«Te despiertas y te encuentras con que no puedes mover el cuerpo»: así es la parálisis del sueño

Laura Inés Miyara
Laura Miyara LA VOZ DE LA SALUD

VIDA SALUDABLE

La parálisis del sueño impide mover las extremidades y el torso al momento de acostarse o despertarse.
La parálisis del sueño impide mover las extremidades y el torso al momento de acostarse o despertarse. La Voz de la Salud | iStock

La parálisis del sueño puede ser muy agobiante y afecta a hasta un 40 % de las personas, según la Sociedad Española del Sueño

02 jun 2022 . Actualizado a las 17:58 h.

Imagina que estás durmiendo y, de repente, cuando te despiertas, no te puedes mover. Haces fuerza con las piernas, la cabeza y los brazos, pero no consigues moverlos siquiera un milímetro. Es más, te da la sensación de que ni siquiera estás respirando. Eso sí: puedes sentir y ver todo. Miras a tu alrededor y ves sombras. Incluso, escuchas cómo abren la puerta de tu dormitorio. Como si una presencia casi sobrenatural estuviera irrumpiendo en la habitación. ¿Puedes imaginarlo? Tal vez no sea necesario. De hecho, puede que sepas perfectamente de qué estoy hablando: la parálisis del sueño. Algo que, según los expertos, le ocurrirá a una de cada tres personas a lo largo de su vida.

Antón tiene 27 años. La primera vez que tuvo parálisis del sueño fue hace tanto, que ya ni siquiera la recuerda. Dice que le ha ocurrido siempre, «desde antes de los diez años, por lo menos». Está tan acostumbrado a este fenómeno, que le cuesta concebir que para algunas personas, despertar sin poder moverse sea causa de pánico. Pese a todo, cree que la peor etapa ya pasó: los años más duros fueron los de la adolescencia, cuando la parálisis de sueño lo atacaba varias veces por semana.

¿Qué es la parálisis de sueño?

La Sociedad Española del Sueño (SES) explica que «la parálisis del sueño consiste en la imposibilidad de moverse y hablar durante un breve período de tiempo, que puede ocurrir al adormecerse o al despertar, y que supone en la mayoría de los casos una experiencia extremadamente desagradable para el paciente». Los episodios suelen ser breves, con una duración que va de los pocos segundos a unos pocos minutos. Sin embargo, dado que las personas que lo padecen se hallan en un estado que se ubica entre la vigilia y el sueño, la percepción de este tiempo se puede ver alterada, dando la sensación de que ha pasado más tiempo del que realmente transcurre.

«El individuo, al despertar, o bien al quedarse dormido, está completamente paralizado. Solo puede mover los ojos y respirar, pero el resto de los músculos están completamente paralizados. Esto se debe a una activación en un momento que no corresponde de un sistema neurológico que es normal. En la fase de sueño REM (que significa movimiento rápido de los ojos), en la que soñamos, se activan unos circuitos en el cerebro que paralizan completamente el cuerpo, salvo los ojos y el diafragma. Ese es un mecanismo de defensa que evita que actuemos en relación con lo que estamos soñando, y este mecanismo es normal en la fase de sueño REM. Pero si está activo en el momento de despertarnos, uno está paralizado y no se puede mover», explica el neurólogo Juan José Poza, miembro del comité científico de la Sociedad Española de Sueño (SES).

«La parálisis de sueño ocurre cuando elementos del sueño REM se extienden y se introducen en un estado de vigilia. Se trata por lo tanto de un estado disociado en el que, encontrándose el sujeto despierto, persiste la atonía muscular característica de la fase REM», describe la SES.

Aunque puede ser un momento de gran angustia e incluso miedo, la experiencia de esta parálisis es muy breve y, por esa razón, no se la considera una patología. «Generalmente dura poquito, menos de un minuto, y desaparece espontáneamente o, muchas veces, en relación con un estímulo sensitivo: al oír un ruido o cuando le toca el compañero de cama o, al que duerme con una mascota, la mascota. Eso ya desactiva el circuito y la persona se mueve con normalidad. Lo que pasa es que sí que es verdad que, sobre todo las primeras veces, se puede vivir con mucha angustia, porque imagínate que te despiertas y estás completamente paralizado», señala Poza.

Cómo es un episodio

«La manera en la que funciona es como que tu mente despierta antes que tu cuerpo. Te despiertas, mejor dicho, se despierta tu mente y te encuentras con que no puedes mover el cuerpo ni ningún miembro. Tienes sensación y escuchas todo. Empiezas a abrir los ojos poco a poco, es lo primero que puedes hacer. Y ves a tu alrededor y no te puedes mover. Yo, cuando me pasa, lo primero que puedo hacer es mover la cabeza», describe Antón.

Para él, lo más difícil de sobrellevar es sentir que no puede controlar su respiración. «Da la impresión de que no puedes respirar, pero supongo que no es real, porque nunca me desmayé. Supongo que, como la respiración se controla de manera involuntaria, pero también se puede controlar de manera voluntaria, en ese momento, quieres respirar, pero la parte que controla los movimientos voluntarios intenta tomar el control de eso. Dices "Quiero respirar, ya que no me puedo mover", entonces quieres hacerlo y no puedes, pero sí que estás respirando. Porque sigue habiendo una parte del cerebro de fondo que lo hace», explica.

En ese momento, dice Poza, la sensibilidad es completamente normal y también suele serlo la consciencia. Sin embargo, en muchos casos puede haber estados más cercanos al sueño. «A veces, se puede acompañar de un cierto contenido onírico, de ciertas ensoñaciones. Porque estás en una situación de transición, todavía te estás despertando, con lo que la situación de sueño todavía está persistiendo y estás incorporando situaciones de la vigilia. Cuando nos despertamos, vamos incorporando la vigilia al sueño y estamos unos segundos o minutos en los que seguimos un poco con el sueño en la cabeza», detalla el especialista.

Esto hace que muchas personas sientan una «presencia»: al individuo le da la sensación de que alguien está abriendo la puerta, o tocándole, cuando en realidad no hay nadie allí. Antón lo describe como una experiencia «parecida a lo paranormal. Aunque sea algo del cerebro, sí que da la sensación de que hay como una fuerza natural que lo controla, y supongo que si no entendieras que es un problema del sueño, lo interpretarías como algo sobrenatural. Porque es algo muy distinto a la experiencia que tienes en el día a día, es una frontera rara entre el sueño y estar consciente. Es muy momentáneo, como que alguien abre la puerta, pero en realidad miras y no hay nadie. Es algo que genera mucha sugestión».

Estos estados entre el sueño y la vigilia se sienten particularmente vívidos, lo que hace difícil distinguirlos de la realidad. En la comunidad de individuos (que no pacientes) que sufren de parálisis del sueño, esto se conoce como experiencia extracorporal. «He tenido experiencias extracorporales: te da la impresión de que estás haciendo tu vida cotidiana. En mi caso, tuve dos. Una era que me estaba levantando y haciendo las cosas normales de cuando te levantas, pero al final, desperté en cama. Como que me dio la impresión de que me estaba levantando, pero en realidad estaba en cama. No era lo mismo que un sueño, porque no era capaz, cuando terminó la experiencia, de distinguirla de un sueño, porque se notaba muy real. Y la otra que tuve era que me daba la impresión de que me caía de cama a cámara lenta. No puedes hacer nada, simplemente, cuando para, te das cuenta de que no era real lo que estabas viviendo», cuenta Antón.

¿Cómo lidian las personas con la parálisis del sueño? Depende. Si ya te ha pasado algunas veces, lo más probable es que estés familiarizado con la sensación y no te dejes llevar tan fácilmente por la sugestión del momento. «Por lo menos en mi caso, lo que hago es intentar hacer mucha fuerza. Levantar la cabeza como hacen los bebés, tratar de cambiarla de lado. Lo típico de intentar levantar la cabeza, pero que les cuesta mucho esfuerzo y se les termina cayendo. Es algo de ese estilo. Empiezo moviendo la cabeza y después intento hacer mucha fuerza con los brazos y, al final, poco a poco, lo acabo consiguiendo», dice.

¿Por qué se produce la parálisis del sueño?

Sabemos que la causa de este fenómeno tiene que ver con una alteración de los circuitos cerebrales durante las distintas fases del sueño. Pero ¿qué factores contribuyen a que esa alteración efectivamente se produzca? En principio, son dos. Por un lado, la privación de sueño, y por otro, la genética.

La parálisis de sueño «tiene un cierto carácter familiar. Hay con frecuencia familias en las que esto ocurre en varios miembros. Y no tiene ninguna trascendencia especial cuando aparece de forma aislada, es un fenómeno que no implica ninguna otra enfermedad. Es un síntoma aislado, hay gente que lo tiene con cierta frecuencia, pero hay otros a los que les ocurre de forma aislada», apunta Poza. Es muy común en personas que están privadas de sueño, como los trabajadores a turnos.

Asimismo, el consumo de medicamentos y sustancias estimulantes del sistema nervioso central se han asociado a una mayor incidencia de este problema. Esto puede explicar por qué Antón sufrió más estas parálisis en su época de estudiante, cuando solía consumir más bebidas estimulantes con cafeína.

También puede haber más probabilidades de tener parálisis del sueño en la infancia. «En principio, puede pasar tanto en niños como en adultos. Lo que pasa es que los niños tienden a hacer períodos de sueño REM más largos y por lo tanto, quizás es más fácil en niños y, en la medida que nos hacemos más mayores y los períodos de sueño REM se van acortando, va siendo más difícil que esto ocurra, pero puede pasar», dice Poza.

Factores precipitantes

«La parálisis de sueño puede ocurrir cuando uno se está quedando dormido, o en el momento de despertar. Las que son cuando uno se está quedando dormido, muchas veces son precipitadas por mucha presión de sueño, es decir, el tener una privación de sueño previa facilita el que uno pueda tener esa parálisis. Las parálisis del despertar no son tan fáciles de predecir. Puede ocurrir que el despertador suene y justo en ese momento estemos en fase de sueño REM, entonces, empezamos a despertar, pero no todo el cerebro se despierta a la vez y, a lo mejor, el mecanismo de parálisis del cerebro está activo cuando todavía no nos acabamos de despertar. Es difícil que ocurra si nos despertamos de forma natural», explica Poza.

«Los períodos de sueño REM también son mayores cuanto más prolongamos el tiempo de sueño. Esto típico del domingo, de quedarnos en la cama hasta las diez o las once, hace que alternemos períodos de sueño REM más largos y eso también facilita que pueda ocurrir en personas que tengan esa predisposición, lo cual es bastante frecuente, no es una cosa excepcional», apunta el experto. 

En el caso de Antón, uno de los grandes precipitantes de la parálisis es el dormir «fuera de horas». «Dormir siestas es una de las cosas que más me lo desencadenan», observa.

Parálisis del sueño y narcolepsia

«La parálisis del sueño también puede ser uno de los síntomas asociados a una enfermedad del sueño que es la narcolepsia. En la narcolepsia, hay otros síntomas mayores que definen la enfermedad, que son, por un lado, una tendencia exagerada a quedarse dormido durante el día, episodios de cataplejía, que consiste en una pérdida de fuerza, de tono muscular, relacionada generalmente con emociones como la risa. Cuando el paciente se emociona, puede perder la fuerza por completo o simplemente notar que se le aflojan las rodillas o que se le cae la cabeza porque no puede sujetarla, porque el cuello no tiene fuerza, o la mandíbula. Luego, tienen también una afectación del sueño nocturno. Por las noches no duermen del tirón sino que se despiertan, tienen despertares muy prolongados. Y durante el día, no mantienen la vigilia de forma constante, sino que necesitan dormir cada cierto tiempo», detalla Poza.

«Aparte de estos síntomas normales, la narcolepsia también puede dar parálisis del sueño y alucinaciones hipnagógicas, que es empezar a soñar cuando todavía uno no está del todo dormido», dice Poza. Sin embargo, el neurólogo aclara que «las parálisis de sueño, cuando aparecen de forma aislada, no implican esa enfermedad. No son específicas de la narcolepsia. Para diagnosticarla, nos interesan más los otros tres síntomas».

Ángeles Bonmatí, experta en cronobiología.

Ángeles Bonmatí, experta en cronobiología, sueño y ritmos circadianos: «Aunque durmamos más durante el fin de semana, el sueño perdido no se puede recuperar»

Lucía Cancela

La noche es más que necesaria. Ángeles Bonmatí lo tiene claro. Es licenciada en biología, investigadora posdoctoral en el Ciber de Fragilidad y Envejecimiento Saludable (Ciberfes), y en el laboratorio de cronobiología de la Universidad de Murcia. Asegura que el sueño afecta directamente a la salud, tanto física como mental, y en esto tiene mucho que ver la luz solar. ¿Hasta qué punto condiciona el día a día?

—¿De qué hablamos cuando hablamos de reloj interno?

—Es el sistema que rige en nuestro organismo los cambios fisiológicos que se producen a lo largo del día. Nuestra fisiología no siempre es igual, sino que van surgiendo variaciones relacionadas con los cambios ambientales del día y de la noche. Estos ritmos se conocen como los ritmos circadianos, porque tienen un período parecido a las 24 horas, y son regulados por un mecanismo que se conoce como reloj circadiano o central. Está situado en el núcleo supraquiasmático, una zona de poquitas neuronas del hipotálamo en el cerebro que funcionan de manera sincronizada emitiendo señales al resto del organismo a través de neurotransmisores y de hormonas, como puede ser la melatonina, que se segrega por la glándula pineal y recibe información de este reloj central. Además, también tenemos osciladores periféricos en casi todos los órganos y tejidos del organismo, que son a su vez, los que acaban generando esos ritmos.

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Laura Inés Miyara
Laura Inés Miyara
Laura Inés Miyara

Redactora de La Voz de La Salud, periodista y escritora de Rosario, Argentina. Estudié Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y en el 2019 me trasladé a España gracias a una beca para realizar el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual de La Voz de Galicia. Mi misión es difundir y promover la salud mental, luchando contra la estigmatización de los trastornos y la psicoterapia, y creando recursos de fácil acceso para aliviar a las personas en momentos difíciles.

Redactora de La Voz de La Salud, periodista y escritora de Rosario, Argentina. Estudié Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y en el 2019 me trasladé a España gracias a una beca para realizar el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual de La Voz de Galicia. Mi misión es difundir y promover la salud mental, luchando contra la estigmatización de los trastornos y la psicoterapia, y creando recursos de fácil acceso para aliviar a las personas en momentos difíciles.