Cáncer de ovario: «Por lo general no produce síntomas hasta que está diseminado, por eso, la mortalidad es más alta»

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Lucía Cancela LA VOZ DE LA SALUD

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El 8 de mayo se conmemora el Día Internacional del Cáncer de Ovario.
El 8 de mayo se conmemora el Día Internacional del Cáncer de Ovario. La Voz de la Salud | iStock

La Sociedad Española de Oncología Médica señala que este carcinoma se caracteriza por un diagnóstico tardío. Aquí tienes una guía para conocer mejor este tumor de síntomas silentes

08 may 2022 . Actualizado a las 21:22 h.

El cáncer de ovario no es un asesino silencioso que sorprende de la nada a su víctima. Todo lo contrario, más bien es un delincuente que va dando pistas y dejando huella. Los síntomas se camuflan en afecciones frecuentes y poco llamativas, que no solo confunden a las pacientes, sino también a los profesionales de la salud. Así lo vivió Soledad Bolea, que padeció un cáncer de ovario a sus 37 años. En el momento del diagnóstico, el tumor estaba en estadio III C, uno de los más avanzados. Tanto, que picaba en la puerta del IV, lo que significa metástasis. 

Bolea, que ahora es vicepresidenta de la Asociación de Afectados por Cáncer de Ovario (Asaco), lo recuerda de la siguiente manera: «Soy la típica persona que estuvo tres o cuatro meses diciendo: “Me siento mal”. Los médicos de cabecera empezaron a darme vueltas. Me decían que podría ser un tema de alergias o respiratorio». Este 8 de mayo se conmemora el Día Mundial del Cáncer de Ovario

La Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) estimó que durante el año 2022 se diagnosticarán 3.600 nuevos casos. Lejos queda, por ejemplo, de los 34.750 de mama. Y si bien las cifras son menores y abismales en comparación, no lo es la tasa de supervivencia calculada para cinco años. Según datos aportados por la misma entidad, un 85,5 % de las pacientes diagnosticadas de mama sobrevivirán, mientras que el número para el cáncer de ovario cae más de la mitad hasta situarse en un 40,9 %. 

No solo esto, sino que el cáncer de ovario epitelial (el tipo que representa entre el 85 y 90 % de los casos) es la principal causa de mortalidad por tumores ginecológicos. ¿La razón? Un diagnóstico tardío que llega en etapas avanzadas de la enfermedad y la ausencia de métodos de detección precoz. Una situación que viven hasta el 70 % de las mujeres

«En el momento actual no somos capaces de hacer un diagnóstico precoz, ya que no hay técnicas de cribado que se hayan demostrado eficaces. Por otro lado, el cáncer de ovario en general no produce síntomas hasta que ya está diseminado al peritoneo. Por ello, y dado que el pronóstico de este carcinoma depende del estadio al diagnóstico, la mortalidad es muy alta en comparación con otros tumores», lamenta la doctora Isabel Echevarría, secretaria científica de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) y oncóloga médico del Hospital Universitario Gregorio Marañón, de Madrid. 

Anatomía de un tumor

Cada mujer cuenta con dos ovarios situados a ambos lados del útero. Es un órgano intrapélvico y de forma almendrada. Los ovarios se encargan de dos funciones fundamentales. En primer lugar, de la producción del gameto femenino llamado ovocito, el cual viaja durante la ovulación hasta el útero. Y en segundo lugar, de la secreción de hormonas femeninas. Así, por ejemplo, el ovario es la fuente por excelencia de estrógeno y progesterona, hormonas implicadas en procesos como la regulación del ciclo menstrual, el embarazo (descubre hasta qué edad dice la ciencia que se puede ser madre) o el crecimiento de las mamas, entre otras. 

A su vez, el tumor puede desarrollarse de cuatro formas. La Asociación Española contra el Cáncer apunta a un crecimiento local, cuando el carcinoma crece por invasión a todas las estructuras vecinas: trompas de Falopio, útero, vejiga y recto. «Este extensión por contigüidad se produce al romperse la cápsula del ovario», recogen desde la AECC

El siguiente tipo es la diseminación peritoneal, o siembra peritoneal, y es el más frecuente. Las células del tumor se desprenden y se esparcen a través de la cavidad abdominal por todo el peritoneo. El tercer tipo de crecimiento es la diseminación linfática, y normalmente afecta a los ganglios situados en la pelvis y alrededor de la arteria aorta. 

Por último, el que menor asiduidad registra: la diseminación hematógena. Como su propio nombre indica, se realiza a través de los vasos sanguíneos, «preferentemente hacia el hígado, hueso y pulmón», destacan desde la AECC. 

¿Qué tipos de cáncer de ovario existen?

Este carcinoma no solo se diferencia por su historia natural, sino también por su clasificación según los nombres de las células de las que derivan. Según la AECC, para conocer el tipo de tumor, «debe realizarse una laparotomía obligatoriamente». 

En primer lugar, y con mayor peso se encuentra el carcinoma epitelial, que representa del 85 al 90 % de los casos. A continuación, están los tumores de células germinales, muy infrecuentes y los tumores del estroma, todavía si cabe, menos comunes que el anterior. 

Los tumores epiteliales de ovario se pueden dividir, a su vez, en cinco tipos

  • Tumores serosos: los adenocarcinomas serosos son los cánceres más frecuentes dentro de esta clasificación. 
  • Tumores mucinosos: representan el 15 % de los tumores malignos de ovario. Aparecen en mujeres jóvenes, y generalmente se diagnostican en estadios precoces, y por lo tanto, tienen un mejor pronóstico que los serosos. 
  • Tumores endometrioides: con un aspecto sólido y oscuro. La mitad de los casos son bilaterales y representan del 15 al 25 % de los cánceres ováricos. 
  • Tumores de células claras: tal y como su propia designación hace entender, las células que lo forman tienen un aspecto claro. El 5 % de los cánceres de ovario son de este tipo. El carácter bilateral varía entre un 20 y 40 %. 
  • Tumores indiferenciados: Las células que lo forman no se parecen a las de origen ovárico, y representan el 1,5 % de los casos. 

Más comunes a edades tempranas

Por otra parte, si bien los tumores germinales de ovario no son muy frecuentes, es importante señalar que aparecen en mujeres jóvenes, con un pico de incidencia sobre los 20 años. Eso sí, más allá de los 40 son raros, y se les considera responsables de un 5 % de los tumores ováricos malignos en mujeres. 

¿A qué edad suele aparecer el cáncer de ovario?

Lo más frecuente es que el cáncer de ovario aparezca en mujeres postmenopáusicas. La máxima incidencia de la enfermedad se sitúa entre los 50 y 75 años. Según la SEOM, la media está en torno a los 63. 

Aunque en este sentido, y para hablar de epidemiología, no solo importa la edad. Este tumor tiene diferentes incidencias según la zona geográfica. Es más común en países desarrollados. «Esto podría deberse al envejecimiento poblacional de estas zonas, así como a ciertos factores reproductivos, como la nuliparidad o ausencia de lactancia materna, ya que se consideran factores de riesgo», apunta la doctora Echevarría. 

¿Cuáles son las causas del cáncer de ovario?

La causa de este cáncer todavía no se conoce. Tal y como ocurre con otros tumores malignos, «se produce como consecuencia de una acumulación de alteraciones genéticas que deriva en un crecimiento y proliferación incontrolada de células epiteliales», explican desde la SEOM. Así, lo que todavía queda por desvelar son los mecanismos que la inducen. 

Con todo, han sido varios los estudios epidemiológicos que situaron factores de riesgo, «y tener alguno puede aumentar la pobabilidad de padecer cáncer, pero no significa que se vaya a desarrollar», señala la doctora María Quindós, oncóloga médica responsable de tumores ginecológicos del Hospital Universitario de A Coruña y miembro del Grupo Español de Investigación en Cáncer de Ovario (Geico). 

La mayoría de ellos son modificables «como la edad, ya que cuanto más mayor más riesgo, o los factores genéticos», precisa la doctora Isabel Echevarría. Alrededor del 10 al 15 % de los casos se deben a mutaciones de predisposición al cáncer: «Sobre todo, genes con predisposición al cáncer de mama y ovarios, o relacionados con tumores digestivos», señala la secretaria científica la SEOM. 

Algunos estudios también apuntan a una dieta rica en grasa «o a la exposición al talco», dice la SEOM. Eso sí, no se dispone de estudios concluyentes al respecto. 

Por el contrario, sí se conoce la relación que existe entre este carcinoma y factores hormonales o relaciones con la reproducción: «Una historia menstrual larga con una primera regla a una edad temprana, menopausia tardía o la ausencia de embarazos se consideran factores de riesgo por un mecanismo de ovulación incesante, que producen microtraumatismos en la superficie ovárica aumentando el peligro», detalla la oncóloga del Hospital Universitario Gregorio Marañón. 

Ya por último, la experta señala también, como posibles causas, a la endometriosis y a la obesidad. Eso sí, a este último le otorga «un leve incremento del riesgo». En cualquier caso, siempre que exista «una historia familiar de numerosos casos de cáncer de ovario y de mama es importante que las mujeres realicen revisiones ginecológicas periódicas», precisa la doctora Quindós. 

La SEOM explica el peso hereditario en este tipo de tumor, asociado a casos de mutaciones de los genes BRCA 1 y BRCA 2. Aunque destaca que «no todas las mujeres que los contienen desarrollan cáncer de ovario o mama». Es más, señala que existe evidencia ventajosa: «Las pacientes portadores de estas mutaciones tienen una mayor supervivencia porque se han sometido a controles más exhaustivos, lo que hace que puedan ser diagnosticadas en una fase más precoz de la enfermedad», destacan. 

¿Cuáles son los síntomas del cáncer de ovario?

Este es probablemente uno de los apartados más importantes a tener en cuenta cuando se habla de cáncer de ovario. «Las etapas iniciales suelen cursar sin síntomas, o siendo muy leves, lo que los hace pasar desapercibidos y se confunden con procesos benignos», señala la Sociedad Española de Oncología Médica. «Es cuando se disemina por la cavidad abdominal cuando ya puede producir distensión abdominal, molestias digestivas o alteraciones en el tránsito intestinal», explica la doctora Isabel Echevarría, que añade: «Son debidos a la afectación del peritoneo y a la presencia de ascitis, líquido libre en esta zona del cuerpo». 

Lo grave de esta situación es que pueden ser entendidos como dispepsia o gases y por lo tanto, no tener supervisión médica. A medida que el tumor crece, aparecen también otros síntomas como la pérdida de apetito, la sensación de plenitud abdominal tras comer, aunque sean cantidades pequeñas y la pérdida de peso. 

Pero no solo esto, sino que el líquido también se puede acumular en la pleura cerca de los pulmones y dificultar la respiración o generar en sensación de falta de aire. 

Ya por último, el crecimiento de una masa ovárica en la pelvis «puede afectar a la estructuras vecinas, sobre todo, la vejiga y el recto, manifestándose en diuresis frecuentes, diarreas, estreñimiento y dolor abdominal o pélvico», recoge la SEOM. 

Síntomas que deben motivar a la mujer a acudir al médico

  • Distensión abdominal progresiva
  • Sensación repetida y persistente de plenitud con la comida, incluso en pequeñas cantidades. 
  • Molestias pélvicas y/o abdominales que persisten y no tienen una explicación lógica
  • Molestias al orinar y defecar que persisten y no se explican por otras causas
  • Sangrado vaginal inapropiado

Fuente: SEOM

¿Cómo se diagnostica?

El primer paso, ante la sospecha, es realizar una evaluación general que incluya: 

  • Historia completa y exploración física de la pelvis, y exploración ginecológica. 
  • También se suele realizar una analítica de sangre y una radiografía de tórax. 

De igual forma, los profesionales suelen realizar exploraciones radiológicas, o lo que es lo mismo, pruebas de imagen: 

  • Ecografía ginecológica, que permite «identificar con bastante precisión los ovarios y detectar tumores ováricos», precisa la SEOM, que añade: «esta prueba es necesaria». 
  • Tomografía Axial Computerizada de abdomen y pelvis. El conocido TAC proporciona mucha información «sobre el tamaño y la localización en la pelvis, la presencia de afectación a ganglios linfáticos regionales, la existencia de ascitis y de metástasis viscerales en bazo o hígados», detalla la entidad nacional. Esto último, se considera poco frecuente. 

Además, se podrán realizar otras pruebas como una resonancia nuclear magnética, un PET-TAC o una cistoscopia, entre otras. Eso sí, en toda paciente con el diagnóstico clínico de tumor de ovario es necesario realizar una laparotomía para la toma de biopsia. Esta será la que permita saber el diagnóstico definitivo y la estadificación de la enfermedad. 

Criterios para el diagnóstico clínico de un cáncer de mama-ovario hereditarios del grupo de trabajo de la Sociedad Española de Oncología Médica: 

  • Un caso de cáncer de mama menor o igual a 40 años. 
  • Diagnóstico de cáncer de mama y ovario en la misma paciente. 
  • Dos o más casos de cáncer de mama, uno de los cuales es bilateral o en menor de 50 años. 
  • Un caso de cáncer de mama en mujer de menos de 50 años o bilateral, y un caso de cáncer de ovario en familiares de primer o segundo grado. 
  • Tres casos de cáncer de mama y ovario en familiares de primer y segundo grado. 
  • Dos casos de cáncer de ovario en familiares de primer o segundo grado
  • Un caso de cáncer de mama en varón y al menos un familiar de primer o segundo grado con cáncer de mama u ovario.

¿Qué indica el estadio?

Como sucede con otros tumores, el cáncer de ovario se divide en varios estadios según la extensión de la enfermedad. Este se considera el factor pronóstico más importante. Así, las pacientes con tumores en estadios iniciales (estadios I y II) tienen una mayor supervivencia que aquellas que tienen tumores avanzados (estadios III y IV), y por lo tanto menor probabilidad de recurrencia tras el tratamiento. «El I indica que el tumor está limitado a los ovarios o trompas de Falopio. El estadio II sucede cuando el tumor involucra a ambos ovarios o se ha extendido al interior y/o a la pelvis. Por su parte, el III, que es el que más se diagnostica, sucede cuando el tumor ha llegado al peritoneo más allá de la pelvis y/o a los ganglios linfáticos, y finalmente el IV, cuando se produce metástasis a distancia. Es decir, en órganos fuera del abdomen», explica la doctora Quindós, miembro del Geico. 

¿Cuál es el tratamiento? Los que cambian la historia natural del cáncer de ovario

La Sociedad Española de Oncología Médica señala que el tratamiento se basa en la combinación de cirugía con la extirpación quirúrgica de todo el tumor existente, seguido de quimioterapia. 

El procedimiento elegido dependerá del grado de extensión de la enfermedad, y la situación clínica de la paciente. De ahí, que la medicina personalizada se considere vital en este tipo de tumor: «En todas las mujeres afectadas se realiza un estudio genético a nivel del tumor, así como a nivel de sangre periférica. Es fundamental para destacar que el cáncer de ovario tenga un componente hereditario, ya que esto tendría importantes implicaciones para la paciente y su familia», explica la doctora Echevarría. 

Para la secretaria científica de la SEOM el tratamiento ha vivido una gran evolución en los últimos años: «Las pacientes cada vez tienen mayor supervivencia y mejor calidad de vida», indica. Prueba de ello han sido las importantes investigaciones que permitieron la incorporación de nuevos fármacos: «El bevacizumab, que actúa frente a la vascularización anómala de los tumores, y, sobre todo, los inhibidores de PARP, como olaparib, niraparib o rucaparib. Estos han revolucionado el tratamiento del cáncer de ovario y cambiado la historia natural de la enfermedad», celebra la oncóloga. Un efecto que las pacientes con mutaciones en BRCA1 y BRCA2 han percibido de forma «notable».

La doctora Quindós apunta a que estos avances se han conseguido gracias «a un mejor conocimiento de la biología molecular del tumor», y añade: «Hay que tener en cuenta que se deben a la investigación desde la básica a la clínica, con la colaboración de las pacientes que participan en los estudios clínicos». 

Eso sí, una evolución que no permite menospreciar la importancia de la cirugía en este tumor, la cual cuenta «cada vez con más evidencia», sostiene la doctora. Es por ello que dice: «La operación en quirófano puede cambiar el pronóstico de los pacientes». 

Soledad Bolea, expaciente de cáncer.

Soledad Bolea, expaciente de cáncer de ovario: «Estuve cuatro meses diciendo que me sentía mal»

Lucía Cancela

Soledad Bolea tenía 37 años cuando, en el 1992, le diagnosticaron cáncer de ovario. Su hija, cinco. «La noticia fue muy impactante», reconoce, «la última persona a la que imaginaría que esto le podría pasar era a mí». El 8 de mayo se conmemora el Día Internacional del Cáncer de Ovario, un tumor cuya supervivencia se sitúa en el 40,9 % y se considera la primera causa de muerte en cáncer ginecológico al ser diagnosticado habitualmente en estadios avanzados.

¿El peligro? Sus síntomas que más allá de alertar, confunden: «Soy la típica persona que estuvo tres o cuatro meses diciendo: “Me siento mal”. Los médicos de cabecera empezaron a darme vueltas. Me decían que podría ser un tema de alergias o respiratorio», recuerda. Mientras tanto, Soledad estaba agotada. Iba perdiendo fuerzas a medida que pasaba el tiempo, sentía presión al orinar y no lograba controlar la micción por completo.

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Lucía Cancela
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Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre una de mis pasiones, la nutrición.

Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre una de mis pasiones, la nutrición.