Riesgo de melanoma: «En verano, lo correcto sería utilizar ropa que nos cubra bien o al menos que tenga mangas»

Lucía Cancela
Lucía Cancela LA VOZ DE LA SALUD

ENFERMEDADES

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La exposición solar es el mayor factor de riesgo en los distintos cáncer de piel, pero la genética también influye | Este lunes es el Día Europeo de la Prevención del Cáncer de Piel

23 jun 2022 . Actualizado a las 16:57 h.

Cada verano suenan las mismas voces de alerta dando a conocer el peligro de la cultura del bronceado. Ponerse moreno cueste lo que cueste, aun sabiendo que poco a poco se están barriendo resquicios de nuestra salud cutánea. El cáncer de piel es una realidad que crece en cifras y regiones afectadas, este lunes es el Día Europeo de la Prevención del Cáncer de Piel. Al contrario de lo que podía suceder en el pasado, los distintos tipos que alberga el paraguas de esta enfermedad se dejan ver también en España.

Antaño, por ejemplo, era (y sigue siendo) un problema reconocido en zonas del Pacífico como Australia o Nueva Zelanda. «Allí hay muchísimo sol, pero la gente tiene fototipos propios del norte de Europa, porque fueron los que emigraron. Por esta razón, es un problema social y económico, con lo cual, las campañas son muy intensas respecto a la protección solar. tal y como sucede aquí con el tabaco», explica Rosa María Marti, catedrática de Dermatología de la Universidad de Lleida y jefa de la sección de Dermatología del Hospital Universitario Arnau de Vilanova de Lleida.

Que sí. El típico prototipo de surfero o surfera californiana que pasa muchas horas bajo el sol puede quedar muy bien en pantalla, pero fuera de la ficción pinta diferente. ¿Un consejo? Mejor no exponerse, que echarse crema. 

Por el momento, la mayoría de españoles tiene suspendida la asignatura de cultura solar. ¿Quién pone la nota? Los casos en alza de este tipo de tumores. Es más, todos los años en la costa se pueden ver los distintos perfiles ante la inminente llegada del calor: el que no se pone crema, el que come en la playa, el que se la echa solo al llegar, el que pasa el día o el que tiene el escote quemado. Según la Asociación Española contra el Cáncer, con datos extraídos de la Agencia Internacional para la investigación del Cáncer de la OMS, durante el año 2021 se detectaron en España 27.940 casos de tumores de piel (5.767 de melanoma, y 22.173 pacientes de otros tipos).

En cambio, en el 2012 hubo 24.431 personas diagnosticadas, de las cuales 5.079 pertenecían al melanoma, y 19.352 a otros cánceres. Con todo, «los números están aumentando, probablemente mucho más de lo que reflejan las estadísticas dado que muchos no se recogen en los registros», apuntan desde la campaña Euromelanoma. Un desconocimiento que sale caro. 

¿Qué es el cáncer de piel?

El cáncer de piel es una enfermedad maligna, producida por la división y crecimiento descontrolado de las células que lo forman. «Estas tienen capacidad para invadir los tejidos y estructuras sanas de alrededor y en algunos casos, llegar a otros órganos a distancia», señalan desde la AECC. 

¿Qué tipos existen?

Cuando se habla de cáncer de piel se suele generalizar, sin embargo existen diferentes tipos que se distinguen, esencialmente, por el qué lo produce. Hablamos del conocido melanoma, y de los carcinomas cutáneos no melanoma, con menos fama pero más frecuentes. 

Melanoma

El melanoma no es el más habitual, «pero sí de los más graves», señala Rosa María Marti. Deriva de los melanocitos, «que son las células que fabrican la melanina y que dan color a nuestra piel», explica la experta en esta enfermedad. De ahí, el color característico de este tipo de lesiones: marrón o negro. Cuando son pequeños «se pueden confundir con un lunar», indica. 

Gran parte de los melanomas surgen en la piel que ha sido expuesta al sol, ya sea por un impacto continuado, como sucede con una persona que trabaje al aire libre, o debido a las exposiciones intermitentes, que derivan en las quemaduras solares en la playa. 

Así, «cuando los daños producidos por esta radiación superan la capacidad que el cuerpo tiene de repararlos, se producen mutaciones en estas células que las hacen perder el control de su proliferación. Si esta no es detenida por las propias células, o si el sistema inmune no es capaz de detectarlas y destruirlas, el melanoma aparece», explica la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM).  

Mayor riesgo de metástasis

Si bien el melanoma es poco frecuente, ya que supone aproximadamente el 5 % de los tumores de piel, es también el más peligroso. Su riesgo de metástasis es mayor: «Con volúmenes pequeños, es decir, con profundidades de más de cuatro milímetros, las probabilidades de metástasis a distancia son bastante altas», explica la doctora Marti, que añade: «Necesitamos diagnosticar el carcinoma a un tamaño mucho más pequeño para que, con la extirpación quirúrgica, nos aseguremos que no llegue a otras partes», explica la catedrática de la Universidad de Lleida. De lo contrario, el crecimiento de las células tumorales puede producirse con gran velocidad: «No solo son capaces de crecer muy rápido, sino que pueden invadir los tejidos adyacentes y colonizar órganos secundarios», indica Berta Casar, investigadora del Ibbtec (CSIC-UC-Sodercan) y especializada en estudiar los mecanismos del cáncer de piel. 

El origen principal de la metástasis es todavía desconocido. No obstante, hay sospechas que pueden explicarlo: «Los melanocitos producen la melanina que nos protege del sol. Al estar entrenadas para aguantar la radiación ultravioleta sin morirse, se cree que cuando son malignas, también pueden aguantar la quimioterapia y la radioterapia», señala Marti. 

Resistencia que pone de manifiesto la importancia de la medicina innovadora en el tratamiento del cáncer: «Actualmente, solo puede tratarse con los tratamientos personalizados, que trabajan todo el sistema inmune. Se ha conseguido frenar un melanoma diseminado con medicina que se da por vía general, ya sean en inyecciones o en pastillas», explica la experta. Un hecho relativamente reciente: «Hace cinco o diez años, si un paciente tenía metástasis no se solía curar», explica. 

Carcinomas cutáneos no melanomas

En el otro lado de la balanza se encuentran los carcinomas cutáneos, de los cuales el más frecuente es el cáncer cutáneo no melanoma. En este se diferencian dos tipos. El basocelular, «que es el más común de todos. Tiene mucha agresividad local en el lugar en el que nace, pero su crecimiento es muy lento y prácticamente nunca se disemina al resto del cuerpo», precisa la jefa de Dermatología en el hospital catalán. El segundo tipo, menos frecuente que el anterior pero más que el melanoma, es el carcinoma escamoso: «Solo se disemina al resto del cuerpo ocasionalmente», añade la experta. 

En función de las células afectadas, los carcinomas cutáneos se pueden dividir en

  • Basocelulares: atacan las células basales de la epidermis, encargadas de renovar la piel. Representan del 70 al 80 % de los carcinomas. 
  • Espinocelulares o escamosos: en este tipo, las células implicadas son las espinosas, que están situadas en la zona más externa de la epidermis. Suponen, aproximadamente, el 20 % de los carcinomas. 

El crecimiento de estos tumores es «muy lento y tiene poca tendencia a invadir ganglios o producir metástasis a distancia», explican desde la AECC. Esto favorece a su índice de curación, que es muy alto, aun cuando las personas que lo padecen tardan meses (o incluso años) en acudir al médico. 

Además, se caracteriza por tener un buen pronóstico. Es decir, en general «puede decirse que se cogen a tiempo», responde la experta. La intervención quirúrgica suele poner el punto y final al tumor. Sin embargo, el problema de este tipo de cáncer es el impacto estético: «Hay que tener en cuenta que la mayoría de carcinomas son en la cara, por lo que una operación de un tumor grande puede alterar la forma de la nariz, boca párpados y orejas», señala la doctora.

La mortalidad, en cambio, es relativamente baja: «Puede suceder que si son muy grandes y reaparecen no se puedan extirpar. En ese caso puede infiltrarse profundamente y matar al paciente», explica. Existen casos, pero son muy poco frecuentes. 

Factores de riesgo: mejor no tomar el sol

El melanoma es uno de los tumores que más está aumentando en incidencia en occidente, «debido probablemente a los hábitos de exposición solar y quizá también a una mayor concienciación de la población que consulta más a sus dermatólogos ante la aparición de lesiones en la piel», señala la SEOM. 

La radiación ultravioleta suele ser la causa principal del cáncer de piel. Es más, es el factor ambiental de mayor peso en todos los tipos. Las dos clases de radiación ultravioleta a las que nos exponemos alcanzan diferentes profundidades de la piel según el tipo que sea. Así, «el daño de los rayos ultravioleta sobre el ADN y los tejidos es proporcional al tiempo y a la intensidad con la que nos alcanzan», explican desde Euro melanoma, que añade: «lo cual es diferente según el tipo de piel que los recibe». 

Por ello, los profesionales sostienen que una exposición excesiva no trae nada bueno. En el mejor de los casos, provocará arrugas y envejecimiento de la piel, en el peor, algún tipo de cáncer de piel. 

Con todo, quien dice que algo de sol es necesario tiene toda la razón: «Los rayos UVB estimulan la producción de vitamina D3, que es importante para el crecimiento, desarrollo de huesos y muchas otras funciones», señala la campaña internacional. Sin embargo, una pequeña dosis diaria es suficiente. 

Aunque el peso del sol es innegable «y la única causa conocida en el melanoma», señala la catedrática de la Universidad de Lleida, «también existen factores constitucionales que favorecen o protegen de desarrollar un cáncer de este tipo», añade la profesora.

Así las cosas, la exposición puntual, excesiva e intermitente a la radiación ultravioleta está relacionada con una mayor probabilidad, lo que puede explicar que «los melanomas se localizan preferente en zonas no expuestas al sol de forma habitual como es el caso de la espalda y las piernas», detalla la AECC. Se suele desarrollar, especialmente, en personas de piel y ojos claros con dificultad para broncearse y que además, hayan sufrido quemaduras solares en la infancia o en la adolescencia. 

Pero esto no es todo lo que incluye, sino que además existen otros factores de riesgo: 

  • La existencia de antecedentes familiares o personales de este cáncer. 
  • La presencia de muchos lunares en la piel (más de cincuenta).
  • Xeroderma pigmentoso, una enfermedad hereditaria que afecta a la capacidad de las células de la piel para reparar el daño causado en su ADN. 
  • Existencia de quemaduras solares con ampollas en la infancia y adolescencia.
  • Edad avanzada, al igual que sucede en otro tipo de tumores. 

Por su parte, los carcinomas cutáneos aparecen, sobre todo, a partir de los 50 años. El perfil más afectado son las personas mayores que se han expuesto al sol de forma crónica: «Respecto al melanoma, parece ser que serían peores las quemaduras del sol. En cambio, existen otros tipos de cánceres de piel más relacionados con la exposición crónica, la cual sucede por ejemplo en personas que trabajan al aire libre», detalla la dermatóloga.  

Los usuarios de cabinas solares, expuestos a la radiación solar durante todo el año

Como era de esperar, las cabinas de sol también entran dentro del grupo “a evitar”. «De por sí, son malas. La diferencia con el sol, es que este solo se puede tomar en ciertas épocas del año, mientras que las cabinas están disponibles todos los días. Además, los usuarios de estas instalaciones, también van después a la playa. No suelen acudir exclusivamente a las cabinas», señala la jefa de dermatología del Hospital Universitario Arnau de Vilanova de Lleida. Algo que, de por sí, aumenta el riesgo. 

¿Quiénes tienen más probabilidades de padecer cáncer de piel?

Si bien es cierto que los cánceres de piel son más comunes en personas mayores de 50 años, que se han expuesto al sol durante varias décadas, también puede aparecer a cualquier edad y en cualquier individuo. Sin embargo, suma puntos cumplir alguna de las siguientes características: 

  • Piel clara o con facilidad para sufrir quemaduras solares
  • Han sufrido quemadura solares durante la infancia o con frecuencia en la edad adulta
  • Pasan mucho tiempo al sol, ya sea por ocio o por trabajo
  • Utilizan cabinas de bronceado
  • Tienen más de 50 lunares en todo el cuerpo
  • Tienen algún familiar con cáncer de piel
  • Son mayores de 50 años
  • Se les ha realizado un trasplante de órgano

Así las cosas, la exposición puntual, excesiva e intermitente al sol está relacionada con una mayor probabilidad, lo que puede explicar que «los melanomas se localizan preferente en zonas no expuestas al sol de forma habitual como es el caso de la espalda y las piernas», detalla la AECC. Se suele desarrollar, especialmente, en personas de piel y ojos claros con dificultad para broncearse y que además, hayan sufrido quemaduras solares en la infancia o en la adolescencia. 

Señales de alarma: lesiones en la cara o en el tronco

Los cánceres de piel pueden hacerse ver mediante cualquier tipo de lesión en la piel, ya sean manchas, costras, nódulos o úlceras, así como con una evolución en las mismas (crecimiento, distinta forma o color, sangrado o picor). Estos signos de alerta deben ser suficientes para consultar la situación con un dermatólogo.

Para ello puede resultar útil la regla del ABCDE. El A corresponde a asimetría: «Es decir, que la mitad de la lesión sea plana o abultada o de otros colores», indica Rosa María Martí. La B es de bordes. Si estos son irregulares o dentados, se podría sospechar. La C es de color: «Un melanoma puede tener diversos colores aparte del marrón claro o negro en la misma lesión. Puede ser blanco, grisáceo o rojizo», señala la profesora de la Universidad de Lleida. «La D viene del diámetro. Si está por encima de los 6 milímetros y además, otras características nos puede hacer pensar en un melanoma. Finalmente, la E que pertenece a la evolución», explica la profesora Marti.

Si la lesión ha cambiado en un tiempo relativamente breve (como mucho, tres años) sí podría hacer pensar que se trata de una lesión anormal. Por regla general, un cáncer de piel no provoca ningún tipo de síntomas. «Si viniese acompañado de dolor de huesos, de cabeza, falta de apetito o adelgazamiento, podría ser muestra de metástasis», detalla la dermatólogo. En ese caso, la revisión de los expertos no llegaría tarde, «sino tardísimo», apunta. 

El aspecto de las lesiones de carcinoma cutáneo no melanoma es muy variado. A diferencia del melanoma no están pigmentadas de color marrón «porque las células que las fabricas son son las de la melanina». Por el contrario, se presentan como manchas o bultos que van creciendo «de forma sostenida a lo largo de los meses, y que se ulceran con mucha facilidad», cuenta la doctora, que añade: «Le aparece una herida pequeña en el centro que sangra un poco, parece que se cura pero con el simple roce de una toalla se vuelve a abrir», añade. 

Prevención, con ropa y evitando las horas más cálidas

El cáncer de piel tiene bastantes papeletas para evitarse. «Puede verse y por lo tanto, detectarse en una fase temprana, y su principal factor de riesgo, que es la exposición a rayos UV, se puede reducir», indican desde Euro Melanoma. La profesora Marti Laborda propone varias medidas en materia de prevención: «En la medida de lo posible hay que evitar las horas de sol intenso. Esto serían dos antes y dos después del mediodía, lo que equivale más o menos de 12 a 4», explica la doctora. 

Uso de ropa protectora

«Sobre todo en los meses de verano, lo correcto sería utilizar ropa que nos cubra bien o al menos que tenga mangas, llevar un gorro con alas y aunque no tenga que ver con el cáncer de piel, utilizar gafas de sol», explica la dermatóloga. 

Evita la luz solar directa durante el verano, cuando la radiación UV está en sus máximos niveles

«En la medida de lo posible hay que evitar las horas de sol intenso. Esto serían dos antes y dos después del mediodía, lo que equivale más o menos de 12 a 4», explica la doctora. 

Busca la sombra y aplica regularmente los protectores solares.

En ese sentido, y especialmente en el entorno urbano, la doctora Marti recomienda aprovechar las sombras naturales y arquitectónicas: «Yendo por la acera que no da el sol y cubriéndonos por edificios o árboles», explica. 

Extremar las medidas de protección en el caso de los niños, «ya que durante esta etapa de la vida los daños del sol tienen una mayor influencia en aumentar el riesgo de cáncer de piel». 

Por último, la fotoprotección solar

«Entendiéndola como un filtro, y no como una pantalla, por mucho que a veces nos la intenten vender así», precisa. Para la experta no es cuestión de «ponerla y estar todo el día al sol», sino de mantener las medidas anteriores y extender la crema de forma regular y después de cada zambullida o actividad con sudor. 

Pensar en la exposición solar como algo exclusivo de un día a la playa es un concepto erróneo. Esta puede ser dañina también con otras actividades: 

  • Exposición al sol fortuita, tiempo que se pasa al aire libre en días soleados durante las rutinas diarias. 
  • Exposición recreativa al sol, que es el tiempo empleado en actividades deportivas al aire libre. 
  • Exposición solar por razones laborales, como puede ocurrir con un agricultor o socorrista. 
  • Exposición al sol deliberada, cuando la persona decide exponerse. 

Sin embargo, esto no es todo. También existe la prevención secundaria, que implica la detección del cáncer de piel e sus fases más tempranas. ¿Cómo conseguirla? Mediante las autoexploraciones regulares. 

¿Cómo identificar el tipo de piel?

Tipo 1

Piel blanca, a menudo con pecas, extremadamente sensible y con facilidad para quemarse. El cabello es de color rubio o rojizo. Los ojos, azules o verdes. 

Tipo 2

La piel sigue siendo clara, pero algo más oscura que el primer tipo. El cabello se encuentra a medio camino entre rubio y rubio oscuro. Los ojos son azules, y aunque la piel se considera sensible al sol, esta se broncea lentamente y es propensa a las quemaduras solares. 

Tipo 3

La tez es ligeramente más oscura, y el cabello se mueve entre el rubio oscuro y el castaño. La piel es ligeramente sensible al sol, se broncea con facilidad y dura mucho tiempo. 

Tipo 4

La piel es marrón claro, el cabello es castaño oscuro o negro y los ojos oscuros. La piel es resistente a las quemaduras, se broncea rápidamente y este también durante mucho tiempo. 

¿Dónde suelen aparecer?

«El melanoma puede estar en el tronco y extremidades. Sin embargo, los carcinomas suelen aparecer en la cara, una zona que ha sido expuesta al sol durante toda la vida», comenta la doctora Marti. La campaña Euro Melanoma recuerda que dedicar un par de minutos al mes para comprobar si hay signos de cáncer de piel podría salvar la vida. 

Existe una forma correcta de hacerlo. En primer lugar, se debe elegir un espacio bien iluminado y utilizar un espejo completo. Con todo, en esta revisión no solo valen los ojos, «pues algunos síntomas pueden sentirse con facilidad antes de que se vuelvan visibles». Lo ideal sería acompañar el tacto con la mirada. 

Primero la cara, incluyendo la nariz, los labios, la boca y las orejas. A continuación es momento para el cuero cabelludo. Con un peine (o secador) se debe separar el pelo en capas para revisar todo el cuero cabelludo. Después, revisa la parte interna y externa de sus brazos, comenzando por las axilas y bajando por el codo hasta llegar a las manos. 

Momento para el cuello, pecho y la parte superior del tronco. En las mujeres, por ejemplo, también es necesario observar la zona entre y debajo de las mamas. 

El siguiente paso es darse la vuelta para mirar la espalda, desde el cuello hasta la zona lumbar. En los glúteos también puede aparecer cáncer de piel, por lo que será importante revisarlos. Finalmente, presta atención a las plantas de los pies y al espacio entre los dedos. Recuerda, aquí también da el sol. 

Si en algo existen los profesionales es en el conocido dicho: «La piel tiene memoria». Y tanto que la tiene: «Las células recuerdan todos los daños que hemos podido tener durante la infancia. Esos daños se van traduciendo en que cuanto más tiempo pasa (más edad), más riesgo de mutaciones y más agresividad en esas células cancerosas», explica Berta Casar, que concluye: «Al producirse esas quemaduras solares de las que se suelen pensar que no son nada, las mutaciones pueden surgir en cualquier momento, hacer que el lunar crezca y que las células invadan», añade la experta. 

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Lucía Cancela

Marisol Soengas (Agolada, 1968) es una de las gallegas que pone la ciencia por todo lo alto. Es experta en melanoma, una líder en su investigación, y además, lucha por visibilizar a todas las marisoles que como ella dedican su carrera al estudio de este y otros tumores. Primero trabajó con Margarita Salas, y después, decidió continuar en Nueva York y en Míchigan. Ahora, es directora del grupo de Melanoma en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) y vicepresidenta de la Asociación Española de Investigación contra el Cáncer (Aseica).

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Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre una de mis pasiones, la nutrición.

Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre una de mis pasiones, la nutrición.