Miriam Al Adib, ginecóloga: «Si tuviéramos todos un orgasmo diario viviríamos en una sociedad mucho más tolerante»

Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez LA VOZ DE LA SALUD

LA TRIBU

La doctora Miriam Al Adib Mendiri es ginecóloga, obstetra y divulgadora.
La doctora Miriam Al Adib Mendiri es ginecóloga, obstetra y divulgadora. La Voz de la Salud

Hablamos con la mejor ginecóloga de España, según la plataforma Doctoralia, sobre endometriosis, violencia obstétrica, las alteraciones que provoca la vacuna del coronavirus en el ciclo menstrual y salud femenina

28 ene 2022 . Actualizado a las 12:46 h.

Miriam Al Adib es ginecóloga y obstetra, si bien reconoce que lo más le gusta es la divulgación. De hecho, no tiene miedo de hablar de violencia obstétrica, reconocer posibles errores de su profesión o alzar la voz para que se investigue sobre aspectos relacionados con la salud femenina. Incluso hacerlo ella misma, ya que esta extremeña lidera un estudio con el que se pretende conocer las implicaciones que la vacuna del coronavirus puede tener en el ciclo menstrual de las mujeres. Autora de tres libros, Hablemos de vaginas. Salud sexual femenina desde una perspectiva global, Hablemos de nosotras. Reflexiones de una ginecóloga rebelde y Entender la endometriosis, defiende la medicina y la práctica de la misma a través de una perspectiva global en la que se combina «ciencia, arte y humanismo». Quizás sea esa una de las claves que explican el hecho de que haya sido nombrada como la ginecóloga mejor valorada del país a través de la plataforma Doctoralia. Un reconocimiento que, además, recibe por segundo año consecutivo. 

- Acaba de ser galardonada por segunda vez como la mejor ginecóloga según Doctoralia, ¿cómo se siente?

- Estoy muy agradecida porque este es uno de los premios que más tienen en cuenta la valoración de las pacientes. Mi trabajo en realidad, es para ellas, y que me den un reconocimiento de este tipo me hace estar muy contenta. 

- Tanto en tus libros como en tus redes sociales se define como una ginecóloga «rebelde». ¿Por qué?

- Porque no voy asumiendo siempre a pies juntillas un único discurso en todas las cosas. Soy bastante peleona, busco muchas otras informaciones, las contrasto, y luego, me gusta llevar eso al terreno de la divulgación que es lo que a mí me encanta. Tratar cosas que están poco visibilizadas dentro de la salud sexual femenina. Siempre ando por la cuerda floja porque no son temas de divulgación típica como «hoy vamos a hablar de los miomas». No, vamos a profundizar en muchas cosas de las que no se suelen hablar. Y por eso lo de la ginecología rebelde. 

Luego siempre me gusta tener una perspectiva de la salud más global, incluso interdisciplinar. Si solo conozco sobre útero, ovario y mamas, no sé nada. No puedo atender a una paciente sin ver antes a una persona con todo su contexto. Por ejemplo, enfermedades como la endometriosis, que están tan invisibilizadas a pesar de que afecta a una de cada diez mujeres y que a muchas les genera una calidad de vida muy incapacitante, ¿cómo es posible que se puedan tirar casi la mitad de ellas una media de ocho años hasta ser diagnosticadas? Cuando lo revisas, ves que en lo que fallamos es que no se les da credibilidad cuando vienen a la consulta. Siempre digo que hay una serie de sesgos de género que se producen en las visitas médicas. Cuántas veces llega una mujer con un hipotiroidismo, anemia o cualquier enfermedad orgánica, diciendo que está cansada, tiene dolores y lo primero que le dicen es: «Eso será que estás deprimida». ¿Cómo pueden darse estas situaciones? Por eso tengo esa rebeldía. No me conformo con que las personas sean vistas de esa forma tan simplista porque la salud sexual de las mujeres tiene una complejidad con la que hay que saber hilar más fino. 

- Se han publicado los resultados de un estudio preliminar en el que colabora sobre las alteraciones en el ciclo menstrual tras la vacuna del coronavirus, en el que se concluye que la mitad de las encuestadas las ha sufrido. ¿Cómo puede afectar esta investigación en un futuro?

 - Estamos haciendo un estudio en el cual hemos conseguido encuestar a más de 17.000 mujeres, que es una participación bastante elevada, y de aquí podemos sacar conclusiones muy buenas. Lo que queremos es conocer si la vacuna influye en el ciclo menstrual o en otros aspectos como la posible aparición de nódulos en las mamas, ganglios en las axilas o un empeoramiento del síndrome premenstrual. En estos datos preliminares sale que casi el 50 % de las mujeres que se han vacunado sufren alteraciones en el patrón del sangrado menstrual. Pero ahora viene el estudio de verdad: dentro de todas esas mujeres tenemos que ver los grados. No es lo mismo que te altere la regla un poco, que te venga un poco antes o un poco después, a que te pases cuatro meses sangrando. Tenemos que estudiar cuáles son las alteraciones severas y cuáles menos, si es con la primera dosis o con otra… Analizar qué es lo que está pasando exactamente. De momento, parece que es el estudio más grande que se está haciendo, y a ver qué sale. Imagínate que el porcentaje de alteraciones es mínimo y no tiene mucha relevancia. Aunque sea una tontería, estos datos tenemos que tenerlos. Porque al igual que en una ficha técnica de cualquier medicamento te vienen los posibles efectos adversos, de la vacuna también debe suceder lo mismo. Una mujer a la que de repente le sale un bulto en la mama y desconoce que puede ser por la vacuna, va a salir despavorida a que le hagan una revisión. ¿Qué voy a hacer yo como ginecóloga? Le voy a pedir pruebas de imagen. Sin embargo, si yo sé que puede ser un efecto de la vacuna diremos: «Vamos esperar un poco a ver si desaparece». El manejo de este tipo de situaciones es diferente si tenemos datos o no, y debemos darle la importancia que tenga, ni más, ni menos. 

- En alguna ocasión ha reconocido que, sin saberlo, ha practicado lo que ahora se conoce como 'violencia obstétrica'. ¿Considera que el primer paso para erradicarla es reconocerla?

 - Sí. Es un tema controvertido y cada vez que lo saco la gente se enfada conmigo porque en general no quieren reconocer bajo ese término eso. Prefieren referirse a malas praxis y consideran que la violencia obstétrica no existe. Es un concepto que viene de la Organización Mundial de la Salud, no me lo he inventado yo. Más allá de si nos gusta o no el término, debemos escuchar a las mujeres e ir a la raíz del problema. ¿Qué nos hemos equivocado? Pues vamos a cambiarlo a partir de ahora. En ocasiones crees que estás haciendo las cosas bien y no sabes el daño que le estás haciendo a la otra persona porque si no, no lo harías. Debemos abrirnos a un debate respetuoso en el que escuchemos y reconozcamos nuestros errores. Y ya está. Los fallos, si sirven para aprender, bienvenidos sean. Ahora, si la cuestión se va a centrar en quién gana este debate dialéctico, no avanzamos nada. 

A mí tampoco te creas que me hace gracia el término violencia obstétrica, me suena fatal. Pero es una realidad. Existen muchas mujeres que se quejan de esto. Muchas de ellas serán por mala praxis, otras porque simplemente han padecido una experiencia complicada, y otras por sufrir violencia obstétrica. Vamos a sentarnos y decidir qué es cada una. Hablando podemos avanzar más que si nos quedamos en si nos gusta o no el término, o quién tiene el ego más grande. La expresión ya viene dada por la OMS, vamos a aceptarla y delimitar qué es y qué no es violencia obstétrica. 

 - ¿Qué es una mala praxis y qué es violencia obstétrica?

En una mala praxis tú haces algo que no está indicado. Si tú ejerces un trato deshumanizado o lo practicas porque «yo soy así» o porque es algo que haces habitualmente aunque no sea correcto, eso ya no es una mala praxis, es otra cosa, ¿no?

- ¿El debate alrededor del término es un obstáculo para erradicarla?

- Exactamente. El problema es desconocer lo que está pasando. Entiendo que hay que mirar mucho cómo legislar eso, revisarlo mucho. Porque yo no termino de ver que la violencia obstétrica se pueda legislar como violencia de género, considero que es otra cosa. Aunque  tiene un componente de que esto afecta a las mujeres por el hecho de ser mujeres, evidentemente, creo que la violencia de género tal como la entendemos es otra cosa. No me atrevo a dar mi opinión ahí porque me considero muy ignorante para hablar de leyes alegremente y considero que hay personas más expertas que saben cómo manejar esa terminología legislativa, pero no podemos decir, como las sociedades científicas, que no existe la violencia obstétrica, porque estás negando la mayor. Entiendo que es un término complicado. No obstante, yo no me centro en él si no en lo que engloba. 

- En el 2019 publicó un libro sobre la endometriosis. En él reivindicaba que queda mucho por hacer y por investigar. ¿Cree que se ha avanzado algo en este tiempo?

- No se ha avanzado mucho. No puedo decir cuantitativamente si se ha investigado mucho o poco, pero a nivel práctico, desde esa fecha hasta ahora, no he visto avances ni ningún descubrimiento extraordinario. En la endometriosis fallamos en todo. Para empezar, en la visibilidad de esta enfermedad. Si una mujer se está quejando de dolor y ya de entrada lo normalizamos y le decimos que a todo el mundo le duele la regla... No es lo mismo un dolor menstrual que se alivie con un paracetamol, a que acabes en urgencias cada mes con mogollón de fármacos y aun así te siga doliendo. Si la molestia produce una mala calidad de vida, del grado que sea, hay que mirar qué está pasando. Si no tenemos en la cabeza la posibilidad de que tenga endometriosis y lo primero que le decimos es que eso es normal, si empezamos así, va a tardar en ser diagnosticada.

Hay endometriosis que son de microimplantes y es difícil verlas en una ecografía. Si la paciente sufre una de este tipo, seguramente tenga la mala suerte de irse para casa sin saber qué le pasa. A no ser que te pares a escucharla y te des cuenta de que esa mujer tiene síntomas de endometriosis. Aunque tú no la diagnostiques, ya tienes la sospecha y puedes empezar a ayudarla. Sin embargo, si ni siquiera tienes en mente la endometriosis, y le dices a la mujer que está todo bien, luego muchas se enfadan y con razón. No hay retraso del diagnóstico como tal, es que ni siquiera se les presta atención. Si el diagnóstico les llega tarde pero se ha estado peleando y hemos cuidado todo lo que hemos podido para que no lo pase mal, la paciente lo entenderá. Lo que es sangrante es que te tires un mogollón de años yendo a urgencias y cada vez que vas te dicen que no es nada. Al final hasta ellas mismas se acaban creyendo que son invenciones suyas. Algunas incluso acaban llorando cuando les hago el diagnóstico, pero por una mezcla entre alivio y de rabia porque comentan que han estado un montón de veces en urgencias. Entonces, el hecho de que la enfermedad sea más visible ayuda a las mujeres porque hace que no se conformen y busquen saber qué les ocurre. 

- Debido a circunstancias sociales y económicas, se retrasa cada vez más la edad en la que una pareja decide tener hijos. ¿Es complicado el manejo del retraso de la maternidad?

- Sí, es un tema peliagudo en la consulta. Lo que yo no puedo decir como profesional es un mensaje tipo: «Ui pues ya tienes X años y hay que ponerse ya para tener niños». Primero hay que preguntarle si quiere ser madre. Puede que ya te diga que no, que no tiene intención. En ese caso, ya está, ahí se ha acabado la conversación. Por el contrario si me dice que sí, que le gustaría, como profesional debo trasladarle que cada año la reserva ovárica va bajando. Con cuarenta años, tal vez te quedas embarazada a la primera, o no, no somos adivinos. Hay quien dice que en ese momento no quiere y que si vienen en el futuro bien, y si no, también. Pues ya está, yo no soy nadie para decir lo que tiene que hacer cada quien con su vida. Así como tampoco puedo sugerirle a una paciente con endometriosis que se quede embarazada para mejorar la enfermedad. Ese tipo de mensajes de sugerir lo que tiene que hacer cada quien con su maternidad son completamente erróneos. Se trata de un tema peliagudo porque en ocasiones se maneja la información de una manera que parece que te están obligando a ser madre. Como profesional yo tengo que advertir que la reserva ovárica se va acabando. Pero solamente eso, avisar. 

- ¿La masturbación reduce el dolor menstrual?

- Sí, eso dice un estudio clínico. De todas formas a mí no me ha sorprendido que salga ese resultado. Hay que tener en cuenta que un orgasmo en sí mismo, ya sea con una misma o con otra persona, es una descarga de hormonas y neurotransmisores que dan mucho bienestar, se comportan como analgésicos incluso. Es un chute de hormonas de la felicidad, del bienestar, analgésicas y antidepresivas. Tengo la teoría de que si tuviéramos todos un orgasmo diario viviríamos en una sociedad mucho más tolerante (ríe).

- Su hermana también ha sido galardonada como la mejor doctora en medicina estética por la plataforma Doctoralia. ¿Es algo que viene de familia?

-  Las dos hemos salido por segundo año consecutivo, estamos que no nos lo creemos. Mi padre también era médico en un pueblo de Extremadura, en Villafranca de los Barros (Badajoz), y trabajaba en varios sitios dentro de Extremadura, finalmente en Almendralejo que es donde yo sigo viviendo. Era un médico de estos «todoterreno», estaba ahí siempre. La gente llamaba a casa diciendo que le dolía algo y ahí estaba él. Era una persona muy disponible para sus pacientes y la verdad es que eso lo hemos vivido desde pequeñas en casa. De ahí nos viene un poco la tradición. Mi padre era sirio, falleció hace más de diez años, aquí era uno más y lo querían un montón en el pueblo. Entonces, desde chiquita ves eso y quieres ser como él, como fue mi caso y el de mi hermana. La especialidad de Yasmin en realidad es medicina de familia, aunque luego lo combinó con la medicina estética y le ha ido genial, porque tiene un arte… que ahora solo se dedica a eso. Aunque también es verdad que al principio de la pandemia, cuando las cosas iban muy mal, lo dejó y se fue a trabajar con pacientes covid a un hospital en Ibiza, que es donde ella vive.

- Un libro que recomendaría. 

- Por supuesto, «Hablemos de vaginas» y «Hablemos de nosotras». Si no eres de mucha cultura libresca, es mejor «Hablemos de nosotras. Reflexiones de una ginecóloga rebelde», y si eres que te gusta saber mucho más al detalle «Hablemos de vaginas. Salud sexual femenina desde una perspectiva global». De todas formas, la gente que ha leído ambos dice que le han gustado por igual, así que cualquiera de los dos. 

- Algo que toda mujer debería hacer. 

- La práctica de quererse mucho a una misma. Luego si hablamos de ejercicio, se individualiza. No creo que la actividad física tenga que ser igual para todo el mundo, pero hay que moverse. Cada quien de la forma que más le guste: bailar, correr, natación, pilates... Hay muchas opciones. 

- Un desayuno que recomendaría. 

- Cuanta más comida real, mejor. Ingerir alimentos locales y de temporada. Si estás dentro de eso, lo estás bordando. No necesariamente tienes que comer así todo el tiempo, pero sí que es cierto que todo lo que salga de la fábrica, cuanto menos, mejor. 

- Un consejo para una mujer de 20, una de 40 y una de 60. 

- Para todas, quererse mucho, porque si lo haces no aceptas ciertas cosas que son malas para ti, como ciertas compañías o hábitos tóxicos que no vienen bien para a salud. Para una de veinte, disfrutar, porque está en una edad muy bonita en la que todavía estás explorando el mundo. Eso sí, evitar relaciones tóxicas a esas edades porque ahí es donde empiezan los problemas de autoestima. Tener los ojos bien abiertos y decir «no» a personas que nos generan ansiedad o sensación de desasosiego. Huir de relaciones que no te construyen y no te aportan cosas buenas. 

Para una de cuarenta, estás en la flor de la vida como se suele decir. No ponerse límites, la vida sigue, y no tener miedo porque las hormonas empiezan a hacer tonterías, porque en esa década ya empiezan a hacer cosas. La media de edad de la menopausia es de los 45 a los 55, teniendo en cuenta que a veces, años antes de que esta llegue, las hormonas ya empiezan a alborotarse. No te asustes, es un proceso, y no significa que haya que poner límites en tu vida. No estamos en una edad en la que nos tengamos que recoger, mientras estés viva, sigue disfrutando y soñando.

Y a las de sesenta, decir que la sexualidad es inherente al ser humano desde que nace hasta que muere. Y no significa que por tener cierta edad se acabe tu vida sexual. No caer en el «es que las mujeres mayores eso ya no lo hacemos». Seguir dándose placer a una misma, compartir ese placer, si no tienes pareja, por qué no, conocer a gente nueva. ¡Claro que se puede! Y hay muchas mujeres, que yo las veo en la consulta, que están felices y viviendo sin límites. Aceptar lo que viene. Es decir, si realmente tu salud empieza a estar más tocada, aunque lo que no puedes cambiar tienes que aceptarlo, lo que sí puedas… pues oye, venga. A seguir cuidándose y queriéndose a una misma. La vida hay que aprovecharla que estamos aquí cuatro días. 

Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez Lorenzo

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.