Síndrome de burnout, cuando el trabajo nos provoca ansiedad, tristeza y hasta fallos de memoria

Laura Inés Miyara
Laura Miyara LA VOZ DE LA SALUD

SALUD MENTAL

El síndrome de burnout ocurre cuando el estrés laboral se vuelve crónico.
El síndrome de burnout ocurre cuando el estrés laboral se vuelve crónico. La Voz de la Salud | iStock

Mientras que episodios puntuales de estrés no representan un riesgo, la clave está en atajar estos problemas a tiempo: el burnout aparece por acumulación

12 abr 2022 . Actualizado a las 16:20 h.

«Últimamente, nadie tiene ganas de trabajar». Así se expresaba la socialité Kim Kardashian en una entrevista reciente para la revista Variety. El vídeo, que fue viral en redes sociales, provocó una fuerte reacción por parte del público. En general, la observación de Kim resultó insensible en un contexto en el que muchas personas, en especial aquellas que trabajan en puestos considerados esenciales, sufren de burnout.

El estrés en el trabajo puede llegar por distintas razones. Puede tratarse de momentos puntuales de dificultad u obstáculos que haya que resolver, puede que se planteen unos objetivos de productividad demasiado altos que no lleguen a cumplirse, que se asignen responsabilidades que no sean acordes al puesto o simplemente una carga de trabajo superior a la que puede afrontar la persona. Pero, más allá de estas situaciones puntuales, cuando el estrés se prolonga en el tiempo, puede desembocar en la sintomatología patológica del burnout.

Un agotamiento extremo, sentimientos cínicos y de apatía con respecto al trabajo son los síntomas más comunes del síndrome de burnout, que responde a la prolongación del estrés en los ámbitos laborales. Cuando la tensión y el estrés en el trabajo se hacen crónicos, las personas comienzan a experimentar esta respuesta, que tiene como consecuencia, paradójicamente, una caída de la productividad que puede contribuir a ese mismo estrés. De esta forma, romper con el círculo vicioso del burnout se vuelve crucial para poder afrontar los desafíos laborales desde una posición más ventajosa y volver a construir una relación sana con la profesión.

«Hablamos de burnout cuando la situación que vive la persona en el trabajo le produce niveles de estrés muy elevados y al mismo tiempo presenta niveles de satisfacción muy reducidos. Sus capacidades de afrontamiento se ven sobrepasadas ante las situaciones laborales a resolver», explica el psicólogo Jorge Lareo Otero, del Instituto Psicológico Cláritas.

Así, mientras que episodios puntuales de estrés no representan un riesgo, la clave está en atajar estos problemas a tiempo: el burnout aparece por acumulación. Las personas «suelen experimentarlo por varias causas, entre las que se encuentran la falta de seguridad laboral, un exceso de trabajo prolongado en el tiempo, una confusión entre expectativas y prioridades del trabajador, la desvalorización de su puesto, o un exceso de compromiso en relación a las responsabilidades del trabajo», describe Fernando Díez Ruiz, psicólogo y profesor de la Universidad de Deusto.

Cuando nos «quema» el trabajo

El síndrome de burnout acompaña situaciones de problemas o retos laborales a los que uno no tiene la capacidad de enfrentarse. «Esto puede suceder porque la tarea me resulta demasiado complicada, porque la tarea no me motiva ni me satisface o bien por las dos cosas a la vez. Otro factor que influye en el desarrollo de este síndrome es la percepción por parte del trabajador de que no cuenta con el respaldo de compañeros o jefes en la empresa en quienes pueda apoyarse en el momento en el que se ve desbordado. Es importante resaltar que es la percepción de que no existen apoyos, por lo tanto puede existir un apoyo pero la cuestión es que el trabajador lo perciba», explica Lareo.

El burnout puede ocurrir cuando «el trabajador se implica en exceso y el entorno no le devuelve con la misma moneda, por lo que se empieza a quemar. Aunque existen muchas causas que lo pueden producir, es el modo que se elige para afrontar el problema lo que causa el burnout. La persona no responde correctamente a una situación determinada, se acumula el estrés y al cabo de un tiempo se transforma en burnout», caracteriza Díez.

Asimismo, los estudios señalan que los trabajadores que tienen un trato directo con clientes son los más expuestos: médicos, enfermeras, maestros, trabajadores sociales, consultores, entre otros. «Son trabajos que a veces conllevan exigencias excesivas y producen tensiones que afectan a los aspectos emocionales y cognitivos de las personas», señala Díez.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que las otras esferas en las que se desarrolla la vida de alguien afectan directamente a la salud mental. Más allá del trabajo, cuando uno atraviesa circunstancias personales adversas tiene mayor riesgo de sufrir burnout y, del mismo modo, una vida personal enriquecedora y nutrida nos protege contra el síndrome.

Factores de riesgo:

  • Rasgos obsesivos de personalidad
  • Baja autoestima
  • Perfeccionismo o autoexigencia alta
  • Inestabilidad y desregulación emocional
  • Déficit de habilidades sociales
  • Falta de una buena red social de apoyo

Cómo saber si tengo burnout

«Los principales síntomas son un incremento del agotamiento físico y mental, un estado de tristeza y negatividad que llevan a la persona que lo padece a tener un menor rendimiento laboral, además de sentirse triste, ansioso, irónico y evitar la vida social. Te sientes débil y agotado, sin ganas de hacer nada, por lo que tiendes a aislarte en el trabajo y a disminuir tu rendimiento laboral. En el entorno de trabajo los compañeros perciben esto, el cambio de la persona y la deriva que va tomando», describe Díez.

En general, el burnout se puede manifestar con síntomas ansioso-depresivos en distintas esferas:

  • Físicos: Agotamiento, problemas de sueño, ralentización motora, falta de compromiso con las responsabilidades.
  • Cognitivos: Dificultad para mantener atención, baja autovaloración, rumiación obsesiva por preocupaciones laborales, olvidos o faltas de memoria.
  • Emocionales: ansiedad, tristeza, irascibilidad, apatía.
  • Sociales: Aislamiento, conflictos con compañeros, familiares o amigos.

«Las personas del entorno social pueden detectar señales de burnout tales como la irascibilidad, el aislamiento, el empobrecimiento de su autoestima o conflictos», señala Lareo.

El proceso del burnout

Como suele ocurrir con los problemas psicopatológicos, el burnout no se dispara de un día al otro, sino que se trata de un proceso. Lareo lo describe en tres fases:

«Al principio, el trabajador puede empezar a percibir que hay situaciones laborales que no es capaz de afrontar. También puede empezar a percibir que no existen apoyos a los que poder acudir mientras se ve desbordado, viéndose solo y sin recursos. Y también puede pesar que no esté satisfecho con las funciones que realiza en el trabajo. Son estos tres factores, en mayor o menor medida, los que empiezan a generar síntomas como tensión muscular, rumiación, es decir, dar vueltas a todo lo que le preocupa, estado emocional de miedo, ansiedad o frustración», explica.

Con el tiempo, esto da paso a una «pérdida de autoestima y confianza en sí mismo». «Al percibir que no es capaz de afrontar los retos laborales y/o que el trabajo que realiza no satisface sus metas e intereses, comienza a desarrollar una imagen de sí mismo como “mal trabajador” o “trabajador incompetente”», relata Lareo.

Por último, «al mantenerse esta situación, aumenta la frecuencia y la intensidad de los síntomas, y pueden aparecer nuevos síntomas depresivos tales como la tristeza, la apatía y la desesperanza. Esto hace que empeore cada vez más la actitud en el trabajo, aumentando la falta de motivación y de compromiso, mostrándose el trabajador cada vez más distanciado de la empresa», dice Lareo.

Cómo evitar el burnout en los espacios de trabajo

La prevención del burnout es una tarea que se debe encarar de forma institucional o a nivel de la empresa. El empleador es el encargado de fomentar un ambiente laboral sano que permita a las personas desempeñarse de la mejor forma posible. Para eso, las estrategias más efectivas están relacionadas con la consolidación de una buena comunicación en los equipos de trabajo. Atender y escuchar periódicamente a los trabajadores y su situación individual puede ser una buena idea, así como evaluar con cierta frecuencia la adecuación de las tareas que se les asignan.

Claves para combatir el burnout entre tus empleados:

  • Escucha activa y comprensión de la situación personal del trabajador
  • Permitir los descansos que se necesiten dentro de las posibilidades
  • Reevaluar las labores que cada persona está desempeñando: ver si están encontrando dificultades, si les motivan
  • Facilitar el apoyo que necesiten dentro de las posibilidades: orientación de cara a desempeñar las tareas, asignación de nuevas tareas más motivadora
  • Facilitar o recomendar un espacio de salud mental

Al mismo tiempo, hay herramientas que nos pueden ayudar a nivel individual para que el estrés al que nos enfrentamos en el trabajo no nos afecte tanto. Díez recomienda, en este sentido, «respetar el horario de trabajo evitando prolongar la jornada, delegar tareas a otras personas para evitar la sobrecarga laboral, reservar un tiempo para uno mismo, dedicar tiempo de calidad con los demás, solucionar los problemas personales con otros compañeros de trabajo, procurar ser realista con tus metas y capacidades, ser flexible con las expectativas, y practicar algún deporte».

«Hay que prestar atención a las situaciones prolongadas de estrés o de exigencia emocional. Es un vaso que se va llenando y debemos monitorizar nuestra situación y tomar distancia para observar si nos encontramos bien o mal, si podemos llevar la carga de trabajo cómodamente o no llegamos, si es puntual o es continuo, si me apoyo en los compañeros o me encuentro solo», aconseja Díez.

En definitiva, se trata de no caer en la trampa de la sobreexigencia. En este sentido, mensajes como el de Kim Kardashian pueden resultar dañinos: vivimos en un mundo que, muchas veces, nos lleva a priorizar el trabajo por encima de otros aspectos de la vida hasta puntos en los que podemos llegar a poner en riesgo nuestra salud. De todos modos, hay momentos en los que una carga de trabajo más elevada o un mayor estrés del habitual es inevitable.

«Cuando estamos estresados hay que tomar medidas para no ir más allá, recurrir a comportamientos que nos ayuden: practicar deporte, la lectura, ir al cine o distraerse, pasear al aire libre, ir al monte o practicar la meditación o el yoga. Hay que cambiar nuestros hábitos de trabajo procurando no sobrecargarnos o asumir más tareas de las que podemos realizar. Pero cuando es inevitable, nos podemos preparar en estos períodos de estrés para compensar la actividad en el trabajo con el relax y el descanso fuera de él. Viene a ser como un mecanismo de compensación», propone Díez.

Comienza a meditar en solo tres pasos

Laura Miyara

Cuando se trata de fortalecer nuestra salud mental, pocas herramientas son tan efectivas como la meditación. Aprender a meditar es una de las formas más sencillas y económicas de sobrellevar períodos de ansiedad, estrés o angustia, ya que hacerlo permite reducir significativamente la incidencia de los pensamientos negativos y las preocupaciones.

¿Qué es la meditación?

La meditación es una práctica que tiene miles de años de historia. Aunque originalmente se utilizaba como ritual que formaba parte de la vida espiritual de las personas, su uso se ha extendido como un recurso que permite «afinar» la mente como si se tratara de un instrumento musical.

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Laura Inés Miyara
Laura Inés Miyara
Laura Inés Miyara

Redactora de La Voz de La Salud, periodista y escritora de Rosario, Argentina. Estudié Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y en el 2019 me trasladé a España gracias a una beca para realizar el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual de La Voz de Galicia. Mi misión es difundir y promover la salud mental, luchando contra la estigmatización de los trastornos y la psicoterapia, y creando recursos de fácil acceso para aliviar a las personas en momentos difíciles.

Redactora de La Voz de La Salud, periodista y escritora de Rosario, Argentina. Estudié Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y en el 2019 me trasladé a España gracias a una beca para realizar el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual de La Voz de Galicia. Mi misión es difundir y promover la salud mental, luchando contra la estigmatización de los trastornos y la psicoterapia, y creando recursos de fácil acceso para aliviar a las personas en momentos difíciles.