Jesica Rodríguez Czaplicki, psicóloga perinatal: «El shock, el aturdimiento y la negación es la respuesta inicial de los padres a los que les fallece su bebé tan pronto»

Laura Inés Miyara
Laura Miyara LA VOZ DE LA SALUD

LA TRIBU

Jesica Rodríguez es psicóloga y preside la Asociación Española de Psicología Perinatal.
Jesica Rodríguez es psicóloga y preside la Asociación Española de Psicología Perinatal. La Voz de la Salud

La muerte perinatal es un suceso trágico que ocurre a 2.000 bebés anualmente en España

20 abr 2022 . Actualizado a las 15:47 h.

Cristiano Ronaldo y Georgina Rodríguez comunicaron este martes el fallecimiento de uno de los bebés mellizos que esperaban. «Solo el nacimiento de nuestra hija nos da fuerza para vivir este momento con algo de esperanza y felicidad», expresaron los padres.

La muerte de un hijo es, sin duda, una de las circunstancias más dolorosas a las que se puede enfrentar una persona. Cuando esto ocurre durante el embarazo o en los primeros 30 días después del nacimiento, se trata de una muerte perinatal, un suceso que se da en uno de cada 200 fetos. En España, son 2.000 los bebés que mueren cada año pasadas las 24 semanas de embarazo o durante el primer mes de vida.

El duelo es un proceso natural de respuesta ante la pérdida de un ser querido. En el caso de los padres, la pérdida del hijo recién nacido o próximo a nacer tiene manifestaciones que van desde el dolor y la tristeza hasta el desarrollo de trastornos como la depresión o la ansiedad, que afectan a cerca de un 20 % de las personas que sufren este tipo de pérdidas. La psicóloga Jesica Rodríguez Czaplicki, presidenta de la Asociación Española de Psicología Perinatal, explica las complejidades de estos procesos.

—¿Cómo es el proceso del duelo perinatal?

—El duelo perinatal es un duelo con unas características especiales, debemos tener en cuenta que se trata de la muerte de un hijo o hija antes de nacer, y llega justo en el momento en que se espera la vida. Madres y padres sienten una pérdida no solo de su hijo o hija, sino de todo un proyecto de vida, de unas ilusiones, de un futuro. Además, es un duelo silenciado, negado, en el cual no hay memorias sensoriales, no hay un conocimiento de ese bebé más que en una experiencia de un embarazo que no llega a término de la forma esperada; se trata de un bebé que fallece intraútero o al poco tiempo de nacer, las expectativas, los proyectos se ven desaparecidos antes de vivirlos.

—¿Qué pasos se deben seguir en términos del protocolo actual ante estos casos?

—Informar pacientemente, en un espacio íntimo, hablando del bebé con respeto, dejar a la madre y padre tiempo para asimilar, tomar decisiones, ofrecer un apoyo continuo a estas familias, y permitirles desarrollar el proceso tal y como lo necesiten, proporcionarles espacios para despedirse de forma íntima, y sobre todo no caer en errores de minimizar su dolor.

—Es un momento sin dudas muy duro. ¿Cómo suele ser la respuesta de las personas ante esa situación?

—El shock y el aturdimiento es la respuesta inicial de las madres y padres a los que les fallece su bebé tan pronto, incluso una negación de lo que está ocurriendo. Pueden sentirse absolutamente fuera de sí, sin comprender realmente lo que ocurre, y esperando que haya un error. La intensidad del dolor es tan alta que necesitan un tiempo para hacerse a la realidad. Si bien es cierto que en los duelos solemos responder en un primer momento con un shock o negación, en el caso del duelo perinatal, esa sensación de irrealidad suele ser más alta. Como todo duelo, es un proceso personal, y en esto sí coincide con otros duelos: hay que respetar los tiempos y las emociones, así como la forma de vivirlo de cada madre y pareja. El respeto es la palabra clave en el acompañamiento a los procesos de duelo.

Manifestaciones frecuentes del duelo perinatal:

  • Emocionales: Sentimientos de tristeza, añoranza, culpa, rabia, autocrítica, desesperanza, soledad, vacío. Puede haber una sensación de pánico. Se puede sentir un alivio, en casos de embarazos no deseados o embarazos de riesgo.
  • Físicas: Dolor, trastornos del sueño y alimentarios, cansancio, fatiga, debilidad, molestias gástricas, opresión en el pecho, sensación de nudo en la garganta, dificultad para tragar o para hablar, falta de aire, hipersensibilidad al ruido.
  • Cognitivas: Búsqueda del significado de la pérdida. Ambivalencia ante la idea de un nuevo embarazo. Bloqueo mental. Incredulidad. Confusión. Desorganización. Dificultades de atención, concentración y memoria. Pensamientos e imágenes recurrentes.
  • Perceptivas: Pseudo-alucinaciones visuales, auditivas o movimientos fetales fantasmas. Sueños relacionados con el bebé y percepción de ralentización del tiempo.
  • Conductuales: Desapego y evitación social, sobre todo de mujeres embarazadas y bebés. Hiperactividad o hipoactividad. Mantenimiento de la conexión con el bebé perdido.

—¿Como profesional, cómo ofreces consuelo o apoyo a las personas en ese momento?

—Validando sus emociones, dándole realidad y entidad a ese bebé que ha fallecido, a veces no es necesario decir mucho, pero sí hacerles saber que estamos presentes, nombrar al bebé de forma que se muestre el mayor respeto, haciéndoles sentir que valoramos esa vida.

—¿Qué puede hacer la familia o el entorno de la persona para acompañar?

—Un poco es algo similar, acompañar desde las necesidades de la pareja a la que le ha muerto su hijo o hija, estando presentes pero dejándoles espacio; sentir la necesidad de los padres de hablar o no del bebé, y no caer en errores como decir que pasará, que tendrán otro, que son jóvenes.

—¿Por qué es importante ofrecer ver al bebé? ¿Esto ayuda a elaborar el duelo?

—El hecho de que padres y madres puedan despedirse de su bebé de manera íntima y calmada es muy beneficioso, que puedan verle, sentirle, hacer real la vida y muerte de su hijo, y guardar un recuerdo de él. Pero es importante respetar la decisión de los padres, informar sin forzar, darles tiempo para tomar la decisión de verle o de hacer fotos.

Protocolo

Las recomendaciones que guían a los profesionales sanitarios para actuar ante casos de muerte perinatal se enfocan en proveer un estándar de cuidados que refleje el deseo natural de los padres de ver y abrazar a su bebé tras el nacimiento, y brinde herramientas útiles para atravesar el proceso. 

«No existe un protocolo generalizado, sino que dependerá de las pautas de actuación de cada hospital. Es decir, que cada hospital contará con una serie de recursos totalmente diferentes. Es muy importante facilitar a las familias apoyo y acompañamiento psicológico a lo largo de todo el proceso, ya que esto contribuye a que puedan transitar su duelo de una forma mucho más saludable», explica la matrona Sara Guzmán.

La primera clave en este sentido es la escucha, que también es un consejo para cualquier persona del entorno de la familia que ha perdido al bebé. Se recomienda mostrar una actitud de atención y escucha sin juicio. No hace falta tener las respuestas indicadas, y es mejor evitar recurrir a frases hechas del tipo «Sé fuerte» o «Ya verás que todo estará bien». La escucha no debe estar focalizada en intentar evitarle el dolor o la tristeza a la persona afectada, sino en acompañar, ofrecer cuidados y crear el espacio para que esas emociones sean vividas y procesadas de manera segura. 

«Muchas veces, sentimos la necesidad de decir o hacer cosas para eliminar el dolor de esa familia. Con el tiempo y la experiencia, he aprendido que no existe nada que puedas decir que alivie su dolor. No se trata de eliminarlo, sino de reconocer su pérdida, de escuchar y validar sus sentimientos, porque a pesar de haber perdido a su bebé siguen siendo padres. El impacto de la pérdida no se mide en función de las semanas de gestación, porque una vida no es menos valiosa por ser menos duradera. Todas son igual de importantes y todas merecen ser tratadas con mucho respeto», subraya Guzmán.

Otro punto importante es permitir a los padres tomar decisiones con respecto al cuerpo del niño. El Servicio Gallego de Salud (Sergas) explica que «los padres tienen derecho a la recuperación del cadáver de su hijo/a, independientemente de su edad gestacional y su peso, y no tienen más que solicitarlo y darle el destino previsto en la ley (el enterramiento o la incineración)». 

«En el duelo, al igual que en otras situaciones de la vida, existen cosas no podemos controlar. Pero existen muchas otras que sí, como, por ejemplo, elegir la forma en la que desean recibir al bebé. El parto es un momento muy importante, ya que un parto bien atendido y respetado puede suponer una experiencia sanadora. Hormonas como la oxitocina o las endorfinas inundan el cuerpo de la mujer, haciendo que, a pesar de la pérdida, se sientan completamente enamoradas y orgullosas de haber parido y gestado a sus bebés. También se debe proporcionar un ambiente acogedor para que puedan despedirse sin prisas y cómo ellos necesiten», detalla Guzmán.

La oportunidad de tener contacto con el bebé (verlo, hablarle, tocarlo) y decidir qué destino darle a su cuerpo ayuda a mejorar esa sensación de duelo desautorizado que es característica en estos casos. Según el Sergas, «casi la totalidad de las madres que ven a su bebé afirman que fue una buena decisión». En este sentido, se alienta al profesional sanitario a presentar al bebé con tanta naturalidad y respeto como se haría con un bebé vivo, llevando una cuna y cargándolo en brazos, arropado. Se recomienda darles tiempo a los padres para que puedan estar con el bebé e incluso ofrecerles la posibilidad de darle un baño.

Crear recuerdos también es un aspecto que contribuye a elaborar el duelo. Hacer fotos, entregar un certificado de nacimiento, una tarjeta con su nombre y apellidos y colocarle una pulsera identificativa al bebé son algunas medidas que hacen que la experiencia sea menos traumática, ayudando a humanizar al bebé y honrar su vida. El sentido de las fotografías, explica el Sergas, es ante todo ofrecer una confirmación de que el bebé existió y murió. Esto facilita la superación de la instancia de incredulidad que conlleva el duelo. También permiten a los padres recordar exactamente al bebé.

«Al final, las necesidades de estas familias, son las mismas necesidades que tendríamos cualquiera de nosotros ante la muerte de un ser querido. Es decir, reconocer la pérdida, el contacto físico, poder llevar a cabo rituales, como un funeral o incluso poder generar recuerdos. A pesar de que no es una opción disponible en todos los hospitales españoles, sí que poco a poco, se va ofreciendo a estas familias la opción de crear una pequeña caja de recuerdos que contenga fotos, huellas impresas u otros objetos de su bebé», dice Guzmán.

 —¿Puede haber secuelas psicológicas a largo plazo cuando ocurre una muerte neonatal?

—Como todo duelo, se trata de un proceso que debe ser vivido y atravesado, es posible que estas familias y sobre todo las madres tengan miedos posteriores a otros embarazos, que el duelo se cronifique o que carguen con sentimientos tales como culpa, fallo del cuerpo, entre otros problemas. Debemos recordar que el duelo es un proceso normal, requiere de un acompañamiento adecuado, y si vemos que está cronificándose o patologizándose, dar una terapia de duelo concreta, realizando diferentes tareas de duelo que van desde aceptar la realidad de la muerte, hasta aprender un nuevo mundo de significados sin ese bebé.

—¿Cómo ayuda a las personas a sentir seguridad para volver a intentar un embarazo después de una experiencia de duelo neonatal?

—Es normal que se sienta miedo ante la posibilidad de que vuelva a ocurrir. Estas madres, estas familias, han perdido de alguna manera la inocencia, y los embarazos tras la pérdida suelen estar marcados por cierto miedo e inseguridad. En estos casos es muy importante ofrecer un apoyo y sostén adecuado a nivel emocional para que puedan ir afrontando el embarazo. En cuanto al momento ideal, es aconsejable esperar un tiempo, lograr encajar y asimilar realmente la perdida y adaptarse a este mundo en el que este bebé no esta presente. Obviamente, esto varía de unas personas a otras, pues como ya se ha señalado es un proceso único y personal.

—¿Por qué hay un tabú con respecto a estas muertes?

—La muerte en general es un tabú en nuestra sociedad, tanto más una muerte perinatal o neonatal, que causa un dolor tremendo en quien la vive, pero para la cual la sociedad está poco preparada. Se desautoriza muchas veces el dolor de estas familias, ya que las otras personas no tienen recuerdos de ese bebé y no dan el mismo valor a la vida de él. Además, no olvidemos que los procesos relacionados con la salud sexual y reproductiva de las mujeres siguen siendo un aspecto muy tabú y medicalizado, con pocas experiencias compartidas entre las mujeres y menos aún en lo relacionado con la muerte perinatal y neonatal. Como he señalado, muchas mujeres pueden llegar a sentir culpa, inseguridad, e incluso que hay un fallo del cuerpo. Por eso es importante que tomen conciencia de que esto es algo de lo que ellas no son responsables, pues lo único que han hecho es proporcionar el mayor amor y cuidado posible a su bebé en su útero.

La actualización más reciente del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM 5) incluye por primera vez al trastorno de duelo complejo persistente.

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Laura Miyara

¿Cuánto tiene que durar un duelo?, ¿unas semanas?, ¿unos meses?, ¿más? Superar una muerte cercana es algo difícil para cualquier persona. Y por mucho que se diga que el paso del tiempo hace las cosas más fáciles, el proceso no es el mismo para todos. Se trata de una instancia muy personal de la vida y no existe, actualmente, un consenso respecto del tiempo que debe durar.

Sin embargo, la versión más reciente del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5), la guía elaborada por la Asociación Estadounidense de Psiquiatría para los profesionales de la salud mental, considerada como una «biblia psiquiátrica», ha incluido por primera vez el Trastorno de duelo complejo persistente entre sus páginas. Su aparición en el libro indica que podría tratarse de algo más serio de lo que antes se pensaba.

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Laura Inés Miyara
Laura Inés Miyara
Laura Inés Miyara

Redactora de La Voz de La Salud, periodista y escritora de Rosario, Argentina. Estudié Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y en el 2019 me trasladé a España gracias a una beca para realizar el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual de La Voz de Galicia. Mi misión es difundir y promover la salud mental, luchando contra la estigmatización de los trastornos y la psicoterapia, y creando recursos de fácil acceso para aliviar a las personas en momentos difíciles.

Redactora de La Voz de La Salud, periodista y escritora de Rosario, Argentina. Estudié Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y en el 2019 me trasladé a España gracias a una beca para realizar el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual de La Voz de Galicia. Mi misión es difundir y promover la salud mental, luchando contra la estigmatización de los trastornos y la psicoterapia, y creando recursos de fácil acceso para aliviar a las personas en momentos difíciles.