Síndrome de intestino irritable, un dolor incomprendido que también padecieron Kurt Cobain, MariIyn Monroe o Kennedy

ENFERMEDADES

La Voz de la Salud

Se trata de una dolencia muy frecuente, difícil de diagnosticar, crónica y muy relacionada con el estrés psicológico, la ansiedad y la depresión

04 feb 2022 . Actualizado a las 10:57 h.

En 1993, el líder del grupo Nirvana, Kurt Cobain, relataba en una entrevista pocos meses antes de quitarse la vida cómo le condicionaban sus problemas intestinales en su día a día, atiborrándose a antiinflamatorios y otros medicamentos sin éxito hasta el punto de, en sus propias palabras, «no querer vivir más». «Síndrome de intestino irritable», decía: «Es el término que usan los doctores cuándo no saben qué tienes; es algo crónico y psicosomático relacionado con el sistema nervioso, que no pueden arreglar y que afecta a millones de personas alrededor del mundo».

 

Lo cierto es que en estas impactantes palabras se recoge el sufrimiento que pueden llegar a padecer estas personas, así como la importancia de no minimizar un problema que, a veces, no se presenta ante la sociedad como lo que es, una enfermedad, y por la que muchas veces, al igual que Kurt Cobain, los pacientes sienten una profunda incomprensión. Incluso ante los propios médicos que los tratan. En positivo, hay que decir que, aunque aún quedan muchos interrogantes sobre este síndrome y a falta de un tratamiento curativo, es un mundo claramente en expansión y de actualidad sobre el que existe bastante más información que hace treinta años.

 ¿Qué es el síndrome de intestino irritable (SII)?

Como relataba Cobain, no estamos ante una afección inusual, si no ante una dolencia muy frecuente, crónica, más prevalente en mujeres y que, generalmente, se inicia a una edad joven. Afecta entre al 10 y al 15 % de la población mundial y se engloba dentro los llamados «trastornos funcionales digestivos», caracterizados por síntomas de las esfera gastrointestinal que impactan en la vida del que los padece sin otras causas que los justifiquen.

Definir los criterios que determinan este síndrome ha sido una tarea ardua en las últimas décadas, por la que los médicos más expertos en la materia se han reunido desde el 1989 hasta en cuatro ocasiones en la capital de Italia para establecer y revisar los conocidos como «Criterios de Roma», definiendo esta enfermedad como aquella que presenta dolor abdominal recurrente, al menos una vez a la semana durante más de tres meses, acompañado de alteración en el hábito deposicional, estableciéndose subtipos en los que predomina el estreñimiento, la diarrea e incluso en los que se produzcan ambas situaciones.

Cabe señalar que estos síntomas se suelen presentar de una manera fluctuante a lo largo del tiempo, alternándose épocas de mayor intensidad con otras más suaves -o incluso asintomáticas- y pudiendo acompañarse con frecuencia de otros síntomas como hinchazón abdominal, sensación de saciedad precoz o náuseas.

 Pero, ¿seguro que tengo síndrome de intestino irritable?

Esta es una de las claves del asunto. El malestar perseverante que pueden llegar a sentir estos pacientes, unido a la dificultad de lograr un tratamiento completamente eficaz y duradero, así como la sensación de impotencia tras someterse a numerosas pruebas sin resultados que justifiquen sus problemas, puede generar un sentimiento de hartazgo que derive en un desencanto con el sistema sanitario o que erosione la relación entre el médico y el paciente. Pero no debemos olvidar que, si bien no es un diagnóstico de exclusión, en ocasiones se deben descartar otras posibles causas antes. Especialmente si hay síntomas de alarma como una pérdida de peso marcada en poco tiempo, la presencia de sangre en las heces, que el cambio de hábito deposicional sea muy brusco o una edad de inicio superior a los 50 años.

Para esto se precisa una historia clínica y una exploración física detallada por parte de un especialista y, quizá, requerir de la realización de pruebas complementarias que pueden ir desde simples analíticas a otras más invasivas como una colonoscopia. Por eso, un aspecto esencial consiste en transmitir adecuadamente la información por parte del médico, que facilite una relación fluida y el entendimiento del plan a seguir junto con el paciente, así como explicar que todo ello puede necesitar un tiempo relativamente prolongado.

 ¿Por qué se produce esta enfermedad?

 Rara vez un problema complejo se explica por una única causa y menos aún si, a pesar de enfrentarnos tantas veces a él, sigue sin estar claro el motivo que lo provoca. Y esto es lo que ocurre con el síndrome de intestino irritable. Se conocen muchos factores que pueden contribuír al mismo, pero es difícil saber cuánto peso atribuir a cada uno de ellos. Sabemos que en estos pacientes hay una hipersensibilidad intestinal, así como una alteración de la microbiota, es decir en las bacterias que tenemos de forma normal en nuestro intestino y que son indispensables para el correcto funcionamiento de nuestro aparato digestivo. Para explicar esto está, por un lado, la teoría del eje cerebro-intestino. Es decir, que desde un origen nervioso se generen una serie de cambios a nivel intestinal que acaben produciendo una alteración en la sensibilidad y la movilidad de nuestro intestino, provocando los síntomas característicos de la enfermedad. Y por otro está la teoría intestinal, que atribuye directamente a que algún causante - ya sea una infección, la dieta, fármacos o enfermedades- genere las alteraciones mencionadas. No son teorías excluyentes; ambas pueden coexistir e influir entre ellas de tal manera que si, por ejemplo, tras una infección intestinal existe un contexto de estrés psicológico, puede favorecer a que de forma crónica aparezcan síntomas en forma de dolor, hinchazón y / o alteraciones en el hábito deposicional.

 Entonces, ¿estoy loco?

Nada más lejos de la realidad, las personas con SII padecen los síntomas de forma totalmente real y, como hemos dicho previamente, pueden condicionar mucho su vida diaria e incluso llevar al absentismo laboral. Sin embargo, no es infrecuente escuchar en las consultas la frase «pero doctor, yo no estoy loco”» En una época dónde nos estamos dando cuenta de la importancia de la salud mental, que una enfermedad pueda tener un origen nervioso no debe sorprendernos y, menos aún, estigmatizarnos. Está demostrado que pacientes con estrés psicológico, ansiedad o trastornos depresivos desarrollan con más frecuencia SII, apoyando la teoría del intestino como «segundo cerebro», manifestando a nivel digestivo problemas de origen nervioso. De forma similar, se han descrito otras enfermedades que podrían tener un mecanismo similar como la fibromialgia o la fatiga crónica y que, además, se relacionan frecuentemente con el síndrome de intestino irritable.

 ¿Qué opciones de tratamiento hay?

El objetivo principal será el control de los síntomas cuando estos estén presentes. De tal manera que si hay dolor utilizaremos fármacos que puedan aliviarlo, como los famosos Spacmoctyl o Duspatalin entre otros, que disminuirán los espasmos intestinales. Cuando predomine el estreñimiento, priorizaremos medidas que nos ayuden a evitarlo, como la actividad física, hidratación abundante y, si es necesario, diversos tipos de laxantes o incluso enemas si se precisase. Si predominase la diarrea, se podrían utilizar antidiarreicos como la loperamida (Fortasec) y en caso de hinchazón abdominal podríamos utilizar procinéticos como el Cidine o el Motilium.

Como vemos, si bien no hay un tratamiento curativo, debemos saber que las posibilidades terapéuticas que tenemos para aliviar los síntomas y hacer más llevadera la enfermedad son muy amplias. Debemos estar bajo la supervisión de un especialista para que nos indique cuáles son las mejores opciones en cada momento y a qué dosis utilizarlas.

 ¿Influye la dieta? ¿Cuál sería la más recomendable?

 Este es otro de los puntos relevantes. Los estudios nos dicen que de las personas que padecen SII relacionan hasta en un 84 % de los casos sus síntomas con la toma de algún tipo de alimento, y que, hasta un 60 %, comienzan a restringir alimentos en su dieta sin ningún tipo de consejo o seguimiento médico. Por ejemplo, alimentos que contengan lactosa o gluten, lo cual si bien puede ser acertado en algunas ocasiones, en otras nos puede llegar a confundir y malinterpretar lo que realmente deberíamos restringir y lo que no. Hacerlo de manera pautada y siguiendo un plan nos ayudará a identificar con más probabilidad cuáles son los tipos de alimentos que peor toleramos.

Ante el SII, las primeras medidas que se recomiendan consisten en seguir un patrón regular de alimentación, realizando cinco o seis comidas, limitar el alcohol, la cafeína, las especias, los alimentos con abundante cantidad de grasa y distribuir la fibra a lo largo del día. Si con este tipo de medidas no es suficiente, es cuando entra en juego una dieta específica. Hoy en día se han popularizado múchas y muy diferentes, que la gente utiliza con diferentes objetivos, ya sea perder peso o definir musculatura, pero un muchas ocasiones también buscando aliviar los síntomas del síndrome de intestino irritable. Sin embargo, la única que se ha demostrado eficaz científicamente en el SII es la dieta baja en FODMAPS.

Alimentos no permitidos por su alto contenido en FODMAP.
La Voz de la Salud

Se entiende como dieta pobre en FODMAPS aquella con bajo contenido de oligosacáridos fermentables, o dicho de otra manera, en alimentos productores de gran cantidad de gas a la hora de ser digeridos en el intestino, favoreciendo la distensión abdominal y por tanto la aparición de síntomas. Varios estudios han demostrado su eficacia especialmente en aquellos pacientes en los que predomina la diarrea y la hinchazon abdominal. Entre estos alimentos se encuentran frutas como la manzana o la pera, algunas legumbres, productos con lactosa, el ajo o el trigo. Generalmente, la forma de abordar esta dieta es en dos pasos, una primera fase muy restrictiva de 4 a 8 semanas donde se eliminan todos estos alimentos y, posteriormente, una fase más llevadera en la que se van introduciendo comidas para identificar cuáles son las que toleramos mejor y cuáles peor. Hay que decir que esta dieta puede ser bastante restrictiva y, si no se sustituyen los alimentos por otros de forma adecuada, se pueden producir déficits nutricionales de calcio o fibra, por lo que es importante que esté controlada por un experto en nutrición.

Alimentos permitidos en una dieta baja en FOPDMAP.
La Voz de la Salud

En la biografía de Clark Gable, el actor desvelaba que otro mito de la historia del cine, Marilyn Monroe, padecía lo que hoy se denomina síndrome de intestino irritable, acusándola -en términos bastante más peyorativos- de ser poco higiénica, comer en la cama a deshora y de tener una tendencia desmesurada a las flatulencias. Si bien, lo que al actor de «Lo que el viento se llevó» -sin caer en la broma fácil- le parecía tan desagradable, no parecía importarle al amante más famoso de la actriz, el presidente de los Estados Unidos John Fitzgerald Kennedy, también padecedor de numerosos problemas intestinales a lo largo de su vida, especialmente una tendencia a la diarrea que incluso requirió algún ingreso hospitalario, sin lograr hallar nunca un diagnóstico claro y que no sería nada descartable que coincidiera con el de su compañera. Y como ellos, millones de hombres y mujeres más en el mundo comparten este síndrome en la actualidad, al cuál debe darse la visibilidad y la importancia acorde a la dimensión del problema, tanto por el número de afectos, como por la limitación que puede llegar a ocasionar a muchas personas. Y, sobre todo, debemos comprender y no minusvalorar a los que la padecen. Tanto desde la sociedad cómo desde del mundo sanitario.

Conclusiones:

 - El síndrome del intestino irritable es un trastorno funcional digestivo crónico, muy frecuente, y de comienzo generalmente a edad joven, fluctuante en la intensidad y aparición de los síntomas.

 - Se define según los criterios de Roma, como la presencia de dolor abdominal recurrente, al menos una vez a la semana en los últimos tres meses, asociado a alteración en el hábito deposicional.

 - El diagnóstico puede requerir tiempo y descartar otras entidades antes, especialmente si hay síntomas de alarma, como la presencia de sangre en heces, perdida de peso significativa, aparición a una edad tardía o un cambio muy brusco en el hábito deposcional.

 - Se ha demostrado que pacientes con estrés psicológico, ansiedad o trastornos depresivos tienen más tendencia a padecer este síndrome lo que sugiere un probable componente de origen nervioso, aunque otras causas que afecten directamente al intestino también puede provocarlo.

 - El tratamiento estará enfocado al control sintomático, existiendo una amplia gama de opciones terapéuticas para aliviar los síntomas. No existe un tratamiento curativo.

 - Los síntomas se relacionan frecuentemente con la ingesta de alimentos, por lo que tener hábitos dietéticos saludables es esencial en estos pacientes. La dieta baja en FODMAPS puede ser eficaz, pero debe ser dirigida por un experto en nutrición.

Roi Ribera Sánchez
Roi Ribera Sánchez
Roi Ribera Sánchez

Nacido en 1988, Roi Ribera es licenciado en Medicina por la Universidad de Santiago de Compostela. Especializado primero en Nefrologia en A Coruña y actualmente en Aparato Digestivo en el Hospital Son Llátzer de Mallorca. Interesado en acercar la medicina de una forma amena.

Nacido en 1988, Roi Ribera es licenciado en Medicina por la Universidad de Santiago de Compostela. Especializado primero en Nefrologia en A Coruña y actualmente en Aparato Digestivo en el Hospital Son Llátzer de Mallorca. Interesado en acercar la medicina de una forma amena.