también puede producir inflamación, aunque no es lo habitual. Aunque, generalmente, el dolor empeora con el movimiento, los períodos prolongados de inactividad pueden asimismo traer problemas como la atrofia muscular o la pérdida de movilidad, especialmente en pacientes mayores. A diferencia de la artritis, la artrosis solo afecta a las articulaciones y no suele ir acompañada de otros síntomas.

Diagnóstico

La artrosis se identifica de forma clínica con una exploración física, y también a partir de los síntomas que presenta el paciente. En ocasiones puede requerirse una radiografía para examinar la articulación, pero lo más importante para diagnosticarla es la sintomatología.

Prevención

Según Macía, la mejor forma de evitar la artrosis es «proteger a lo largo de la vida la calidad de nuestro cartílago articular, pensando que nuestro cuerpo es un coche y tiene unas piezas con una vida media que tenemos que cuidar». «Mantener un peso adecuado con dieta mediterránea que no someta al cartílago a esfuerzos extras, hacer de forma habitual deporte para que la musculatura ayude a las articulaciones a movilizarse y no hacer todo el trabajo, y tener una buena higiene postural son los mejores hábitos de prevención para la artrosis», recomienda.

Tratamientos

La artrosis, al igual que la artritis, es una enfermedad crónica, que no tiene cura. «No hay un tratamiento curativo, lo que sí hay es un tratamiento sintomático, paliativo. Tratas los síntomas y controlas la enfermedad», explica Blanco. Así, los analgésicos se pueden utilizar para tratar el dolor. En ciertos tipos de artrosis, el uso de soluciones que permiten descansar la articulación también puede estar indicado, como en el caso de la rizartrosis (artrosis del pulgar) con muñequeras o de la gonartrosis (artrosis de rodilla) con rodilleras.

«Los tratamientos de fisioterapia pueden ayudar en la fase aguda de la enfermedad. El ejercicio en general es bueno para una enfermedad crónica de este tipo. Realizar actividad física, caminar, ir a la piscina, hacer prácticas activas que fortalezcan la musculatura, los huesos, las articulaciones, es bueno. Pero esto no cura, sino que ayuda a llevar mejor la enfermedad», aclara Blanco.

Laura Inés Miyara
Laura Inés Miyara
Laura Inés Miyara

Redactora de La Voz de La Salud, periodista y escritora de Rosario, Argentina. Estudié Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y en el 2019 me trasladé a España gracias a una beca para realizar el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual de La Voz de Galicia. Mi misión es difundir y promover la salud mental, luchando contra la estigmatización de los trastornos y la psicoterapia, y creando recursos de fácil acceso para aliviar a las personas en momentos difíciles.

Redactora de La Voz de La Salud, periodista y escritora de Rosario, Argentina. Estudié Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y en el 2019 me trasladé a España gracias a una beca para realizar el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual de La Voz de Galicia. Mi misión es difundir y promover la salud mental, luchando contra la estigmatización de los trastornos y la psicoterapia, y creando recursos de fácil acceso para aliviar a las personas en momentos difíciles.