El glaucoma, la ceguera silenciosa que padecen 30.000 gallegos sin saberlo

Laura Inés Miyara
Laura Miyara LA VOZ DE LA SALUD

ENFERMEDADES

El glaucoma afecta en mayor medida a pacientes con miopía.
El glaucoma afecta en mayor medida a pacientes con miopía. La Voz de la Salud | iStock

La detección temprana es un factor clave para evitar la pérdida total de la visión. Te lo contamos todo sobre esta enfermedad en su Día Mundial

12 mar 2022 . Actualizado a las 15:45 h.

Una ceguera silenciosa. Así se describe al glaucoma, una enfermedad degenerativa que causa una pérdida progresiva de la visión por un daño del nervio óptico. Aunque se trata de la segunda causa de ceguera, la ausencia de síntomas o, mejor dicho, la lenta progresión de ellos, hace que esta patología no sea diagnosticada a tiempo en muchos casos. De hecho, se estima que la mitad de las personas con glaucoma lo desconocen. El mayor problema es que el glaucoma, una vez que produce daño al nervio óptico, es irreversible. Por este motivo es tan importante prevenir su avance con una detección precoz que evite la pérdida total de la vista.

Asociada a la edad, esta enfermedad se manifiesta más frecuentemente a partir de los 40 años. En este momento es crucial iniciar las revisiones. En el Día Mundial del Glaucoma, que se conmemora este sábado, la detección temprana se reafirma como el arma fundamental para prevenir el daño irreversible.

En España, la prevalencia del glaucoma entre la población de 50 a 60 años es del 1 al 2 %, aumentando al 3 a 4 % entre los mayores de 70 años. En Galicia, la población con glaucoma asciende a 59.206 personas, pero se calcula que la mitad de ellas no lo saben. Según datos de la Asociación de Glaucoma para Afectados y Familiares (Agaf), un diagnóstico precoz «evitaría la ceguera total en el 95 por ciento de los casos». 

Casi 30.000 gallegos padecen glaucoma y no lo saben.

¿Qué es el glaucoma?

El glaucoma es una enfermedad en la que se produce un daño en el nervio óptico, a menudo por un aumento en la presión dentro del ojo (presión intraocular). Esta presión está dada por la fuerza que ejerce el líquido contenido en la parte delantera del ojo. En condiciones normales, esta presión es la encargada de mantener la forma del ojo. Pero una hipertensión intraocular puede lesionar el nervio óptico de forma irreversible.

El nervio óptico se encarga de transmitir las imágenes captadas por el ojo al cerebro. En el inicio del glaucoma, el ojo continúa viendo con normalidad, pero la transmisión de información al cerebro se altera con el paso del tiempo. De esta forma, el glaucoma puede dañar para siempre las células nerviosas del nervio óptico y de la retina. Al principio, la vista se pierde de manera puntual, y después se extienden las lagunas al resto de campo de visión. El campo de visión es lo que percibe el ojo al mirar de frente y sin moverse. En ausencia de tratamiento, el campo visual disminuye lentamente, creando «puntos ciegos» y dificultando el mirar hacia los lados, hasta acabar en una posible pérdida de la visión.

«Cuando el glaucoma está muy avanzado, se puede detectar una pérdida visual. Como va afectando al campo visual de la periferia hacia el centro, en los estadios finales del glaucoma, se tiene una visión en túnel, es decir, se ve solo por el centro. Entonces, la persona puede notar pérdida de visión, pero el problema es que allí ya es muy tarde. Cuando el daño ya está hecho, no hay vuelta atrás. Lo más importante es la detección precoz para evitarlo. Detectado a tiempo, con un tratamiento y seguimiento adecuados, puede tener buen pronóstico», detalla Emanuel Barbera, oftalmólogo y coordinador del Instituto Oftalmológico Quirónsalud A Coruña.

Existen varios tipos de glaucoma, pero hay tres que son particularmente prevalentes:

  • Glaucoma primario crónico de ángulo abierto. Es el más común a nivel nacional y se desarrolla sin síntomas ni dolor, a lo largo del tiempo (entre 10 y 20 años). Se detecta a través de los controles oftalmológicos que se deben realizar periódicamente. Los primeros problemas de visión son sensibles, cuando el nervio óptico ya está destruido en un 40 %. Estas lesiones son irreversibles. Por lo tanto, es primordial detectar la enfermedad en una fase muy precoz para evitar que evolucione.
  • Glaucoma agudo de ángulo cerrado. Los síntomas de este glaucoma agudo son dolor intenso en los ojos, visión de halos o luces, ojo rojo y náuseas. Su detección suele realizarse en Urgencias, debido a que los afectados se trasladan allí después de sufrir un ataque repentino. Avanza a lo largo de los años, sin dolor ni síntomas aparentes. Aparece bruscamente y va acompañado de dolores intensos y de una reducción de la visión. Se trata de una urgencia que necesita una intervención médica inmediata.
  • El glaucoma congénito. Aparece al nacer o en las primeras semanas de vida. Este tipo de glaucoma es muy poco común, con un caso de cada 5.000 nacimiento).

¿Por qué se desarrolla el glaucoma?

Las causas exactas del glaucoma no se conocen muy bien. Sin embargo, se han identificado varios factores de riesgo que favorecen la aparición de la enfermedad, entre los cuales se encuentran la presión intraocular, la edad, la ingesta de medicamentos, la miopía, los traumatismos y algunas enfermedades oculares.

«El glaucoma está muy asociado a la edad. A mayor edad, mayor riesgo de tenerla. La miopía también está relacionada con el glaucoma. Las personas miopes también tienen más riesgo cuanto mayor sea su miopía, aunque no hay una relación directa entre dioptrías y glaucoma», explica Barbera.

Se sabe que la genética influye y el riesgo de sufrir glaucoma es mucho mayor en una familia en la que ya se han producido casos. Los dos ojos tienen la misma predisposición, aunque el glaucoma no evolucione necesariamente de la misma manera en ambos lados.

Factores de riesgo

  • Presión intraocular alta.
  • Antecedentes en la familia.
  • Edad avanzada. Existe un mayor riesgo de desarrollar glaucoma con el paso de los años.
  • Miopía. Las personas con este problema de la vista están más expuestas a esta enfermedad.
  • Traumatismos oculares.
  • Cirugía refractiva corneal. La córnea puede encontrarse menos gruesa a causa de esta operación, lo que puede hacer que las medidas de tensión ocular no sean del todo fiables. Por eso, en estos casos, se recomienda la valoración de los especialistas en glaucoma.
  • Ciertos fármacos de toma permanente pueden aumentar la tensión del ojo, como los corticoides.

¿Cómo se diagnostica el glaucoma?

Dado que el glaucoma no tiene cura, el diagnóstico oportuno es la única forma de frenar el avance de la enfermedad y preservar la visión. «La detección temprana en el glaucoma es clave, es lo más importante. Porque no da ninguna señal de alarma, entonces, uno puede no saber si tiene glaucoma o no, ya que no provoca pérdida de visión al principio. Por eso, lo importante es hacerse las revisiones. Sobre todo cuando tenemos antecedentes en la familia de glaucoma», subraya el coordinador del Instituto Oftalmológico Quirónsalud A Coruña.

¿En qué consisten esas pruebas? «El oftalmólogo toma la tensión. Si ve que hay alguna sospecha, empieza a pedir más pruebas pertinentes al campo visual y al nervio óptico. Esas tres cosas constituyen la revisión para detectar el glaucoma. En una revisión rutinaria se puede descartar el glaucoma», asegura Barbera.

«A partir de los 40 años hay que empezar a hacerse la revisión oftalmológica para detectarlo. Lo que hace el oftalmólogo es medir la tensión ocular y también ver otros parámetros, examinar el nervio óptico, ver que sea normal, con un oftalmoscopio, y luego el campo visual. Como es una enfermedad que afecta al campo visual y eso tampoco da ningún síntoma, uno puede empezar a perder visión en el campo visual periférico y no darse cuenta. Entonces, una de las pruebas fundamentales es la campimetría o perimetría visual, que permite medir la visión periférica al fijar la mirada en un punto u objeto», explica el oftalmólogo.

¿Cómo se mide la tensión intraocular?

Se mide con un aparato denominado tonómetro. Se pueden utilizar dos métodos para ello. Uno consiste en ejercer sobre el ojo (la córnea) la presión suficiente para allanarlo. La medida de la fuerza aplicada permite medir directamente la tensión intraocular. Para esta prueba, se administra un colirio anestésico. El otro método consiste en aplicar un chorro de aire dirigido al ojo sin contacto directo. Este método es indoloro y se realiza en la mayoría de los casos sin colirio anestésico.

¿Cómo se examina el nervio óptico?

El oftalmólogo realiza una prueba del fondo del ojo con un oftalmoscopio. Este aparato emite una luz que ilumina el interior del ojo. De este modo, el oftalmólogo puede ver el punto de partida del nervio óptico (también conocido como papila óptica), situado en el fondo del ojo, y constatar si presenta o no lesiones. Esta prueba, que es indolora, solo dura unos minutos. Para ver bien el fondo del ojo, suele ser necesario dilatar las pupilas utilizando colirio. La dilatación puede provocar un trastorno pasajero de la visión, por lo que se aconseja acudir acompañado.

¿En qué consiste la medición del campo visual?

Esta prueba tiene como objetivo buscar posibles zonas ciegas llamadas escotomas. Consiste en mirar a través de un aparato y observar fijamente un punto mientras aparecen pequeñas fuentes luminosas brevemente en las distintas partes del campo visual. Basta con indicar con un pulsador cada vez que se observan luces. Normalmente, se utiliza una luz blanca para realizar la prueba del campo visual, pero un campo visual profundo puede utilizar una luz de color. La duración del examen varía en función del grado de evolución del glaucoma (al menos 5 minutos por cada ojo).

¿Quiénes deben hacerse pruebas?

En principio, todas las personas mayores de 40 años deberían consultar periódicamente con un oftalmólogo para descartar el glaucoma. Pero, en particular, aquellas personas que tengan antecedentes de la enfermedad en su familia deben controlarse de forma rigurosa. «Según los protocolos establecidos, cuando una persona tiene antecedentes de primer orden, por ejemplo, hermanos, padres, tíos o abuelos con glaucoma, se recomienda una primera revisión a partir de los 40 años y luego el oftalmólogo pauta una frecuencia para estas revisiones según el caso», aconseja Barbera.

¿Qué tratamientos hay para el glaucoma?

Para responder a esta pregunta, lo importante es conocer ante todo el tipo de glaucoma que se tiene, ya que de esto dependerá, en gran medida, las opciones. También se tienen en cuenta el grado de severidad de la patología y la edad del paciente. El tratamiento del glaucoma tiene como objetivo reducir la presión ocular. No consigue recuperar la visión perdida, pero impide la aparición de daños adicionales. Por ello, se debe detectar el problema lo antes posible. Los tratamientos disponibles son de tres tipos.

Por un lado, se pueden aplicar colirios, a razón de una o varias gotas en horas fijas en el ojo afectado. Estas gotas disminuyen la cantidad de líquido producido por el ojo y aumentan la cantidad evacuada, reduciendo la presión intraocular. El tratamiento es de por vida.

Por otro lado, se puede hacer una intervención con láser bajo anestesia local y de manera ambulatoria. Este procedimiento drena el líquido contenido en el ojo para bajar la presión. Es un tratamiento que se utiliza en glaucomas agudos, en los que la zona de evacuación del líquido se encuentra considerablemente obstruida. La intervención es sencilla y no requiere hospitalización. Se suele operar primero un ojo y después otro, aunque a veces se pueden tratar los dos ojos al mismo tiempo. La visión comienza a mejorar a partir del día siguiente y se vuelve nítida con el transcurso de los días. Se debe seguir durante varios días un tratamiento con colirio. Es posible sufrir pequeñas irritaciones, pero estas desaparecen rápidamente.

Otra opción es una cirugía bajo anestesia local, una intervención conocida como trabeculectomía, que consiste en realizar una pequeña incisión en el ojo para drenar líquido y disminuir la presión. Se recurre a la cirugía cuando el glaucoma no responde a los tratamientos por colirio o láser. La intervención implica un impedimento físico pasajero, por lo que es preferible tratar un ojo después del otro.

«Ahora están desarrollándose nuevos dispositivos para la cirugía del glaucoma. Son prótesis o dispositivos muy finitos que realizan un drenaje de la cámara interior al exterior del ojo. Con esto se consigue que la cirugía dure menos, sea menos arriesgada, tenga menos complicaciones y sea, por lo menos, igual de efectiva que la cirugía clásica. En nuestro hospital estamos aplicando este dispositivo. Se llama microcirugía de glaucoma. Son técnicas que tienen el mismo efecto que la cirugía convencional, se opera un solo ojo a la vez y el postoperatorio se realiza de forma ambulatoria», añade Barbera.

El futuro del glaucoma

Aunque, de momento, no existe una cura para la lesión del nervio óptico que ocasiona el glaucoma, en el futuro podrían desarrollarse terapias que reparen estos daños al nervio. «Se está estudiando la terapia génica, el tratamiento con células madre, todavía estamos lejos de verlo en la clínica práctica, pero las líneas de investigación van en ese sentido», apunta el oftalmólogo.

Por ahora, sin embargo, no queda más que acudir a revisiones para una detección temprana que permita tratar los primeros síntomas reduciendo la tensión ocular y mejorando la circulación sanguínea en la zona. «La clave de todo tratamiento es la detección para frenarlo. No hay una cura para el glaucoma, pero podemos frenarlo y controlarlo. El objetivo del tratamiento es que se llegue a una edad avanzada con la mejor agudeza visual y la mejor calidad de vida posible, y que no acabe en una ceguera», insiste Barbera.

Laura Inés Miyara
Laura Inés Miyara
Laura Inés Miyara

Redactora de La Voz de La Salud, periodista y escritora de Rosario, Argentina. Estudié Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y en el 2019 me trasladé a España gracias a una beca para realizar el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual de La Voz de Galicia. Mi misión es difundir y promover la salud mental, luchando contra la estigmatización de los trastornos y la psicoterapia, y creando recursos de fácil acceso para aliviar a las personas en momentos difíciles.

Redactora de La Voz de La Salud, periodista y escritora de Rosario, Argentina. Estudié Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y en el 2019 me trasladé a España gracias a una beca para realizar el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual de La Voz de Galicia. Mi misión es difundir y promover la salud mental, luchando contra la estigmatización de los trastornos y la psicoterapia, y creando recursos de fácil acceso para aliviar a las personas en momentos difíciles.