Preocupación por el semen: «Hay muchos estudios que demuestran una pérdida alarmante de calidad seminal desde hace varias décadas»

VIDA SALUDABLE

La Voz de la Salud

Además de la concentración espermática, otros parámetros como la morfología de los espermatozoides y su motilidad también se han visto afectados

15 may 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

La calidad del semen a nivel mundial empezó a medirse en el año 1980 por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Desde ese momento, se han publicado sucesivas ediciones del Manual para el examen y procesamiento del semen humano, y la última actualización es del 2021. Los resultados son preocupantes y hacen replantearse algunas métricas que hasta ahora se tenían en cuenta para considerar un semen como «de buena calidad».

«Se hace hincapié en desechar la idea de 'valores de referencia' y adoptar la de 'límites inferiores de referencia'. Los valores de referencia se basaban solo en criterios estadísticos, ni biológicos ni patológicos. Ahora se busca establecer límites de decisión para cada paciente y cada laboratorio», explica María Hernando, embrióloga y especialista en fertilidad.

Pero el manual de la OMS no es el único que demuestra una pérdida de la calidad seminal desde hace varias décadas. En 1992, un estudio publicado en el Diario Médico Británico encontró una disminución global del 50 % en el recuento de espermatozoides en los hombres durante los 60 años anteriores a la publicación del mismo. Unos datos que se fueron confirmando con otras investigaciones. En 2017, un artículo afirmó que se había producido una disminución de la concentración espermática (número de espermatozoides por mililitro) de entre el 50 y el 60 % en hombres de todo el mundo entre los años 1973 y 2011.

Pero no solo se han encontrado variaciones en cuanto a concentración espermática, ya que también se han reportado descensos de hasta un 10 % en la cantidad de espermatozoides móviles en solo 16 años. 

«Si atendemos a la evolución desde la primera edición del manual de la OMS, es evidente que se han ido revisando a la baja los límites de todos los parámetros que se examinan en la calidad seminal», alerta Hernando. 

¿Cómo se estudia la calidad del semen?

Para saber qué valores se están revisando a la baja cuando se examina la calidad seminal primero debemos conocer cómo se estudia esta. El análisis inicial, tal como apunta la embrióloga, sería el seminograma. «Una herramienta básica de rutina que aporta información sobre el potencial reproductivo del varón y que puede determinar el tratamiento de reproducción asistida apropiado para la pareja», explica Hernando. Este estudia en detalle parámetros macroscópicos como el pH, el volumen, el color, la densidad y licuefacción; y los microscópicos, como la concentración, la movilidad, la morfología o la vitalidad.

Para poder entender mejor los valores: 

  • El volumen de semen eyaculado se considera normal, según la OMS, a partir de 1,5 mililitros (teniendo en cuenta la última actualización, bajaría a 1,4). Cuando el volumen se encuentra por debajo de esas cifras puede deberse a una patología que se llama hipospermia. 
  • La concentración espermática es el número de espermatozoides por mililitro. Se espera que haya 15 millones o más en cada mililitro. 
  • El número aproximado de espermatozoides por eyaculación se debería encontrar por encima de los 39 millones. 
  • Sobre la movilidad progresiva (motilidad), hay que tener en cuenta que los espermatozoides pueden moverse pero no desplazarse. A partir de eso, la embrióloga explica que «solemos hablar de A, B, C y D. Los A son los que se mueven en línea recta y velocidad rápida; los B se mueven en línea recta pero van un poco más lentos; los C se mueven pero muchas veces no avanzan o se mueven en círculos, obviamente no van a llegar a ningún sitio; y los D no se mueven. La movilidad progresiva hace alusión a los que se mueven, ya sea rápido o lento, pero progresan (los A y B)».
  • La vitalidad espermática indica el número de espermatozoides vivos presentes en una muestra de eyaculado.
  • La morfología evalúa las características morfométricas de la cabeza, la pieza media y la cola del espermatozoide. «En realidad, aunque es una cosa que siempre llama la atención, se considera un semen normal aquel que tiene solo un 4 % de los espermatozoides normales. Porque los hombres tienden a producir mucha cantidad de espermatozoides, pero muchos de ellos no son válidos. Hay algunas alteraciones morfológicas que son muy evidentes y que a la gente le llama mucho la atención. Puede haber un espermatozoide con dos colas, con dos cabezas… y esos no llegan a fecundar nada. Hay morfologías que son muy evidentes cuando lo vemos en un microscopio y otras que no, por eso la prueba no se hace visualmente. Porque con un simple vistazo se verían las más evidentes, pero no las más finas. Pero la mayoría de los espermatozoides están mal, claramente». 

Sobre la morfología de los espermatozoides, hay que tener en cuenta que las herramientas para verlos no eran las mismas en el 1980 que el 2021. Eso también explica porque hace cuarenta años se consideraba que el valor de referencia normal era un 80 % de espermatozoides sin alteraciones y ahora esa cifra caiga hasta el 4 %.

«En función del resultado del seminograma y de la historia clínica de la pareja, se plantearía estudiar otros aspectos de la muestra seminal, como por ejemplo, su genética», apunta Hernando. «Para eso existen otras pruebas de segundo orden como el cariotipo, la fragmentación de ADN espermático y el FISH», añade. 

  • La fragmentación de ADN espermático es una prueba que nos permite conocer si los espermatozoides presentan lesiones en le material genético en forma de roturas. Estas pueden presentarse en una sola cadena de ADN (lo que se conoce como fragmentación de cadena sencilla) o en ambas cadenas de ADN (fragmentación de doble cadena). En función del porcentaje de fragmentación que se da en la muestra seminal y del tipo de roturas, se pueden presentar dificultades para lograr el embarazo o aumentar significativamente el riesgo de aborto. 
  • El FISH es la hibridación in situ fluorescente. Una técnica que sirve para conocer el número de copias de determinados cromosomas en los espermatozoides. «Lo más habitual es evaluar cromosomas 13, 18, 21, X e Y, pero se pueden incluir otros», apunta Hernando. El resultado de esta prueba indica la probabilidad que tiene ese hombre en particular de generar embriones con alteraciones cromosómicas.

Los espermatozoides solo corresponden al 10 % de toda la cantidad de semen, el otro 90 % es plasma seminal. 

¿Cuáles son los valores de referencia de la calidad seminal?

Tenemos los valores, sabemos lo que significan, pero, ¿cómo se interpretan estos para considerar una buena calidad seminal? Por simple estadística. «La normalidad depende de lo que sea lo más habitual dentro de las muestras masculinas que vemos», comenta. No obstante, la profesional matiza que eso era lo que se solía hacer, sobre todo, en las primeras ediciones del manual de la OMS: «Lo que pasa es que estamos llegando a un punto en el que la normalidad a veces está por debajo de lo que se considera necesario para que se lleve a cabo un embarazo de forma natural. Es decir, si siguiesen bajando los parámetros con la media del semen puede que llegase a ser uno con en el que no hay suficiente capacidad como para que haya probabilidad de que exista un embarazo natural. Por eso yo creo que los valores de 2010 y los de 2021 realmente, aunque hayan pasado 11 años, no se han seguido bajando más porque el límite tiene que estar ahí».

¿Cuáles pueden ser las causas de esta pérdida de calidad seminal? 

Que la calidad seminal de los hombres de todo el mundo está en declive es un hecho. Pero, ¿por qué? «Simplificando mucho, nuestro modo de vida actual y lo que eso implica en estilo de vida en general y la exposición a tóxicos y químicos. Obviamente factores como la obesidad, alteraciones hormonales, enfermedades genéticas, el consumo de tabaco, drogas y alcohol», asegura Hernando. Pero no solo hay que tener en cuenta estos, «también el consumo elevado de cafeína, el exceso de actividad física o sedentarismo, la mala o pobre alimentación, el estrés psicológico y la edad a la que los hombres buscan ser padres, tiene mucho que ver en la calidad seminal de un individuo pueda ser mucho menor», añade Hernando. 

¿Por qué el consumo elevado de cafeína puede afectar a esta calidad seminal? La experta en fertilidad responde: «La cafeína puede afectar no solo al seminograma sino también a la fragmentación de ADN. De hecho, cuando hacemos una prueba porque sospechamos que puede haber algo relacionado con eso, y sale una tasa de espermatozoides con ADN fragmentado, una cosa de las cosas que se les dice es si toman mucho café, chocolate o refrescos tipo coca cola, que son estimulantes, que lo disminuyen casi en su totalidad. Pueden tomar un café al día como mucho, pero no más, porque la cafeína, si me paso, deja de ser tan positiva».

«La investigación actual tiene puesta la mirada en lo que llamamos 'disruptores endocrinos' que son sustancias químicas ajenas al organismo, capaz de alterar el equilibrio hormonal, de interrumpir procesos fisiológicos controlados por hormonas o modificar la intensidad de la respuesta a las mismas. La reproducción se basa en hormonas, de modo que la modificación de las mismas supone una alteración de nuestra capacidad reproductiva», explica la embrióloga.

¿Cuáles serían estos disruptores endocrinos?  «Llevamos décadas exponiéndonos a este tipo de moléculas como los plastificantes, pesticidas, herbicidas, gases tóxicos y otros materiales sintéticos. No nos olvidemos de la contaminación del aire, la radiación, los metales pesados, etc. Están en el aire que respiramos, el agua que bebemos, la ropa que usamos, los cosméticos, los alimentos que consumimos... Y en mi opinión estamos empezando a ver los efectos acumulativos de todo esto en nuestro organismo a través de los años». 

¿Cómo afecta este hecho en la fertilidad?

En la fertilidad de una pareja influye tanto el factor femenino como el masculino. Y no cabe duda de que esta pérdida de calidad seminal afecta directamente a la posibilidad de lograr un embarazo, ya que la baja calidad seminal es el mayor condicionante en el caso de los hombres. Existe la creencia popular de que el primer espermatozoide que llega al óvulo, lo fecunda, pero no es cierta. «Necesitamos cientos o miles de espermatozoides aptos cerca del óvulo para que uno pueda fecundarlo. Si los hombres cada vez producen menos cantidad de espermatozoides y de peor calidad, las probabilidades de concepción natural seguirán disminuyendo», advierte Hernando. 

Además, esta pérdida de calidad seminal no solo afecta a la búsqueda de un embarazo natural, también a las técnicas de reproducción asistida: «La calidad seminal determina qué tipo de técnica de reproducción se puede llevar a cabo: inseminación artificial (IA), fecundación in vitro (FIV) o microinyección espermática (ICSI). De modo que, cuanto peor es la calidad, menos opciones tenemos también en el laboratorio». 

Según datos de la Sociedad Española de Fertilidad, una de cada seis parejas tiene problemas de fertilidad.

¿Se espera que siga empeorando la calidad del semen en el futuro? «Atendiendo a los factores que están condicionando esa calidad, su futuro dependerá de cómo los cuidemos. Nuestro potencial reproductivo, uno de los más bajos del reino animal, va unido a nuestra salud en general y también a la del planeta. Creo que es algo que hemos olvidado», considera Hernando. Seguramente muchos tengan en mente que los avances en medicina pueden ayudar, «pero conviene revisar a fondo la otra parte y recuperar un estilo de vida saludable». 

«Todo lo que rodea a la infertilidad es un tabú»

No es frecuente hablar en la esfera social sobre la infertilidad. «Todo lo que rodea a la infertilidad es un tabú. Es cierto que, poco a poco, se va logrando más visibilidad, y en ese sentido las redes sociales han hecho mucho. Pero de igual modo, las dificultades de embarazo son una realidad escondida», dice Hernando. No obstante, la embrióloga pone el foco en otro problema: «Es comprensible que, a título individual, se quiera mantener en la intimidad. Lo que no es comprensible es que no se hable más desde el punto de la divulgación pública. Que se trate como un problema de salud más, que se está agravando en nuestra sociedad». 

A este desconocimiento se suma el miedo a la estigmatización, ya que según la experta en fertilidad, se suele poner en duda la virilidad de un hombre y su masculinidad cuando la calidad de su semen es mala. El resultado de esta combinación de factores es que los afectados duden en pedir ayuda. «Y consecuentemente, también disminuye la probabilidad de éxito», apunta Hernando. 

La elaboración ininterrumpida de millones espermatozoides cada día hace que se produzca un envejecimiento progresivo en las células del tejido testicular.

El semen también tiene fecha de caducidad: ¿cuál es la mejor edad para ser padre?

Cinthya Martínez

Debido a factores socioculturales y económicos, en los últimos años se ha retrasado cada vez más la edad en la que las parejas deciden tener descendencia. La inestable vida laboral de los jóvenes y su consecuente retraso de emancipación provoca que estos también pospongan el momento de ser padres. Así, en el 2020 la edad media de nacimiento del primer hijo era con 32 años. Y aunque la mayoría de la gente sabe que el reloj biológico de la mujer es limitado, se suele desconocer que en los hombres también sucede lo mismo. Existe la creencia popular, y más con Papuchi en mente (padre del cantante Julio Iglesias), de que como los varones pueden seguir teniendo erección y capacidad de eyaculación hasta edades muy avanzadas, no pierden fertilidad. Nada más lejos de la realidad. Sí, los hombres pueden estar toda la vida produciendo espermatozoides, pero, ¿son de calidad?

Seguir leyendo

Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez Lorenzo

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.