¿Por qué te atrae una persona?: «El olor de la piel y el cabello es el más poderoso de los atractivos»

Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez LA VOZ DE LA SALUD

SALUD MENTAL

La Voz de la Salud | iStock

Se trata de un proceso complejo en el que se combinan elementos biológicos, psicológicos y sociales

15 feb 2022 . Actualizado a las 13:06 h.

En el día de San Valentín se habla mucho de amor, deseo y atracción. Sin embargo, aunque somos conscientes cuando alguien nos gusta o nos desagrada, no siempre somos capaces de dar una explicación lógica a esas emociones. Primero hay que partir de la base: estamos hablando de procesos en los que se combinan elementos biológicos, psicológicos y sociales, teniendo en cuenta la cultura en la que nos educamos o vivimos. Solo la conjunción de estos factores nos ayudará a conocer por qué alguien nos atrae, y si hay suerte, incluso enamorándonos. 

¿Por qué me atrae una persona?

A lo largo de nuestra vida conocemos y socializamos con muchas personas. Somos seres sociales y emocionales, y necesitamos atención de otros. Sin embargo, no todas nos provocan el mismo interés. ¿Por qué? Elena Daprá, psicóloga sanitaria experta en bienestar psicológico en la empresa y vocal de sección del Colegio Oficial de Psicología de Madrid, considera fundamental partir de las leyes de la atracción para entender por qué sentimos más deseo hacia unas personas que otras. La primera sería la familiaridad. «El roce hace el cariño», afirma, y añade que «tú tienes contacto con alguien y al final acaba pareciéndote atractivo por ese trato constante». 

La segunda ley sería la atracción física. El físico influye mucho a la hora de sentirnos seducidos por una persona u otra. No sentimos deseo por una persona que no nos parece guapa. La tercera, la de la personalidad. Los estudios psicológicos identifican unos rasgos significativos: «Si tú eres una persona competente, y además eres cálido y amable, tienes más probabilidades de resultar atractivo para cualquier persona». 

Otra ley de la atracción sería la de la proximidad. Escogemos a quien tenemos cerca, en nuestro entorno. «Con esto nos referimos a que te puede gustar mucho Brad Pitt, pero no vas a tener nada con él, no está en tu eje, por así decirlo», afirma Daprá. Y la última sería la de la semejanza. Nuestra pareja no tiene por qué ser igual a nosotros, pero tiene que compartir ciertas inquietudes o aficiones, «porque la tendencia es a escoger personas con las que tienes cosas en común». No obstante, la psicóloga remarca que «puede suceder que solo se dé una de esas leyes, pero en general se suelen mezclar tanto para atraer como para no hacerlo». 

Leyes que influyen en la atracción: 

  • Familiaridad 
  • Atracción física
  • Personalidad 
  • Proximidad
  • Semejanza

¿Y a la hora de elegir pareja? «Todos los seres humanos nos regimos por estas leyes, pero a mí puede resultarme atractiva una persona y al final no elegirla para compartir mi vida con ella». Daprá recalca que «elegimos a quien querer, pero no eliges de quien enamorarte, porque la toma de decisión sobre una pareja es un proceso interno subjetivo. No obedece ni a la razón, ni a la evolución, ni a la presión cultural, ni a nuestros valores o planes».  

Los estudios psicológicos sobre la elección de pareja apuntan a dos teorías. Por un lado la evolucionista, considera que buscamos a alguien que nos acompañe con el que tengamos más probabilidades de sobrevivir y reproducirnos como especie. Es decir, teniendo en cuenta criterios biológicos. «Por ejemplo, si tienes unas medidas entre la cintura y la cadera simétricas significa que tienes unas mejores características para ser fértil», indica. 

La otra hipótesis apunta a que nuestra preferencia a la hora de escoger a una persona responde a procesos sociales, y no biológicos. Según esta, las leyes de la atracción están guiadas por el rol que tienen hombres y mujeres en la sociedad que vivimos: «Buscamos lo que nuestro entorno espera que encontremos». Una de las defensoras de esta teoría es la psicóloga Alice Eagly, que considera que las mujeres se sienten atraídas por los hombres con más dinero y poder porque la sociedad ha limitado su habilidad para tener ambas cosas. «Tenemos un techo de cristal, nos tenemos que dedicar más a los hijos... por lo que según esta teoría la mujer elegiría a un hombre con estas características para poder vivir mejor y contrarrestar ese límite que se nos ha puesto», amplía Daprá. Sobre qué teoría sería más precisa, la psicóloga considera que no se trata de elegir: «Nada es genético ni nada es aprendido, todo se mezcla». 

Entonces, ¿qué factores influyen en que dos personas se atraigan? Existen dos criterios. Por un lado el biológico, que tiene que ver con el sexo que nos atrae, y por otro lado, lo que estamos buscando, porque determina el objetivo. «Si yo estoy buscando un rollo, sexo y nada más, voy a poner el interés en una serie de características, y si busco una pareja sentimental, otras», aclara la psicóloga. 

¿Existen unas personas que atraen más que otras? 

No existen unas características específicas para que alguien nos resulte atractivo, pero sí deberían de darse una serie de factores. Daprá comienza enumerando algunas, como la seguridad en uno mismo: «La autoconfianza resulta importante, eso no significa tener ego o ser una persona prepotente». Otra sería ser divertido e interesante, ya que «una persona que solo sepa hablar de un tema no va a despertar interés, salvo que sea sobre un asunto que le gusta a ambas personas y ahí se daría la ley de la semejanza». 

Entrando en la disposición y aspecto físico, un lenguaje corporal abierto transmite confianza e indica una disposición a querer relacionarse con la gente: «Cuando no se tiene aptitud, el ser humano es coherente y se va a reflejar en su postura corporal». Siguiendo con la apariencia, la simetría resulta más atractiva, ya sea a nivel facial o haciendo referencia a todo el cuerpo, «dentro de la estructura facial hay estudios que dicen que según como sea tu óvalo de la cara puedes resultar más o menos atractivo para otras personas».  

En cuanto al cuidado personal, un olor agradable resulta más seductor y también influye a nivel hormonal. «En el caso de las mujeres, tiene mucho que ver con el momento del ciclo porque hay momentos biológicos en los que la mujer está más propensa a ligar, tener relaciones o encontrar pareja, ya sea de tipo sexual o afectivo», declara.

Sobre la voz, la psicóloga apunta a que en relaciones heterosexuales a los hombres les gusta una aguda en las mujeres, y a estas una grave en los varones. Y ya por último, subraya cómo actúan las pupilas: «Nos delatan siempre, se dilatan cuando alguien nos gusta». 

¿Y cómo se explica que alguien deje de atraerme?

Una persona deja de atraernos cuando cambia. Es decir, dejan de estar presentes elementos que la hacían atractiva. Partiendo de la base de que lo sano psicológicamente es ser uno mismo, Daprá especifica que no se sabe «si le vamos a gustar más, si vamos a dejar de gustarle o si todo seguirá igual», y añade que «si modificas la esencia de alguien, por ejemplo cuando queremos que vista más pijo, más sociable… Las características que tú quieras. Luego nos damos cuenta de que desaparecen los elementos por los que nos atraía y por los que a lo mejor no habíamos enamorado. Con lo cual la persona que tengo enfrente "no es la persona de la que me enamoré". Una frase que se suele oír mucho».

Qué pasa en nuestro cuerpo cuando alguien nos atrae: liberación de hormonas y neurotransmisores

Cuando estamos con una persona que nos atrae, ¿cómo es ese proceso en nuestro cuerpo? Lo primero a tener en cuenta, es que todo nos entra por los ojos. Cuando vemos a alguien que nos gusta, sentimos una atracción física sexual gracias a la vista. Conchi Lillo, doctora del departamento de Biología Celular y Patología del Instituto de Neurociencias de Castilla y León (INCyL) y vocal de la Sociedad Española de Neurociencia (SENC), indica que «lo primero que se activa es el área de la corteza occipital encargada del reconocimiento de caras, pero la que se activa más intensamente cuando vemos a la persona que nos gusta de verdad es la ínsula del hemisferio izquierdo, que se encarga del reconocimiento de rostros atractivos y donde relacionamos nuestro estado corporal en los procesos emocionales, es decir, ver a esa persona nos produce placer». 

En cuanto a los neurotransmisores que se generan en nuestro cerebro en este proceso, la científica apunta al aumento de norepinefrina y la adrenalina. Así, «se acelera el ritmo de nuestras pulsaciones, sube nuestra presión arterial y nos acabamos ruborizando o sintiendo ese nerviosismo propio de cuando nos gusta alguien, que asociamos con las mariposas en el estómago». 

Aunque la vista es el sentido más importante, hay otros que también tienen peso en la química sexual, como el olfato. «El olor de la piel, el cabello y de nuestro cuerpo en general es el más poderoso de los atractivos. Los olores son esas puertas directas a nuestro mundo emocional, al deseo y la atracción. El sentido del olfato es una parte importante del sistema límbico del cerebro, un conjunto de áreas cerebrales relacionadas con la evocación de los recuerdos emocionales. Aparte de eso, al parecer, el deseo que alguien produce en nosotros parece tener relación con un elemento de nuestro sistema inmunitario, el antígeno leucocitario humano o complejo mayor de histocompatibilidad», explica Lillo. Los antígenos leucocitarios humanos (HLA por sus siglas en inglés) son proteínas que ayudan al sistema inmunitario del cuerpo a diferenciar entre cuáles son sus propias células y las sustancias extrañas o nocivas.

Entonces, ¿cómo interviene el HLA en la elección de una pareja sexual? La neurocientífica afirma que «se ha comprobado que buscamos parejas sexuales con un antígeno leucocitario humano distinto al nuestro, y esta diferencia hace que tanto el deseo como la satisfacción sexual sean mayores, y tiene que ver con la supervivencia de la especie». Es decir, las parejas con un HLA distinto incrementarían la posibilidad de que su descendencia tenga resistencia a un número mayor de enfermedades porque el sistema inmunitario de los hijos toma elementos del padre y de la madre. ¿Y cómo conseguimos detectarlo? Por el olor de la persona. «Pese a que aún no está claro cómo es que el HLA define el olor de nuestro cuerpo, está probado que estas características se encuentran en fluidos como sudor y saliva, por lo que las neuronas olfativas identifican el antígeno leucocitario humano aunque nosotros no seamos conscientes de ello», especifica, y añade que «otorga una demostración científica al popular refrán de que "los opuestos se atraen"».

¿Y SI EMPIEZO A ENAMORARME?

En el posible enamoramiento que se produce después de la fase de atracción influyen otros factores distintos. «Es aquí cuando se producen una serie de cambios químicos en los niveles de distintos neurotransmisores y hormonas que incrementan aún más las sensaciones experimentadas durante la atracción. En el hipotálamo y la hipófisis se secretan endorfinas y oxitocina, también conocida como la hormona del amor, que se producen normalmente en situaciones de excitación como cuando practicamos deporte, con el consumo de chocolate, el enamoramiento y el orgasmo. En esta fase producen sensación de bienestar y euforia y nos sentimos felices al contemplar a la persona amada. Esto nos lleva a la fase del enamoramiento, que está determinada por altos niveles de feniletilamina, un compuesto orgánico de la familia de las anfetaminas. Incrementa la euforia, disminuye el sueño y el apetito y nos acaba provocando las sensaciones más intensas del enamoramiento», explica Lillo. 

La doctora especifica como todas estas acciones generan una reacción en cadena, provocando que el cerebro genere dopamina. Una sustancia que activa el área de recompensa del cerebro generando placer. Además del amor, está relacionada con el juego o las adicciones. «La dopamina estimula el hipotálamo, activando los núcleos del deseo sexual y el hipocampo, que guarda la memoria emocional. Estas áreas tienen receptores para la oxitocina, que se libera motivada por el contacto físico o la idea de tenerlo: abrazos, caricias, besos... y también durante el orgasmo. No queremos que se vaya nunca porque al hacerlo nos provoca mono, al igual que otros procesos adictivos», argumenta. 

De esta forma, queremos repetir comportamientos que nos hicieron sentir bien en algún momento. Incluso recordarlos, ya que «al parecer somos capaces de liberar oxitocina solo con el hecho de pensar en esa persona». Como buena noticia para las parejas que no se ven a menudo o que desgraciadamente, han sufrido una pérdida, la neurocientífica asegura «de esta manera nos podemos sentir muy unidos a una persona que ni siquiera vemos». 

Se creía que el principal órgano del amor era el corazón, pero en realidad es el cerebro.

José Ángel Morales, neurocientífico: «El enamoramiento dura como mucho cuatro años»

Cinthya Martínez

«Fue amor a primera vista». Es una frase típica, y afortunadamente para lo agraciados que la afirman, también cierta desde el punto de vista científico. José Ángel Morales García, neurobiólogo del Departamento de Biología Celular de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, explica cómo las personas, al igual que los caprichos materiales o las comidas, «nos entran por los ojos». En el momento en el que el sistema visual envía a nuestro cerebro la información sobre lo que está apreciando, empieza todo un proceso en el que intervienen distintas áreas cerebrales y sustancias neuroquímicas que, en el caso de que se trate de la persona elegida, se irán desencadenando durante la historia de amor.

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Cinthya Martínez Lorenzo
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De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.