Sistema inmunitario: así actúan los «batallones» que nos protegen

Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez LA VOZ DE LA SALUD

ENFERMEDADES

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Los expertos niegan la eficacia de los multivitamínicos y abogan por una alimentación equilibrada y ejercicio físico para mantener fuertes nuestras defensas

27 ene 2022 . Actualizado a las 13:57 h.

El sistema inmunitario es el conjunto de células, órganos y tejidos que están diseñados para protegernos de todas las amenazas que se puedan llegar a producir en nuestro organismo. «Pueden ser externas, donde se incluirían todas las agresiones de patógenos como bacterias o virus, e internas, como controlar que no haya proliferaciones anómalas de las células y de que no se produzcan tumores», expone el doctor José Gómez Rial, inmunólogo del Hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela y coordinador de inmunología en el Grupo de Investigación en Vacunas Genvip. «Algo que ahora está muy de moda, la inmunoterapia y todos los fármacos de la inmunooncología, al final lo que hacen es activar esa función de nuestro sistema inmunitario que en los procesos del cáncer falla», añade.

Tres niveles de defensa

Alfredo Corell Almuzara, inmunólogo y catedrático de la Universidad de Valladolid, explica que se podrían hablar de tres niveles de defensas: «El primero lo constituyen la piel y todos los tejidos que recubren superficies que están al aire de nuestro cuerpo, por ejemplo, la superficie del ojo, de las vías respiratorias o del aparato reproductor. Es el primer nivel de defensa que nos defiende de agentes externos, pero muchas veces se rompe o se altera. Entonces entraría en acción el segundo nivel, las células y moléculas que se consideran nuestra inmunidad natural». Sobre esta última, el doctor recalca que siempre va a ser la misma, por lo que no tiene capacidad de acordarse de otros ataques cuando los sufrimos de nuevo. «A su vez se pondría en marcha el tercer nivel, las consideradas como defensas de élite porque son muy específicas, como los linfocitos T y B, y tenemos para cada una de las posibles infecciones: para el sarampión, las paperas, la gripe, el covid...», concluye el doctor. Este último nivel sí tendría capacidad de memoria por si algún día nos volvemos a infectar con ese patógeno, y es en el que basaría el hecho de que nos vacunemos porque simularía esa primera infección.

Por su parte, el doctor Gómez Rial explica cómo actúa el sistema inmune ante una amenaza comparándolo con el funcionamiento de «un ejército». De esta forma, «tendríamos dos tipos de batallones, el primero sería el sistema inmune innato, que actúa de forma muy rápida, inespecífica y no tiene memoria, y el sistema inmune específico adaptativo, que es más lento pero actúa muy específicamente y sí cuenta con capacidad para recordar». Al sufrir una amenaza, como por ejemplo un corte en la piel, se activan las señales de alarma. «Son consideradas como alarminas, que llaman al primer batallón. El sistema inmune innato acude rápidamente al lugar de la herida, se activa, capta lo que ha entrado y se lo lleva a enseñar al segundo batallón: el sistema inmune adaptativo». Este último actúa de una forma más pausada, pero es el que acaba resolviendo la infección, y además, generará memoria para saber cómo actuar la próxima vez que nos invada ese patógeno. 

El segundo batallón al que se refiere Gómez se iría construyendo poco a poco. Es decir, «los soldados vírgenes no tienen capacidad de recordar frente a nada y lo que se pretende con las vacunas es generarlos con diferentes memorias para diferentes patógenos, y circularán por el cuerpo durante mucho tiempo a la espera de que se vuelvan a encontrar con el antígeno. Con cada encuentro aumenta de forma exponencial el número de células memoria que se generan». 

Síntomas de un sistema inmunitario debilitado

El doctor José Domingo Moure González, miembro del Grupo de Inmunodeficiencias de la Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica (SEICAP) indica que «a la alteración de la función del sistema inmune se le conoce como inmunodeficiencia, y esta puede tener un origen genético, como las inmunodeficiencias primarias (IDP) y otras, las llamadas secundarias, pueden tener múltiples causas entre las que destacan la desnutrición (causa más frecuente de inmunodeficiencia a nivel global), el uso de ciertos fármacos (como los inmunosupresores) o ciertas enfermedades como la infección por VIH o las enfermedades renales o hepáticas crónicas».

Una persona que tiene debilitado su sistema inmunitario es más propensa a sufrir infecciones o que estas sean recurrentes. «Nuestro organismo está en permanente contacto con todo tipo de patógenos potencialmente infecciosos, y un sistema inmune débil no es capaz de dar respuesta a los mismos», dice Gómez. 

El inmunólogo Corell da un ejemplo de una persona que puede ver afectado su sistema inmunitario por las variables del entorno: «Yo por ejemplo, como profesor universitario, lo he visto en alumnos con estrés en la época de exámenes. No le pasa a todo el mundo, pero hay un número bastante alto de jóvenes que en ese momento tienen susceptibilidad a todo tipo de infecciones, catarros, herpes en la boca, si padecen de alergia les pica todo más porque se acentúan los síntomas… Hay un montón de infecciones que se suceden cuando estamos en una situación de estrés o ansiedad». 

Además, habría que tener en cuenta un debilitamiento natural del sistema inmunitario que pueden sufrir los ancianos. En edades avanzadas es más probable la aparición de enfermedades autoinmunes en las que el sistema inmunitario ataca al propio organismo, así como la aparición de tumores, ya que estos se escapan de la vigilancia inmunitaria. «La primera es más frecuente en mujeres que en varones, mientras que la segunda es a la inversa», asegura el doctor Corell. 

Debido a las circunstancias marcadas por el covid, se ha popularizado el término de persona «inmunodeprimida». No obstante, el doctor Gómez apunta a la utilización de un término más preciso: inmunocomprometido. «Los inmunodeprimidos son los grandes inmunocomprometidos. El primero es aquel que no tiene defensas, como pacientes trasplantados que están en una inmunodepresión farmacológica para evitar el rechazo del órgano, así como pacientes oncológicos que tienen el sistema inmunitario anulado o inmunosupresión derivada del VIH. Luego los inmunocomprometidos serían los pacientes que están en terapias inmunológicas, que cada vez hay más, y que en mayor o menor medida pueden afectar al sistema inmunitario. Cuando no existe ningún tipo de problema hablaríamos de inmunocompetentes», explica. 

En cuanto a los niños, José Domingo Moure asegura que la patología más frecuente son los procesos infecciosos de repetición, destacando «sobre todo las infecciones respiratorias, del aparato digestivo y de la piel». Además de ser recurrentes, no suelen responder bien a los tratamientos convencionales. «Todos los pediatras y personal sanitario que atienden el crecimiento y desarrollo de los niños deben estar alerta a la aparición de signos de alarma de una inmunodeficiencia, sobre todo de las IDP, que suelen manifestarse en los primeros meses de vida después de que en el niño vayan desapareciendo las inmunoglobulinas que la madre transfiere al feto durante el embarazo», señala el doctor. Según sus palabras, se describen diez signos de sospecha adaptados del decálogo de la Jeffrey Modell Foundation, que nos ayudan a sospechar qué niños pueden tener un problema de su sistema inmune: ocho o más otitis en un año, dos o más sinusitis graves en un año, dos o más meses tomando antibióticos con mal resultado, dos o más neumonías en un año, no aumentar de peso y talla con normalidad, infecciones con pus repetidas en la piel o órganos interiores, hongos persistentes en la boca o en la piel en mayores de un año, necesidad de antibióticos intravenosos para eliminar infecciones, dos o más infecciones internas graves e historia familiar de inmunodeficiencia primaria. 

¿Se puede mejorar o empeorar nuestro sistema inmunitario?

La respuesta es que sí. El problema es que así como podemos mejorarlo, también lo podemos debilitar. «La manera en la que se van a construir nuestras células y moléculas está escrita en nuestros genes y sobre la genética no podemos actuar, pero sí podemos mejorar o empeorar nuestro sistema inmunitario por distintas interacciones con nuestro entorno», asegura Corell. Así, entre entre los factores claves para un buen funcionamiento de nuestro sistema inmunitario nos encontraríamos: la gestión del estrés, la alimentación, el sueño, el ejercicio físico y el consumo de sustancias tóxicas. 

Cuando sometemos a nuestro cuerpo a altos niveles de estrés, se libera una hormona denominada cortisol considerada como inmunodepresor natural. «Si estás muy estresado, verás disminuidas tus defensas», advierte Corell. Para contrarrestar el cortisol de situaciones estresantes inevitables, el doctor recomienda buscar actividades en el día a día que nos provoquen el efecto contrario, placer y una sensación de relax, y así nuestro cuerpo secretará hormonas de la felicidad. 

La falta de sueño también va en contra de nuestro sistema inmunitario. «Los ciclos de sueño, las fases REM y no REM, tienen distintos efectos sobre nuestro organismo. Si no dormimos un mínimo de siete horas y media u ocho horas, esto va afectar a nuestras defensas y va provocar que tengamos inmunosupresión por déficit de sueño», afirma el doctor. Pero ojo, las siestas pueden inmunosuprimir todavía más, ya que esta solo tiene efectos saludables si es muy leve: «como máximo de veinte o treinta minutos, por encima resulta perjudicial». 

Otra interacción con el entorno que debemos cuidar es la alimentación, ya puede ser un elemento debilitante o potenciador de nuestro sistema inmunitario si lo hacemos bien o no. Debemos contar con un aporte de nutrientes rico y heterogéneo en el que se engloben proteínas, carbohidratos y grasas, evitando los ultraprocesados, ya que estos últimos contienen conservantes y componentes nocivos para nuestra salud. 

El ejercicio físico resulta importante no solo porque ayuda a combatir el estrés (que tal como se menciona anteriormente, tiene un efecto inmunodepresor), también porque produce la liberación de las conocidas como «hormonas de la felicidad». Entre ellas, las endorfinas y la oxitocina. «Practicar deporte proporciona una sensación de bienestar, porque contrarresta el estrés, pero además, produce la activación del sistema inmunitario», confirma Corell. ¿Valdría cualquier tipo de actividad física? En palabras del doctor, serviría cualquier ejercicio moderado, y este se puede adaptar a la edad y posibles patologías que sufre la persona: «Todo el mundo puede hacer ejercicio». 

Como curiosidad, el inmunólogo apunta a que la actividad física también cuenta con ese doble efecto, porque puede fortalecer o debilitar nuestro sistema inmunitario. Algunos deportistas que hacen ejercicio extenuante, de máxima intensidad, deben contrarrestar los efectos inmunodepresores con cambios en su dieta e incluso con suplementación. 

Por último, el consumo de sustancias tóxicas como el alcohol, el tabaco o las drogas, empeora nuestras defensas. «Durante mucho tiempo se ha llegado a decir que ingerir una copa de vino o una cerveza al día incluso resultaba beneficio para la salud, y no es verdad. El alcohol es tóxico en cualquier cantidad y aunque pueda tener un componente beneficioso para nuestro organismo, no podemos decir de manera global que consumir una copa de vino o una cerveza sea bueno para la salud. Hay que asumir que es un placer culpable. Sabes que no es bueno para tu salud, pero lo sigues consumiendo porque te produce cierto placer», explica Corell. 

Factores que influyen en la buena salud de nuestro sistema inmunitario

  • El estrés.
  • El sueño.
  • La alimentación. 
  • El ejercicio físico.
  • El consumo de sustancias tóxicas como el alcohol, el tabaco o las drogas.

Por lo tanto, el sistema inmunitario no precisa refuerzos en condicionales normales de salud. Con todo, en el caso de los inmunodeprimidos, el doctor Moure apunta a varias opciones de tratamiento que varían según el tipo de inmunodeficiencia que se padezca. Entre ellas «el uso de inmunoglobulinas sustitutivas, antibióticos y otros antimicrobianos, inmunomoduladores, vacunación al paciente y familiares, así como distintos tipos de fisioterapia».

Funciones de la microbiota intestinal sobre el sistema inmunitario

Antes la conocíamos como flora intestional, pero ahora sabemos que en realidad se trata de la microbiota: un conjunto de micoorganismos que conviven con el ser humano, sobre todo en el intestino grueso. Más de mil especies diferentes, cien billones de microbios que suponen unos tres millones de genes. Con esas cifras, imposible no considerarla fundamental para poseer un buen sistema inmunitario. Así, nuestra salud depende, en gran medida, del equilibrio que mantiene este ecosistema a lo largo de nuestra vida. 

Algunas enfermedades como la diabetes, la obesidad, la hipertensión, enfermedades inflamatorias intestinales, autoinmunes, e incluso otras como la depresión o la fibromialgia, tienen algo en común: una alteración de este equilibrio interno. Entre las funciones de la microbiota intestinal nos encontramos ayudar al cuerpo a digerir los alimentos, combatir las agresiones de otros microbios manteniendo la mucosa intestinal; contribuir a la producción de vitaminas, hormonas y neurotransmisores; y regular la respuesta de nuestro sistema inmunotario. ¿Cómo? Secretando inmunoglobulinas, creando sustancias que actúan como neutralizadoras de patógenos o protegiéndonos de agresiones externas al generar respuestas muy específicas. 

¿Qué puede dañar nuestra microbiota intestinal? La falta de sueño, el estrés crónico, la comida ultraprocesada, el uso de edulcorantes artificiales, la toma de antibióticos, poca ingesta de frutas y verduras, el consumo de tabaco y alcohol, los pesticidas y fertilizantes químicos, e incluso la falta de sueño. 

¿Los multivitamínicos sirven para mejorar nuestras defensas?

«Un cuerpo sano implica un sistema inmune sano, por lo que si queremos tener un sistema inmunitario potente y fuerte lo que tenemos que hacer es cuidarnos», afirma el doctor Gómez, y añade que «no hay nada más que refuerce el sistema inmunitario y todas las teorías alrededor de reforzar defensas con lactobacilos se ha demostrado que no tiene ninguna efectividad». Algo con lo que concuerda el doctor Corell: «Los multivitamínicos no valen para nada. Si yo practico una alimentación equilibrada y completa de todos los tipos de frutas, verduras, carnes, pescados e hidratos, no necesito ningún tipo de suplemento. Es mejor ingerir las vitaminas y minerales del propio alimento». 

Entonces, ¿por qué la gente los sigue consumiendo? Gómez apunta a las estrategias de marketing, pero recalca que «de nada vale tomar un suplemento de vitamina D, A, o K, para reforzar el sistema si luego comes mal y no haces deporte». 

Precisamente sobre la vitamina D, Alfredo Corell recuerda que fue una de las más demandadas en la pandemia porque durante el confinamiento no nos exponíamos lo suficiente al sol. «El problema es que la vitamina D se disuelve en grasas, es decir, es liposoluble, y esto hace que se almacene en nuestro cuerpo. Así, la cantidad de esta sustancia que yo no necesito puede hacerme daño al consumirla en exceso», asegura el doctor. Por lo tanto, si alguien tiene sospecha de que puede estar sufriendo un déficit de esta sustancia debe acudir al médico, y en el caso de que esta falta sea real, le recomendará suplementación. «Pero no debe ingerirse de forma autónoma sin la supervisión médica necesaria porque puede ser perjudicial para la salud», recalca. 

¿Existen los conocidos como «superalimentos» que mejoran nuestro sistema inmunitario? «Sin negar las cualidades favorables que puedan tener, sobre todo a nivel nutricional, hay que tener en cuenta en que en la mayoría de ellos la evidencia científica no se ha posicionado definitivamente a favor de su ingesta para los fines a los cuales parecerían destinados. Es decir, hoy por hoy no hay ningún alimento o superalimento que prevenga el cáncer, prevenga el envejecimiento... En muchas ocasiones se trata de una publicidad engañosa, que puede conllevar a que las personas descuiden una alimentación sana por la falsa tranquilidad que les puede transmitir el hecho de incorporar este tipo de alimentos en la dieta. Lo importante hoy por hoy es tener una alimentación sana y equilibrada», explica Moure.

No es cierto que las vacunas debiliten nuestro sistema inmunitario 

Estos últimos días empezaron a circular informaciones que apuntaban a que nuestro sistema inmunitario se debilitaba por la acción de las vacunas. Pero se trata de un bulo. «Es falso. Lo que hace la vacuna es imitar una infección, potenciando tus defensas contra ese agente infeccioso y generando memoria para que si lo pillas, puedas responder a él», sentencia Corell.  

Por su parte, Gómez Rial recalca que «nuestro sistema inmunitario está preparado para responder a cientos, incluso a miles, de antígenos (sustancias extrañas) al mismo tiempo, y no por eso se agota. El único problema es que, más que debilitarlo, estamos sobreactivando mucho el sistema inmune, pero no con la primera, la segunda o la tercera». El coordinador de inmunología en el Grupo de Investigación en Vacunas Genvip aclara de dónde venía el debate: «De esas ideas de que pretendían administrar una vacuna cada seis meses a individuos sanos de forma indiscriminada. Eso podría traer consecuencias a largo plazo porque es algo que nunca se ha he hecho, no sabemos a donde nos va a llevar esa sobreactivación de la respuesta inmunitaria. Las vacunas no debilitan el sistema, todo lo contrario, lo activan. Pero si estamos continuamente poniéndolas de forma indiscriminada y periódicamente, podemos activar en exceso la respuesta inmune. Ahora sabemos que la vacuna anual de la gripe no pasa nada, pero estamos hablando de cada cinco o seis meses, administrar una dosis de esa vacuna. Es una aberración desde el punto de vista inmunológico porque no es necesario». 

Algo con lo que concuerda el doctor Moure: «Lo que se podría plantear sería la vacunación de recuerdo según la situación personal de cada individuo, es decir, una vacunación personalizada. Lo que abogan los expertos en inmunología e infectología es que, quizás si acabas de infectarte por coronavirus, sea la variante que sea, vas a generar una memoria inmunitaria similar a la que haría la vacunación, por lo que no sería necesario una dosis de recuerdo al poco de pasar la infección. Seguramente en muy poco tiempo tendremos mayor información para poder decir qué será lo más conveniente. Lo que sí podríamos decir, es que las vacunas son seguras y las dosis de refuerzo no son perjudiciales».

Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez Lorenzo

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.