Rutina facial: dime qué tipo de piel tienes y te diré qué productos necesitas

Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez LA VOZ DE LA SALUD

VIDA SALUDABLE

La Voz de la Salud

Te contamos cómo debe de ser, tanto de día como de noche, y qué activos serían los más adecuados para tu tipo de piel

24 feb 2022 . Actualizado a las 18:03 h.

La piel es un órgano más de nuestro cuerpo, como el corazón o los pulmones. Como particularidad, es el único que está expuesto al exterior, y así nos protege de bacterias, agentes externos o cambios de temperatura. Incluso llega a eliminar algunos residuos que nuestro cuerpo no necesita. Al igual que el pelo y las uñas, es un reflejo de nuestra salud. Su estado puede avisarnos de posibles enfermedades, con la aparición de manchas, granos, cambios de color y textura. Y por si todo esto fuese poco, se encarga de sintetizar vitamina D a través de la radiación solar, una de las sustancias que necesita nuestro cuerpo para mantenerse sano. 

Por todas estas razones, el cuidado de la piel resulta fundamental. Concretamente hoy nos centraremos en una de las más sensibles: la del rostro. Para cuidarla correctamente, con productos y activos adecuados en la rutina facial, lo primero que debemos saber es qué tipo de piel tenemos.

Cómo saber qué tipo de piel tengo

«Es fundamental conocer nuestra piel, pues sabiéndolo, tendremos claro el objetivo a tratar. Es lo primero que debemos definir cuando queremos establecer un cuidado facial», expone Clara Fernández (@holisticmango), farmacéutica y nutricionista. «Existen cinco tipos de piel: grasa, mixta, normal, seca y sensible. Podemos identificar cuál es el nuestro en función de la producción de grasa, tamaño del poro, tono de la piel, tacto y aspecto. Por ejemplo, la piel grasa suele verse con más poro y más flacidez a largo plazo, la piel normal tiende a deshidratarse, una piel seca la vemos con más arrugas y falta de grasa, y una piel sensible tiende a enrojecerse con facilidad», añade. 

Berta García (@befarmacos), también farmacéutica, nutricionista y especialista en dermocosmética, aporta un consejo que nos puede ayudar a identificar qué tipo de piel tenemos: «Después de la higiene facial por la mañana, no aplicar nada y esperar una hora. Las pieles secas al poco tiempo sienten incomodidad, tirantez... necesitan un sérum y crema con urgencia. Las grasas tienen la zona central del rostro, sobre todo, con una capa brillante por el sebo producido; mientras que las normales están «cómodas», ni con sensación de tirantez ni de grasa, y podrían estar así todo el día». 

No obstante, Fernández precisa que hay que tener en cuenta que la piel puede pasar por diferentes estados temporales, como «deshidratación, luminosidad, rojeces, líneas de expresión y arrugas profundas, falta de firmeza, manchas, piel engrosada o poros dilatados». 

Rutina facial según el tipo de piel

Ya conociendo qué tipo de piel tenemos, podemos proceder a su adecuado cuidado. «Hay como una especie de rutina facial común para todo tipo de pieles: limpieza, tónico, contorno, sérum, crema y factor solar. Existen diferencias en cuanto a texturas o activos, aunque hay algunos que sirven para cualquier tipo de piel. Pero las necesidades que son esenciales como la limpieza, hidratación y factor solar, lo son para todo tipo de rutinas, ya sea una piel seca o grasa», indica Yaiza Bouzas (@gutbrainskin), farmacéutica experta en dermofarmacia. De esta forma, todas las pieles necesitan activos hidratantes que fortalezcan la función de barrera epidérmica, como pueden ser el ácido hialurónico, glicerina, pantenol, ceramidas, niacinamida. 

Algo con lo que coincide García: «La rutina facial siempre debe ajustarse a las necesidades de nuestra piel en cada momento. La elección de activos cosméticos, es decir, ingredientes con actividad, se hace sobre todo en función del objetivo que persigamos con nuestra rutina. Ya sea despigmentante, antiacné, antienvejecimiento o calmante, por poner ejemplos». 

El orden de los pasos sí que altera el resultado, aunque tampoco resulta imprescindible la aplicación de todos los productos. «Lo basamos en la cosmeticidad o densidad de los mismos. Tiene su lógica porque vamos de productos ligeros a un poco más densos. No tendría sentido poner una crema con manteca y luego un sérum acuoso porque no penetraría en la piel. Establecemos un orden para que la rutina tenga una mayor eficacia pasando de texturas que sean más ligeras a otras que sean más densas», amplía Bouzas.

Teniendo el cuenta el pH de los productos, García indica que primero irían los más ácidos (como la vitamina C), y después los de un pH más alto (por ejemplo, el ácido hialurónico). 

¿Sería diferente la rutina por la noche que por el día? Podría ser la misma, a excepción, obviamente, del fotoprotector. «Por la mañana siempre añadiremos como último paso un protector solar de 50 SPF», aconseja Fernández, y añade que «los pasos que difieren en la de día y de noche son los tratamientos, es decir, el sérum o ampolla. La rutina de mañana tiene un carácter protector o preventivo. Utilizaremos activos antioxidantes, como la vitamina C, la E, ácido ferúlico, niacinamida... Que protegen el colágeno de la piel ya que evitan el daño que se produce por los radicales libres que provienen del humo del tabaco o contaminación, entre otros. Además, dan luminosidad y unifican el tono». 

En un rutina facial de día debe incluirse el protector solar.
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Por la noche se optaría por «activos reparadores o más potentes como el retinol, por ejemplo», indica García. «También es recomendable realizar una doble limpieza. Se utiliza primero un limpiador con base oleosa, ya sea un aceite o bálsamo, se aclara y se aplica otro de base acuosa, como un gel o espuma. De este modo se retiran de la piel restos de la rutina facial de día, el fotoprotector, el sebo, el sudor y la suciedad ambiental. En una piel limpia los cosméticos se absorben mejor, con lo que aumenta la eficacia de la rutina cosmética», añade. 

En una rutina facial de noche se recomienda hacer una doble limpieza: primero con un limpiador en base oleosa y después otro de base acuosa.
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¿Una doble limpieza con base oleosa para pieles grasas? La respuesta es que sí. «Para este tipo de pieles utilizar limpiadores oleosos a veces les chirría un poco. Tiene su sentido porque se pueden buscar productos que sean específicos para ese tipo de pieles sin que sean comedogénicos (que produce imperfecciones como puntos negros y espinillas) ni produzcan acné. En estos casos también ayuda porque elimina la grasa y exceso de sebo que produce nuestra piel. Es necesario que nuestra piel tenga sebo, pero ese exceso que no queremos también nos lo ayuda a eliminar ese limpiador en formato oleoso. Este paso es un antes y un después en la rutina sin duda», aclara Bouzas. 

Ingredientes o activos clave según nuestro objetivo 

«Más que el tipo de piel son los activos cosméticos que se eligen en función del objetivo de la rutina», precisa García. «De forma general, a las pieles grasas (que con frecuencia presentan acné, puntos negros) les va bien la niacinamida, el ácido azelaico, el ácido salicílico y el ácido hialurónico. Las pieles secas disfrutan de ceramidas, ácido hialurónico, aceites vegetales (como argán, almendras, jojoba), glicerina, colesterol. Y si se trata de activos antiedad, los péptidos, factores de crecimiento o despigmentantes, se adaptan a todas las rutinas», explica la farmacéutica García. 

«Si la piel es sensible ya me iría a activos como ceramidas, que sean emolientes en el rostro. O la centella, que también está muy de moda. En este caso siempre se deben buscar activos que hidraten y sean emolientes como ácidos grasos o colesteroles. El ácido hialurónico más que restaurar, hidrata, porque no es tan emoliente. Por eso me iría más a ceramidas, colesteroles o centella», considera Bouzas sobre los tipos sensibles. 

¿Y en el caso de que se trate de una piel envejecida? Lo primero a tener en cuenta es el factor solar. Según explica Bouzas, de nada vale aplicar activos antiedad si luego no se utiliza un fotoprotector: «Este tiene que estar sí o sí en todas las rutinas, pero en pieles envejecidas, aún más, porque el sol es uno de lo factores que nos provoca arrugas. No tienen sentido esas rutinas con sérums de precios elevados y luego no cuidarse de la exposición solar. Además, no debe olvidarse que también nos protege de otro tipo de patologías».

Si somos principiantes a la hora de crear una rutina facial , debe prestarse atención a los componentes que mezclamos en nuestra piel. «Cuidado con empezar a aplicar a la vez activos potentes en altas concentraciones. Es mucho mejor empezar poco a poco, e ir introduciendo los activos uno a uno para observar posibles reacciones indeseadas», advierte García. Entonces, ¿cuáles no se deberían aplicar a la vez?

«No recomendaría utilizar retinol, AHA's y BHA con la vitamina C, pues se produciría una sobreexfoliación en la piel, irritación y rojez. Lo ideal sería utilizar la vitamina C por la mañana, y los otros activos mencionados por la noche. Tampoco recomendaría utilizar los AHA's y BHA's con retinoides en la misma noche, salvo que estén formulados en el mismo producto, pues corremos el riesgo de sufrir descamación, rojez, irritación, picor… Lo ideal es que los usemos en noches alternas», recomienda Fernández.

Los hidroxiácidos son moléculas ácidas que exfolian la piel. Dentro de ellos se encuentran los alfa hidroxiácidos (también llamados AHA's), los beta hidroxiácidos (conocidos como BHA's) y los polihidroxiácidos (PHA's). Los AHA's podrían ser los ácidos glicónico, málico o láctico. Entre los BHAs, destaca el el ácido salicílico, muy recomendado para piel grasa o con tendencia a puntos negros o acné. 

Unas recomendaciones con las que concuerda García: «Si en un mismo producto se combinan alguno de estos activos no hay problema, el fabricante realizará una fórmula equilibrada en relación a la concentración de cada activo. Además, este tipo de productos son para pieles resistentes o no sensibles, y con ellos debe empezarse poco a poco, una o dos veces por semana». 

Mejores activos según el tipo de piel: 

  • Piel grasa: niacinamida, ácido zelaico, ácido salicílico, ácido hialurónico. 
  • Piel seca: ceramidas, ácido hialurónico, aceites vegetales (como argán, almendras o jojoba), glicerina, colesterol. 
  • Piel sensible: ceramidas, centella, colesteroles. 
  • Piel envejecida: péptidos, factores de crecimiento o despigmentantes, sin olvidar el protector solar. 

¿Un producto cosmético más caro quiere decir que es mejor?

«Lo más caro no es siempre lo mejor, en muchas ocasiones se paga la marca, pero también hay que tener en cuenta la estabilidad de la fórmula y el origen de los activos. Por ejemplo, no todas las vitaminas C son iguales. Hoy en día hay un auge en el mundo de la cosmética y hay marcas muy asequibles con un precio competitivo, muy buena relación calidad-precio. No es el sota, caballo, rey de hace cinco años», recalca García.

En palabras de Bouzas, existirían dos razones que encarecen el coste de una crema o sérum, pero ninguna de las dos coincide con una posible mejor formulación: «El primero es que resulta complicado hacer una crema con buena cosmeticidad. Cuando un laboratorio invierte tiempo y dinero en mejorar la textura, el olor y toda la cosmeticidad de un producto, eso encarece, claro. Y la otra razón es el márketing que pueda tener. Todas las acciones en redes sociales o anuncios, aumenta el coste. Creo que hay que saber comprar. Cuando un sérum, por ejemplo, cuesta mucho dinero, hay que mirar bien los activos porque muchas veces lo que estás pagando no es una mejor calidad. Además que ahora hay muchas marcas low cost que aunque en cosmeticidad no son las mejores, la función, que es lo que nos interesa, la cumple». 

Existe una cierta creencia popular a que se debe cambiar de crema cada cierto tiempo para que la piel no se «habitúe» a ella. ¿Es cierto? Fernández aclara que se trata de un falso mito: «La piel no se acostumbra a una crema, sino que es un órgano dinámico. Sus necesidades van variando estacionalmente, con la edad, o con los cambios hormonales. Hay activos que requieren una adaptación para ser tolerados, como el glicólico o el retinol. Y en este caso, la piel sí se "acostumbra" de forma progresiva, y menos mal». 

Mitos sobre las pieles grasas: ni necesitan limpiarse más a menudo, ni menos hidratación 

Es otra de las suposiciones que existen sobre el cuidado facial. ¿Debe una piel grasa limpiarse más a menudo que otra más seca? «Es totalmente falso. Lo que sí es cierto es que hay que limpiarlas con productos adecuados a ese tipo de piel. Pero tampoco deben de ser productos muy astringentes para nuestra piel, porque muchas veces ese es el error. Utilizar productos tan astringentes que, como nuestra piel necesita un mínimo de grasa para protegernos, si se la quitamos toda lo que sucede es un efecto rebote: tiende a expulsar más grasa. Son pieles que se quedan muy deshidratadas», recalca Bouzas. 

En cuanto a la hidratación, este tipo de pieles pueden optar por otro tipo de texturas más ligeras como una crema en gel o un sérum. 

No existen diferencias entre las rutinas masculina y la femenina

«No hay cosmética masculina o femenina, es una cuestión de necesidades, gustos y objetivos de la rutina», afirma García. «La piel masculina es, en general, más gruesa y más resistente que la femenina, tiene más vello facial… pero los patrones de la rutina y activos cosméticos que pueden utilizarse son exactamente iguales. Limpieza, hidratación y fotoprotección son de nuevo la base por la que empezar», añade. 

Una opinión con la que concuerda Fernández: «Las rutinas del hombre y la mujer no se diferencian en cuanto a pasos a seguir. Si bien es cierto que el hombre suele apostar por productos multifunción, pues es más partidario de seguir rutinas minimalistas. Más allá de las estrategias de márketing y los cambios para hacer los cosméticos más atractivos al sector masculino, los hombres no necesitan utilizar cosméticos específicos, ya que su cuidado involucra elementos muy similares a los del cuidado de la mujer».

Entre los cambios en esa estrategia de márketing, la farmacéutica apunta a los orientados al enfoque de producto en cuanto al packaging, mensaje al consumidor, texturas o perfumes. «Normalmente destacan los envases minimalistas y en tonos oscuros. También cambia el mensaje de comunicación, en muchas ocasiones impregnado con lo que se conoce como “fenómeno de hipermasculinidad”. Suelen presentar menos perfume añadido, y las texturas son más ligeras». 

¿También se podría plantear una rutina facial enfocada al tratamiento de envejecimiento cutáneo para el sector masculino? La respuesta es que sí. «Se puede plantear desde dos puntos de vista: rutina con carácter preventivo, en la que nos centramos en prevenir la degradación del colágeno, o una rutina transformadora, orientada a estimular la síntesis de colágeno en la piel ya envejecida», señala Fernández.   

Cómo ser constante con la rutina facial

Sucede bastante a menudo. Queremos empezar a cuidar nuestra piel, pero no somos constantes con esta rutina. Por eso, es importante crear un hábito, tanto por las mañanas como por las noches, para que se convierta en una acción más de nuestro día a día. 

«No es solo estética, hay patologías cutáneas como el acné, la rosácea, la psoriasis, que necesitan unos cuidados cosméticos específicos. Además, el uso de fotoprotectores nos protege frente al fotoenvejecimiento (arrugas, manchas), pero también frente al cáncer de piel, su eficacia está más que probada», señala García. Pero no es la única vertiente a la que hace mención: «También es importante el autocuidado, dedicarse un rato, como un acto de amor propio. El cuidado facial puede parecer un poco frívolo, pero a todos nos gusta vernos bien, envejecer de la mejor manera posible. Del mismo modo que cuidamos nuestro cuerpo haciendo deporte, comiendo de manera equilibrada».

Consejos para ser constante con la rutina facial
  • Solicita ayuda profesional. «La clave de la constancia también es ver que los objetivos planteados con la rutina se cumplen, y esto se consigue con un buen asesoramiento por parte de un profesional especialista en dermocosmética, que ajuste la rutina a las necesidades de cada piel», apunta García.
  • Ten presente que se trata de un acto de salud y autocuidado, con el que podrás prevenir la aparición de patologías como acné, manchas, dermatitis, e incluso un melanoma. 
  • Tómalo como un momento de relajación. «Cuando alguien comienza a notarse cambios en la piel, se engancha fácilmente al cuidado diario, pues quiere seguir viendo cómo evoluciona, además de conectar con el autocuidado y que este ritual sirva como momento de relajación», opina Fernández. 
  • No hace falta optar por una rutina muy larga. «Con tres o cuatro pasos se puede tener una piel sana, y son solo cinco minutos por la mañana, y cinco por la noche», señala Bouzas. 
  • Existen productos para todos los bolsillos en el mercado. 
  • Evita dejar la rutina de noche para el momento antes de irte a dormir.  
  • Sé realista, pero nunca es tarde. «Además de ser constante, es importante ser realista con qué se puede esperar y qué no de los cuidados cosméticos. Siempre es mejor prevenir, pero nunca es tarde para empezar a cuidarse. En cinco, diez o quince años tendremos una piel mucho mejor de lo que la tendríamos sin utilizar ningún activo, y quién sabe si habremos evitado el desarrollo de un melanoma con el uso diario del fotoprotector». 

Cinthya Martínez Lorenzo
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Cinthya Martínez Lorenzo

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.