Javier Butragueño: «La gente cree que sabe comer mejor de lo que realmente come»

Lucía Cancela
Lucía Cancela LA VOZ DE LA SALUD

VIDA SALUDABLE

Javier Butragueño es el coordinador del grupo de trabajo de ejercicio en la Seedo.
Javier Butragueño es el coordinador del grupo de trabajo de ejercicio en la Seedo.

El doctor en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte apuesta por centrarse en el rendimiento de sus clientes y dejar de lado el número de la báscula

18 may 2022 . Actualizado a las 10:25 h.

Si la ciencia del ejercicio lo dice, Javier Butragueño probablemente lo sepa. Es doctor en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, coordina el grupo de trabajo de ejercicio de la Sociedad Española de la Obesidad y es creador de Obesity Management School, una plataforma de formación especializada en la gestión de la pérdida de peso en la que participan desde entrenadores hasta médicos. «Empecé haciendo investigación en el grupo de fisiología del esfuerzo de la Universidad Politécnica de Madrid», apunta. Fue justo en esta etapa cuando comenzó a estudiar lo relativo a ejercicio y dieta en sobrepeso y obesidad. Después de hacer su tesis doctoral en lesiones según el tipo de entrenamiento, pasó a convertirse en profesor de su propia escuela online

—¿De qué porcentaje se habla cuando hablamos de obesidad?

—Hay que tener en cuenta si es hombre o si es mujer, una variable importante que no siempre se analiza. Después, viene la edad, porque por mucho que yo de un porcentaje, si no se precisan los años de la persona podemos confundirnos. Con esto en mente y de forma general, se considera obesidad a partir de un 25 % de grasa en el hombre, y de un 32 % en mujeres. Ahí podremos decir que existe un exceso de peso elevado. 

—Usted habla de grasa y no del peso total. 

—Sí. No hablo de IMC, que se utiliza en estudios epidemiológicos, porque si nos vamos a la clínica es más interesante valorar el exceso de peso a partir de la grasa. 

—Parece que ahora se está abriendo más el debate sobre si la relación entre masa grasa y masa muscular puede ser más efectiva como medidor que el índice de masa corporal. 

—Sí, es algo que se empieza a tener más en cuenta, los profesionales comienzan a entenderlo y a darle el valor que tiene. Aunque hay dos cuestiones en este apartado. En primer lugar, que no se conocen los valores de referencia de masa libre de grasa (muscular) que una mujer de 50 años debería tener, por ejemplo. Y en segundo, no solo debemos fijarnos en el tamaño de la masa muscular, porque cuanto más peso tengan que soportar las personas con obesidad, más masa muscular puede tener, aunque no signifique que sea funcional. 

—¿Que medidor propone entonces?

En la clínica, la densitometría o la bioimpedancia, aunque esta última tiene unas recomendaciones que si no se cumplen pueden verse comprometidos los resultados. Los médicos están empezando a recurrir a los ecos para evaluar la densidad del músculo. Por otra parte, los entrenadores recurrimos a diferentes pruebas que evalúan la condición física de la persona. Por ejemplo, hacemos que se sienten y que se levanten, que marchen o que hagan sentadillas. Con esto vemos si su estado es funcional o no. 

—¿Cuáles suelen ser los resultados de estos test en personas con sobrepeso u obesidad?

—Yo los clasifico en función dela condición física. Hay gente que tiene un exceso de peso con una mala condición física, normalmente son personas sedentarias que no han hecho actividad casi nunca. Después, también hay sujetos que tienen una condición física media, y por último, gente con obesidad que tiene una buena condición física. Es decir, que independientemente de su exceso de peso, tienen unas cualidades que son buenas para su estado de grasa. 

—¿Qué se esconde detrás de esta diferencia?

—Los valores cambian totalmente si la persona ha hecho, o no, ejercicio previamente o en el momento de realizar el test. Por ejemplo, en una prueba de marcha, la persona que tiene obesidad y es sedentaria puede hacer 400 metros en seis minutos, mientras que aquel que tiene obesidad pero ha hecho ejercicio puede llegar a los 800. La principal variable de la condición física para moverse no es la capacidad cardiorrespiratoria, sino la fuerza. Si no tienes fuerza no te mueves, por eso es tan importante. 

—En la encuesta publicada en marzo por la Seedo, un porcentaje de los participantes indicó que ya comía saludable. La nutrición es la base, pero los números suben ¿Qué falla?

—Por mi experiencia hay dos fallos. Por un lado, la gente cree que sabe comer mejor de lo que realmente come. Y por otro, la falta de adherencia, que es el caballo de batalla de cualquier tratamiento. Si alguien no es capaz de hacer un entrenamiento durante seis meses o un año, será muy difícil que el ejercicio consiga tener algún tipo de acción. En la práctica, un estudio está sesgado porque siempre hay un principio y un final. Pero en la realidad, la gente abandona el entrenamiento a causa de muchas barreras.

—En base a su experiencia con el entrenamiento en la obesidad, ¿qué limitantes psicológicos impiden avanzar? No todo es nutrición y deporte. 

—Las creencias limitantes que tenemos todos es una variable fundamental. Hay que decir que tenemos cerca de un 50 % de la población sedentaria, y no todos tienen un exceso de peso. Eso significa que o bien no se conocen los beneficios que puede aportar el ejercicio, o bien no se ha sabido disfrutar.

—¿Falta educación en salud?

—Claro. Es decir, no hacer algo que nos viene bien, que sabemos que nos viene bien, que es gratis y que vale simplemente con moverse es un claro signo de ello. Y luego obviamente, hay otro tipo de creencias como la de pensar como que “es algo muy cansado”, “no es para mí” o “cómo voy a empezar ahora”. La parte psicológica modifica todos esos procesos cognitivos de las creencias. 

—Supongo que también habrá limitantes físicos. 

Sí, el principal limitante es la condición física, porque la persona con exceso de peso y con un mal estado físico tendrá que entrenar como alguien de 80 años. Empiezas muy despacio porque tiene mucho riesgo de que se pueda lesionar las caderas, las rodillas, los tobillos o la zona baja lumbar. En cambio, si la persona que viene tiene una buena condición, podemos entrenar intentando evitar los mismos riesgos que alguien en normopeso. 

—Incluso, usted ha mencionado que los propios pacientes pueden tener miedo a lesionarse. 

—Sí, se llama kinesiofobia. Ellos sienten dolor, que es algo muy complejo, y no saben de dónde viene. Posiblemente, sea la propia falta de movimiento la que lo cause. Es decir, el miedo manda una señal al sistema nervioso central que les dice “oye, mejor no te muevas, porque habrá molestia”. Van más condicionados por su peso, y además sienten que no tienen una buena coordinación o equilibrio, y ahí también aparecen sus temores. En cambio, en la gente con obesidad que tiene buena condición, desaparecen. 

—Para perder peso muchos se lanzan a caminar porque entiendo que es lo más accesible, ¿es esto lo correcto?

—Había un profesor muy bueno de Argentina que decía una frase que a mí me gusta mucho: «Caminar está muy bien para no estar mal, pero no sirve para estar bien». O tienes fuerza suficiente para mover toda la estructura de 110 o 120 kilogramos, o el andar se va a complicar. Es decir, es muy difícil mover 110 kilogramos o muy fácil hacerse daño sin tener fuerza. Por lo tanto, andar está muy bien, pero hay que entrenar la fuerza para caminar de manera correcta. 

—¿Y qué hay de los 10.000 pasos diarios?

—Pienso que se desconocen las indicaciones correctas para caminar en personas con obesidad. Todo el mundo habla de los 10.000 pasos, pero el promedio de una persona con exceso de peso y sedentaria es de 2.500 a 3.000 al día. Si yo le mando alcanzar la cifra de la que hablamos, estoy haciendo que aumente un 150 % lo inicial. Aquí también tiene que haber progresión. 

—Precisamente, habla usted de la fuerza en el contexto de personas con sobrepeso u obesidad, ¿cuáles son algunos de sus beneficios?

—El primer beneficio que tiene es que consigue mantener toda la estructura del peso corporal. Si una persona no es capaz de mover 100 kilogramos, se convertirá en alguien sedentario. El segundo, y para explicarlo de manera sencilla, el músculo tiene un diálogo con el tejido adiposo, con los riñones o con el sistema nervioso central. Consigue equilibrar un poco todos los sistemas. Además, cuando se activa, es capaz de captar glucosa, que es una parte fundamental incluso durante el propio entrenamiento de fuerza. Lo que hace es utilizar la energía que hay en exceso para mejorar el estado metabólico de la persona. 

—Si lo importante es la fuerza, ¿qué peso tiene el ejercicio aeróbico?

—Por terminología, prefiero llamarlo cardiorrespiratorio. Ahora, parece que estamos en una época en la que se piensa que no es importante, cuando no es así. Dentro de nuestro cuerpo, todos los procesos se hacen a través del oxígeno. Si yo no tengo oxígeno suficiente, mis sistemas no funcionan bien. Por lo tanto, también es fundamental hacer un entrenamiento cardiorrespiratorio. De ahí que el entrenamiento concurrente o combinado se ha visto que es muy interesante para todas las poblaciones que tienen algún tipo de enfermedad. 

—Me llamó la atención que en sus redes sociales habla de ejercicio y aboga por centrarse en la salud, en lugar de la estética. ¿Son las fotos del antes y después un mal enfoque?

—La gente tiende a obsesionarse con la carcasa, con lo estético. Y yo entiendo que es importante, pero tenemos que darnos cuenta de que hay algo más. Cuando hablamos de salud, hablamos de lo que ocurre dentro de nuestro cuerpo. Pero como hay una falta de educación en la población, y mucha sobreinformación de la relevancia que tiene la estética, no nos damos cuenta de que ese “antes y después”, que se considera éxito, ha podido llevar a la persona a un trastorno de la conducta alimentaria, o a una situación de riesgo en la que pierda el peso, y después le resulta mucho más difícil recuperarlo. En las fotos de antes y después no aparece el porcentaje de grasa y el porcentaje muscular, solo el peso. Eso es algo que a mí no me vale. 

—Doy por hecho que entender el ejercicio como una forma de quemar calorías es erróneo. ¿Qué otras respuestas genera en el cuerpo?

—Con el ejercicio se consiguen dos puntos claves, aunque hay muchos más. En primer lugar, mejora el poder que tiene nuestro cuerpo de captar oxígeno y utilizarlo. Y en segundo, mejora la capacidad muscular. Esta, a su vez, optimizará la sensibilidad a la insulina, la captación de glucosa, la capacidad de mitocondria para generar energía y utilizar la grasa como fuente de combustible, o dicho de forma más técnica, una mayor oxidación de grasas. Después, también ayuda a nivel cardíaco, aumenta el flujo de sangre, la permeabilidad y por tanto mejora la microbiota intestinal. 

—La gordofobia sigue existiendo. ¿Cómo equilibran los profesionales de la salud entre la promoción de perder grasa y no caer en este estigma?

—Ahora mismo es un debate complejo, porque hay mucha gente que está cansada de que les hayan hecho bullying, de que les traten mal, o de que los miren como si ellos fuesen los responsables. Yo creo que hay que cambiar las preguntas y la conversación. 

—¿Cómo las cambia usted?

—Como especialista en ejercicio, mis preguntas serán: ¿Puedes andar un kilómetro a una velocidad determinada?, ¿puedes subir cuatro plantas de un edificio y no cansarte?, ¿puedes saltar?, ¿puedes hacer diez flexiones?, ¿puedes hacer bien un test de agilidad? Si logras cumplir todo esto, el porcentaje de grasa se trabajará a través de la nutrición, para intentar bajarlo un poco y que la persona se encuentre mejor. Pero yo me centro más en la condición física que en el propio tejido adiposo. Es decir, pierdo el foco adipocéntrico. 

—Precisamente, desde la Seedo inciden en que el ejercicio físico no tiene tanto impacto en la pérdida de grasa, sino en el mantenimiento de un buen estado. 

—Claro. Se sabe que mejora la salud independientemente de la pérdida de peso. Esta última tiene que venir de una parte nutricional y psicológica. Ha de tener en cuenta cómo la persona se relaciona con la comida. En cambio, el foco del ejercicio es otro, es mejorar todos los sistemas para poder moverte, sin que importe tu peso. Ahí se elimina el concepto erróneo que hay de la persona con obesidad. 

—¿Cree que con el tiempo se va a empezar a prescribir ejercicio en las consultas médicas? Sin que recurran a la natación, claro. 

—Yo he visto un cambio radical en el planteamiento y en el interés médico por las variables relacionadas con el ejercicio. Muestra de ello es que en la Seedo hay un grupo especializado al respecto, y de ahí que hoy me hagas una entrevista. 

El soprepeso y la obesidad afectan a más de la mitad de la población adulta en España

¿Qué es ser obeso y qué consecuencias tiene? «La obesidad es una de las enfermedades más graves de este siglo»

UXÍA RODRÍGUEZ / LOIS BALADO

La obesidad es una pandemia. La propia Organización Mundial de la Salud la ha catalogado como tal: una pandemia de tipo no infeccioso, es decir, no es contagiosa, pero mata. Según la OMS, 2,8 millones de personas fallecen anualmente por causas relacionadas con la obesidad.

«Ahora mismo las cifras que se manejan es que entorno a un 24 % de los españoles son obesos y un 38 % tienen sobrepeso. Es muchísimo, más de la mitad de la población no tiene un peso adecuado. Por eso hablamos de uno de los problemas de salud pública más importantes a nivel mundial. Creo que no existe una conciencia social clara de que la obesidad es una de las enfermedades más graves a las que nos vamos a enfrentar en el siglo XXI. No es un problema estético, es una enfermedad grave. La obesidad es prácticamente una enfermedad de la cabeza a los pies. Problemas psíquicos, respiratorios, digestivos, articulares, metabólicos, hipertensión… Una enorme lista de enfermedades», advierte Francisco Tinahones con motivo del Día Mundial de la Obesidad, él es investigador del CIBER y jefe de grupo del Centro de Investigación Biomédica en Red Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (CiberObn). 

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Lucía Cancela
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Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre una de mis pasiones, la nutrición.

Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre una de mis pasiones, la nutrición.