Lotería de Navidad: ¿Por qué crees cada año que te va a tocar a ti?

Laura Miyara / Lois Balado LA VOZ DE LA SALUD

SALUD MENTAL

La Voz de la Salud

El cerebro emocional, la segregación de dopamina, el azar, el corazón y hasta el egoísmo. Un cóctel perfecto que traslada todas nuestras esperanzas al 22 de diciembre

22 dic 2021 . Actualizado a las 15:06 h.

¿Cuántas probabilidades hay de ganar el primer premio del sorteo de la Lotería de Navidad? Una entre 100.000. Aún así nunca perdemos la esperanza. Cada año confiamos en que será nuestro número el que resuene en el Teatro Real.

Por eso compras un décimo (¿uno?, ¡ja!, ojalá...) y te pones a canturrear el número para comprobar su sonoridad y si encajaría en la boca de un niño de San Ildefonso. ¡Vaya si encaja! Y te ilusionas. ¿Acaso nos vas a decir que nunca te has planteado en qué te ibas a gastar todo el dinero? ¿A quién le darías un pellizco porque se lo merece y a quién no?.

Y si te resistes, si este año dices que ya basta de tirar tus euros de 20 en 20, tranquilo, que ya está ahí la publicidad para ablandarte. O tu compañero de trabajo agitando el boleto que tú no compraste. Y que le toque a él y a ti no, no. Por ahí sí que no se pasa. Ya se encargará la tarde del 22 de diciembre de enterrar tus ilusiones, de ponerte a buscar migajas entre las devoluciones y las pedreas. Pero algo tiene este sorteo, un embrujo que te hace plantearte la posibilidad de hacer una cola para comprar lotería. Dudamos que en cualquier otra estación del año llegues hasta ese punto por un billete con cinco números. Dice la estadística que cada español se gasta casi 70 euros en lotería de Navidad. Y esto sucede independientemente de las probabilidades: cada décimo apenas tiene una oportunidad del 0,001 % de tocar. Aunque, claro, quien no juega, no gana.

Una «droga» navideña

La lotería de Navidad no es solo una cuestión de tradición o costumbre social. Según los expertos, la compra del décimo tiene efectos comparables a los de las drogas a nivel neurológico.

«Hay una parte del cerebro que es el cerebro emocional, que regula todas las experiencias agradables y desagradables. El mecanismo es el mismo para cualquier experiencia que pueda resultar placentera, desde comer un bombón hasta encontrarse con un amigo por la calle o escuchar música que te gusta mucho. Cualquier experiencia agradable libera dopamina y activa el sistema de recompensa del cerebro. La cosa es que ni siquiera hace falta vivir la experiencia. El que tú pienses que la vas a vivir ya hace que tu cerebro comience a secretar dopamina y activar este mecanismo. Eso es lo que pasa con la lotería», explica Casto Rivadulla, catedrático e investigador en Neurociencia de la Universidade da Coruña.

«Uno espera que le toque. Cuando uno compra el billete, no se pone a pensar en las matemáticas y en las probabilidades que tiene de ganar; si no, no jugaría nadie. Uno en lo que piensa es en qué va a hacer con el dinero. Si se va a comprar un coche o se va a ir al Caribe a disfrutar y no trabajar más. Con eso ya se activan los sistemas de recompensa en el cerebro», detalla.

Con estos mecanismos activos, ya no pensamos con la mente lógica. «El que tú sepas que te puede tocar ya te convierte en un ser irracional. Si fuéramos personas racionales, nadie jugaría a la lotería, y no haríamos todas las cosas que hacemos: comprar siempre en el mismo sitio, jugar siempre al mismo número, como si eso aumentara las posibilidades de que nos toque el premio», señala Rivadulla.

Esta pérdida de la racionalidad se ha comprobado en experimentos en los que a los sujetos se les crea la expectativa de que recibirán una cantidad de dinero. «Esto se hace dentro de una máquina de resonancia magnética en la que se ve qué zonas del cerebro se están activando. Se activa más la parte emocional del cerebro a medida que va aumentando el valor del premio que uno se puede ganar, independientemente de las probabilidades. A medida que aumenta la expectativa de ganar, aunque las probabilidades se mantengan, va a aumentar tu nivel de dopamina, tu interés en obtener ese premio», observa el investigador.

Otro punto clave para entender por qué nuestro cerebro disfruta tanto de la lotería es el hecho de que se trata de un juego basado 100 % en el azar: en los juegos que incluyen algún tipo de estrategia, el esfuerzo dedicado a pensarla y desarrollarla modifica el efecto de recompensa. «El nivel de activación es mayor cuando se cree que se puede ganar prácticamente sin hacer nada», dice Rivadulla.

En este sentido, la lotería es similar a las máquinas tragaperras, «con la diferencia de que estas cuentan con otra cosa a favor, que es la inmediatez. En la lotería, el premio no se da hasta dentro de dos meses. En las máquinas, tú echas la moneda y en el mismo momento sabes si te tocó o no. Eso hace que juegues más», señala el neurocientífico. «Esto también es evidente en la lotería. A pesar de que los billetes se empiezan a vender en verano, la gente no los compra hasta los últimos días. Esperas a que esté cerca el sorteo, porque entonces hay una relación entre los dos sucesos que eres capaz de imaginar. Si hay demasiado espacio temporal entre la compra y el sorteo, la expectativa no llega a producirse. Entonces, una cosa es comprar un décimo en septiembre y otra comprarlo hoy. Si compras hoy, la asociación entre la compra del billete y el suceso es más fuerte, y la liberación de dopamina es mayor», explica.

¿Y si me toca la lotería?

Lamentablemente, y en contra de la sabiduría popular, ganar la lotería no proporciona una felicidad duradera ni una satisfacción que nos lleve a dejar de jugar para siempre. Al contrario: si te toca la lotería, lo más probable es que vuelvas a comprar uno o varios décimos el año que viene. «Si ganas, a la expectativa se suma la recompensa. Si no te toca, te da un bajón y por la tarde ya te olvidas y te vas a otra cosa. Si te toca, el subidón que te da hace que al día siguiente te vayas a jugar a la del Niño», asegura Rivadulla.

Según explica el experto, el mecanismo y los grupos de neuronas implicados en la lotería de Navidad son los mismos que median en la adicción a las drogas y a cualquier otra cosa. «Siempre digo que lo peor que te puede pasar cuando metes una moneda a una tragaperras es que te toque. Porque si metes una moneda y no te toca, a la cuarta vez, no vuelves a meter una moneda. Sin embargo, si metes una moneda y te toca, eso crea en tu cerebro un circuito de recompensa. Entonces, corres el riesgo de que meter la moneda te produzca mucho placer, y ya no estás pendiente de si te toca el premio o no, sino que buscas la sensación que te provoca el juego. Te vas a pasar el día buscando el subidón», detalla. Aunque, afortunadamente, la lotería «no genera tolerancia en el mismo sentido que las drogas, porque la recompensa no está garantizada. Es muy difícil que te vuelva a tocar la lotería si ya te ha tocado. En cambio, las drogas te provocan tolerancia porque el consumo trae consigo la recompensa», aclara Rivadulla.

¿Es peligroso o adictivo jugar en el sorteo de Navidad?

¿Significa esta tradición navideña (que roza con la obsesión, para qué engañarnos) que tengamos un problema con el juego? Lo aclara Marta Labrador, profesora de la Universidad Complutense de Madrid, coordinadora del equipo de investigación de adicciones comportamentales y colaboradora del Consejo general de la Psicología de España: «Si uno solo compra lotería de Navidad en un momento particular del año, los estudios vienen a decir que, aparentemente, no tiene que haber ningún problema derivado de ese consumo compulsivo y que se debe a que en este país está muy arraigado eso de querer compartir con el resto, de vivir emociones conjuntamente y dar mucha cabida a esa parte de esperanza e ilusión en que pase algo positivo».

Ahora bien, ¿quiere decir que esto de dejarnos un buen puñado de euros en el sorteo más cacareado del año es sano? Pues lo sentimos, pero no podemos darles una respuesta afirmativa que aplaque sus conciencias. «No es sano. Es cierto que si nos circunscribimos a la lotería de Navidad, las investigaciones dicen que no tiene por qué haber ningún problema de juego. Al final, los datos revelan que en España el 100 % de la población mayor de 18 años juega a la lotería de Navidad», explica Labrador, aunque incide en que la estadística tiene matices: «El porcentaje se ha sacado de un estudio de prevalencia a nivel nacional y viene a decir que, en general, jugamos a cualquier juego alrededor del 85 % de la población, pero que cuando es lotería de Navidad lo hace el 100 %. Es un sorteo muy especial vinculado a un momento del año muy especial».

Ahora bien, debemos ser conscientes de cómo caemos en la trampa. «Fíjate cómo vende la lotería. ¿Cuál es el mensaje que te trasladan? Jamás te dicen cuál es tu probabilidad de ganar. Siempre te dicen el bote que hay y suelen informarte de la cuantía del primer premio. Ni siquiera se habla del segundo o del tercero. Te están mandando mensajes con información de lo que puedes conseguir sin decirte cuál es la probabilidad de conseguirlo, es un poco engañoso. También esa idea de la ilusión que genera compartir más allá de lo que te toque o no te toque. Eso lo empaña un poco todo. En realidad es un sinsentido», explica la profesora universitaria en la Complutense. 

En definitiva, nuestra fe en la lotería tiene muy poco de científico y mucho de superstición. Su éxito depende, en principio, mucho de tu creencia en la suerte y del desconocimiento de la probabilidad. Pero sin duda una parte capital del mérito se la lleva el marketing. «Ese mensaje que en la lotería de Navidad siempre subyace. Ese ''es una vez al año'' y que el premio es tan grande que te ilumina los ojos, que lo importante es compartir y estar juntos. Fíjate los anuncios que saca siempre Loterías y Apuestas del Estado. Siempre son iguales», analiza Marta Labrador. «Saben muy bien cómo tienen que vender. Si te fijas en los anuncios de la SELAE de Navidad siempre van al corazón. Y frente al corazón, no cabe la razón».

Tú pobre y el del al lado rico

José Manuel Fariña Darriba, psicólogo sanitario y director del centro Harmonía de terapia integral, añade nuevos matices al porqué de nuestra predilección por la lotería de Navidad. «También somos una sociedad egoísta. La necesidad de comprar porque los otros también compran juega un papel importante, no vaya a ser que le toque al de al lado y a mi no me llegue a tocar. Existe ese contagio egoísta por parte de la sociedad que nos obliga a comprar la participación o el décimo que compra tu vecino», analiza.

Reconoce Fariña Darriba que tampoco ve un riesgo excesivo de conductas adictivas en el sorteo de Navidad. «Se trata más de una cuestión social, de hacerlo como tradición, que de una conducta adictiva». De hecho, Marta Labrador también constata que «en cualquier juego de la SELAE (Sociedad Estatal Loterías y Apuestas del Estado), particularmente en la lotería de navidad, no hay datos que indiquen que sea un juego especialmente peligroso. La confección del juego no promociona que tengas adicción, no está hecho para engañar», matiza.

En cualquier caso y aunque estén todos estos datos sobre la mesa, como probablemente tu cerebro te haya hecho ir a la administración a comprar algún décimo, desde La Voz de la Salud te deseamos mucha suerte con tu número. Faltaría más.