Pandemia, guerra y crisis económica: nuestra salud mental dice basta

Uxía Rodríguez Diez
UXÍA RODRÍGUEZ LA VOZ DE LA SALUD

SALUD MENTAL

Cuando el estrés es crónico se va produciendo una desregulación psicobiológica que puede conducir a múltiples problemas de salud físicos y mentales
Cuando el estrés es crónico se va produciendo una desregulación psicobiológica que puede conducir a múltiples problemas de salud físicos y mentales LA VOZ DE LA SALUD

Si una persona está sometida a un estrés constante está más activada de lo normal. Esta sobreactivación conduce a presentar mayores niveles de ansiedad, de irritabilidad y de ira. Si la situación se mantiene, pueden aparecer síntomas de depresión como resultado del cansancio emocional

06 abr 2022 . Actualizado a las 20:25 h.

«No quiero jugar más a vivir momentos históricos», esta frase acompañada de la imagen de una niña arrancándose literalmente los pelos corrió como la pólvora hace unas semanas por el mundo paralelo de internet. Quizás tú también te hayas sentido identificado. Las redes poniendo su toque de humor a lo que no deja de ser un encadenamiento de situaciones estresantes para todos. Crisis económica, pandemia mundial, guerra, desabastecimiento, la sombra de un desastre nuclear, subida generalizada de precios y otra vez colas, esta vez, hasta en las gasolineras.

¿Cómo nos puede afectar mentalmente esta nueva situación de incertidumbre teniendo en cuenta lo que acabamos de pasar? «Estamos viviendo una época que enlaza numerosas crisis sistémicas empezando por la crisis económica del 2008 con la amenaza de un colapso de los ecosistemas y ahora de una guerra nuclear. Lo que parecía un motivo de estrés agudo parece estarse convirtiendo en una sucesión de motivos de estrés crónicos», analiza Carlos Losada López, psicólogo clínico y vocal de la Sección de Psicoloxía e Saúde del Colexio Oficial de Psicoloxía de Galicia.

¿Qué es el estrés crónico? Las personas estamos equipadas para responder biológicamente a eventos estresantes agudos, y pasado un tiempo, recuperar la normalidad, la homeostasis. Cuando el estrés es crónico se va produciendo una desregulación psicobiológica que puede conducir a múltiples problemas de salud físicos y mentales. El estrés crónico produce un enorme desgaste, pudiendo provocar desajustes en muchos subsistemas biológicos.

Lo cierto es que justo cuando estábamos viendo la luz al final del largo túnel de la pandemia de covid-19, el mundo volvió a sobrecogerse con el estallido de la guerra en Ucrania. Han pasado 40 días desde que comenzara la contienda tras el ataque ruso en territorio ucraniano. Cuarenta días de duras imágenes y de un incesante número de refugiados escapando de su país. «La incertidumbre acerca del futuro, la sobreinformación, la falta de control y un exceso de empatía con las víctimas son factores que influyen directamente en las personas que vivimos la guerra desde la distancia. La población de mayor edad, que ha vivido circunstancias similares (otras guerras, posguerra, crisis económicas...), podrá relativizar la situación y contará con más herramientas para gestionar emocionalmente y a nivel práctico la situación actual. Un grupo de edad que se verá especialmente impactado, sobre todo a nivel emocional, serán las personas de entre 30 y 40 años ya que, además de afectarles directamente, si tienen hijos o se plantean tenerlos, se preocuparán por ellos, "por el mundo en el que les ha tocado vivir". Es posible que esta nueva situación aumente el desgaste general de la población», asegura la psiquiatra Julia Cambra

La experta pone el foco también en los niños y adolescentes, sobre todo, porque hoy en día «tienen acceso a imágenes e información muy cruda y casi en directo de lo que está sucediendo, muchas veces con violencia explícita. Habrá que evitar exponerles a imágenes impactantes y prestar atención a sus conductas y reacciones, sobre todo con los niños de menor edad. Con los adolescentes esta limitación de la exposición será más difícil; preguntarles por lo que saben o lo que ven, cómo se sienten al respecto y las dudas que les puedan surgir mediante una escucha activa les ayudará a sentirse menos confusos y más seguros».

Ante este tipo de situaciones, cuentan mucho los recursos que cada uno tenga para enfrentarse a los momentos de adversidad y tensión. La psiquiatra Julia Cambra explica que «habrá personas que sufrirán mucho e incluso podrán presentar síntomas como ansiedad, insomnio o cefaleas, mientras que los individuos de mayor resiliencia conseguirán hacer frente a estas informaciones de manera más adaptativa. Lo importante es que cada persona conozca sus propios límites y actúe en consecuencia, priorizando su "autoprotección y autocuidado"».

«La resiliencia no es una característica individual, es un proceso que surge en las relaciones de ayuda y apoyo mutuo. Y hay problemas que no se pueden relativizar. Nos toca pasarlo mal y nos toca hacer algo al respecto» asegura el psicólogo Carlos Losada, algo con lo que concuerda Cambra: «Durante los primeros meses de pandemia se habló mucho de que la población se volvería más resiliente, pero finalmente se ha visto que no ha sido como se pensó inicialmente. En este caso, puede ayudarnos a relativizar los problemas y a practicar el agradecimiento por nuestra situación, aunque nuevamente no podemos hablar en general ya que los factores individuales tienen mayor peso».

El llamado «doomscrolling» se puso de moda con la pandemia, es esa adicción a consumir información negativa, ¿dónde está el límite? «Son formas de afrontar la incertidumbre. Si te sienta mal el exceso de información quizá sea mejor limitarla y practicar la desconexión digital», aconseja el especialista.

¿Qué podemos hacer para sobrellevar de nuevo esta situación estresante lo mejor posible? «Cuidar lo básico, alimentación, descanso, ejercicio y relaciones sociales gratas. En la medida de lo posible posicionarse desde la generosidad y la ayuda al otro. Parece que hemos olvidado que en los peores momentos de la pandemia fue eso lo que nos ayudó», dice el psicólogo.

Julia Cambra recuerda la importancia de ser solidarios y generosos puesto que eso nos hace sentir mejor con nosotros mismo y las emociones positivas podrán ayudar a contrarrestar el sufrimiento. Además, es importante «mantener nuestras rutinas habituales (laborales, académicas, ocio, entretenimiento...); expresar nuestras emociones y hablar con nuestro círculo cercano sobre esta situación, intercambiando vivencias y mecanismos de afrontamiento y, muy importante, si sientes que la situación te está afectando en exceso, repercutiendo en tu estado de ánimo y en tus actividades habituales de manera prolongada en el tiempo, pedir ayuda profesional».

Estrés y emociones negativas

Si una persona está sometida a un estrés constante está más activada de lo normal. Esta sobreactivación conduce a presentar mayores niveles de ansiedad, de irritabilidad y de ira. Si la situación se mantiene, pueden aparecer síntomas de depresión como resultado del cansancio emocional. También esta sobreactivación está relacionada con nuestro cuerpo, es decir, tiene un aspecto fisiológico. La situación continuada de estrés hace que tengamos que gastar más energía, actuar más rápidamente o descansar menos lo que, a la larga, acarreará también problemas físicos. Por ello, tras un período de tiempo en el que hemos estado sometidos a este estrés que ha agotado probablemente todas nuestras fuerzas, es necesario descansar para recuperarnos y volver así a una situación más calmada y que nos exija menos esfuerzo.

El ataque de pánico se puede manifestar con sudores, taquicardias, mareos o sensación de ahogo.

Ataques de pánico: «Hay personas que acuden a urgencias hasta quince veces pensando que es un infarto»

Lucía Cancela

Sudoración, taquicardia, inestabilidad. Un pitido de fondo, dificultad para respirar. Y todo esto, una vez estás en el supermercado o un centro comercial, en tu puesto de trabajo o conduciendo en el coche. Así describen un ataque de pánico aquellos que lo han padecido alguna vez. No hay un peligro que derive en ese miedo, ni una razón específica que lo explique. El ataque de pánico, o crisis de ansiedad, no pide permiso. Aparece repentinamente dejando al afectado sin posibilidades: sí o sí se tiene que calmar. 

Quién no lo ha conocido previamente, o al menos no le ha buscado solución, puede sentir que la muerte está a la vuelta de la esquina. Nada más lejos de la realidad: este trastorno no tiene riesgo, al menos, en principio, aunque el paciente así lo viva. «He tenido en consulta alguna persona que ha acudido a urgencias hasta quince veces porque pensaba que estaba teniendo un infarto», explica el doctor Óscar Taboada, miembro de la Asociación Gallega de Psiquiatría, que continua: «El individuo siente que se le va la vida de verdad».

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Uxía Rodríguez Diez
Uxía Rodríguez Diez
Uxía Rodríguez Diez

A Rúa, Ourense (1986). Coordinadora de La Voz de la Salud con una misión, que todos nos cuidemos más y mejor. La pandemia de covid-19 no solo la viví, también la conté en La Voz de Galicia. Mucho antes de todo esto trabajé en Vtelevisión durante casi una década como redactora, reportera y presentadora. Allí dirigí y presenté el programa Sana sana, sobre sanidad, bienestar y nutrición.

A Rúa, Ourense (1986). Coordinadora de La Voz de la Salud con una misión, que todos nos cuidemos más y mejor. La pandemia de covid-19 no solo la viví, también la conté en La Voz de Galicia. Mucho antes de todo esto trabajé en Vtelevisión durante casi una década como redactora, reportera y presentadora. Allí dirigí y presenté el programa Sana sana, sobre sanidad, bienestar y nutrición.